Por Carla Acosta
`Toto´ Brizuela, el jugador Nº12
Su cabeza no para de dar vueltas. Se despierta y se acuesta pensando en la final. Su celular suena a cada rato. Hay mensajes y llamadas de familiares, amigos y gente del club, todos contagiados por la misma ansiedad. En su casa también se habla del decisivo duelo frente a Camioneros, el equipo de Moyano, y confiesa que a veces se escapa de aquellas charlas para `no volverse loco`. No es para menos.
Lo de Alejandro `Toto` Brizuela no es una historia más del ascenso. Es el fiel relato de un muchacho que creció en la popular del estadio Ramón Pablo Rojas y que hoy, a los 34 años, le toca ser capitán y jugador del club de sus amores. De la tribuna a la cancha, con la ilusión de ascender con Peñarol y hacer historia en Chimbas, es el defensor que cumple un rol extra: el de jugador Nº12,
“Pensas a cada rato en la final. Por ejemplo, estoy en la mesa con mi familia y automáticamente sale el tema. Por ahí trato de no hacerme la cabeza e irme. Pero yo sabía que iba a ser así, quería vivirlo, y ahora toca disfrutarlo”, cuenta Alejandro a la salida del entrenamiento, mientras un par de hinchas y curiosos corean su nombre.
`Toto` nació en la Villa San Patricio, a pocos metros de la cancha de Colón Junior. Fue justamente en el club de calle Sargento Cabral donde empezó a dar sus primeros pasos con la redonda, contra su voluntad, claro. Dice que su papá y abuelo eran hinchas del Bohemio y los colores le tiraban, pero por una cuestión de cercanía y por sus amigos fue que arrancó en la escuelita del Merengue.
“Este club me marcó para siempre cuando fui a la inauguración del nuevo estadio, en 1994. Fui con mi abuelo, uno de los hinchas más viejos, y me enamoré, reafirmé el amor por esta camiseta. Me acuerdo que cuando terminó el partido fuimos al bar Velázquez, frente a la plaza de Concepción, con todos los jugadores. Estaba el Beto Acosta, el ídolo de todos, a quien tuve la gracia de conocerlo”, explica.
Pero su sueño de vestir los colores bohemios se hizo realidad cuando Colón y Peñarol cocinaron una especie de truque de jugadores. Tenía 11 años en aquel entonces.
En la Mayor del Bohemio debutó a los 16 años. Regresó a Colón (2004) y también jugó en Trinidad (2007) y Alianza (2009 y 2011), aunque siempre volvió a su primer amor. Brizuela confiesa que jugando para otros equipos no se prohibió de alentar a su club. “He venido a ver partidos a la popular, aunque me gusta también ir a la platea, verlo tranquilo. El año pasado, en un partido decisivo, no aguanté y me fui con mi hijo a la tribuna, con la hinchada. Sentí que debía estar ahí, cantando con los chicos. Fue hermoso”.
Alejandro dice que es especial ser jugador e hincha a la vez, aunque prefiere separar y meterse en la piel del capitán y defensor en esta decisiva etapa. “Dentro de la cancha uno tiene que separar las cosas para no calentarse y reaccionar mal. El hincha siempre está, uno se crió acá, pero hay que jugar con la mente fría”.
Papá de Ignacio y Mía, quienes heredaron la pasión bohemia, Brizuela atraviesa días soñados a sus 34 años. Después de gritar dos veces campeón en el Fútbol Local, ahora está a un paso del ascenso al Federal A, categoría en la que juegan Desamparados y Unión. “Es una responsabilidad. Amo jugar en esta institución, donde estoy gracias a la gente que hizo lo posible para que no me fuera. En mis momentos feos en lo personal y deportivo siempre estuvieron ellos, junto a mi familia, amigos y compañeros. Espero, junto a mis compañeros, devolverles un poco de todo lo que nos dan. El plantel está unido y quiere hacer historia”.