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Historia

Alberto Zapata: volver a ser

A casi dos meses de su accidente, el joven sanjuanino regresó al lugar que más lo hace feliz: la pista de motocross. Entrena a 30 personas entre niños y grandes, y no pierde la ilusión de retomar las competencias. "Se trata de echarle ganas", confiesa.

Por Carla Acosta

La mente brillante de la ciencia Albert Einstein decía que hay "una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica", y es "la voluntad". Esta célebre frase resume perfectamente la vida pos accidente de Alberto Zapata Bacur, más conocido como el "Wey". El joven con gran trayectoria en el motocross nacional e internacional supo imponerse frente a la adversidad con grandes dosis de esfuerzo y espíritu de lucha. A casi dos meses del siniestro, regresó a las pistas como entrenador y mantiene viva las esperanzas -como nunca antes- de volver a ser ese pibe que la rompía con su moto Kawasaki. 

"Estoy muy bien, contento de retomar las clases y volver a la vida normal que tenía. Cuando desperté del accidente deseé que mi vida no cambiara y eso es lo que intento hacer. Estoy agradecido por la confianza de los papás de los chicos. Extrañaba mucho la pista de motocross. Estuve al borde de la muerte, lo que significa que hoy estamos y mañana no sabemos. Sé que tengo que estar activo. Por ahí la gente me dice ´que bajón lo que te pasó´, pero esto se trata de echarle ganas y seguir para adelante. No hay que dejar para mañana lo que se puede hacer hoy", dice el joven de 23 años. 

 

Zapata sufrió el accidente el pasado 15 de noviembre, cuando circulaba por Ruta 40 y perdió el control de su vehículo. Gracias a la intervención de Sofía Moreno, una médica que pasó por el lugar del siniestro y fue la primera en asistirlo, llegó con vida a Urgencias del Hospital Rawson. En el nosocomio estuvo grave y perdió un brazo. Su salud generó infinidades de cadenas de oración y no sólo en Argentina, sino también en Perú, país donde con su talento y carisma supo ganarse muchos corazones. Sobrevivió. A los 5 días despertó e inició el camino hacia la resiliencia.

"Siempre quise seguir con mi rutina diaria de dar clases y entrenar. Hoy estoy haciendo todo igual a cuando tenía el brazo. Claramente no estoy subido a la moto, pero eso vendrá después. Lo que sí, por ejemplo, antes me despertaba a las 6.40 de la mañana para arreglarme. Ahora todo es más lento, tardo 15 minutos más. Es muy poco común esta amputación, me tocó a mí, pero trato de darle para adelante, de ir paso a paso y con muchas ganas y esfuerzo", dice el deportista. 

Su escuelita de motocross inició en agosto cuando se dieron las primeras flexibilizaciones en el deporte tras el brote de coronavirus. Después pasó lo del siniestro y estuvo alejado por un tiempo. En estos días finalmente pudo reactivar los entrenamientos con unas 30 personas entre chicos y grandes, en el predio de ASER y en un circuito que él mismo improvisó en un descampado de La Laja, Albardón. 

"Cada día que pasa se trabaja mejor. Estoy de lunes a viernes, en la tardecita o mañana, cuando los chicos pueden. Mis padres me llevan y traen a todos lados, es un gran ayuda. Con las prácticas lo que hago es enseñar como saltar y caer en los saltos, por ejemplo. No me subo a la moto como quisiera porque no tengo una protección en el hombro, pero me subo para demostrarle o hacer un gesto para que los chicos entiendan y aprendan. Vienen mejorando muchísimo. Y yo feliz, porque es el único lugar donde me siento lleno", dice. 

El motocross lo mantiene ocupado de lunes a lunes. No tiene vida nocturna ni recreaciones. Mucho de esto tiene que ver con el dinero que debe juntar para adquirir la prótesis deportiva. "Me la van a hacer en Córdoba. Posiblemente en febrero viaje a tomarme las medidas. Todo lo que genero lo ahorro, no me tomo ni una coca. Además me están ayudando mucho. El Gobierno, la secretaría de Deportes y toda la gente del ambiente que se mueve con rifas y demás". 

Alberto regresó al lugar que lo hace feliz, pero para que esa felicidad sea completa necesita volver a acelerar, a las competencias y a los podios. No pierde la ilusión de hacerlo a futuro. Dice que en dos semanas la herida ya estará cerrada y será autorizado para retomar los entrenamientos. "Extraño mucho, me cuesta manejar la ansiedad. Permanentemente quiero pienso subirme a la moto. Por ahí me pongo el casco para dar unas vueltas, es algo que me hace bien. Por ahora no me largo con todo porque no tengo protección en el hombro", confiesa. 

Mientras tanto trabaja con el kinesiólogo y psicólogo. Aprovecha también este nuevo rol de entrenador para analizarse. "Estoy concentrándome en los mínimos detalles para cuando vuelva. Estoy enfocado en el equilibro, es algo en lo que trabajo mucho. Calculo que a fines de enero ya podré regresar a las prácticas: a andar en plano, después en curvas y al último intentar algunos saltos. Nada es casualidad, hay mucho trabajo detrás de esto. Son horas y horas de constancia y también esfuerzo", cierra. 

"El haber recibido el apoyo de pilotos reconocidos, de todo San Juan y de cada rincón del país me movilizó mucho". 

 

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