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sábado 4 de abril de 2026

Cuando pase el temblor

Argentina tiene que dejar de lado las turbulencias internas y las que soportó en el vuelo a San Juan para afrontar otro partido crucial: si hoy le gana a Colombia, volverá a zona de clasificación. Y si no...
Por Redacción Tiempo de San Juan

A San Juan, a este paisaje increíble en una posición increíble: sextos en la tabla. ¿Quién lo hubiera dicho? 16 puntos, 11 goles a favor, 12 en contra, cero funcionamiento, el Padrenuestro que estás en los cielos a la orden del día.

Argentina llegó como viene: con turbulencias, mareos, vómitos, la mente que se nubla, los pozos, la caída que parece libre. Quién cierra la puerta de la cabina, quién cierra la espalda de Zabaleta, quién sujeta la valija que se cae, quién agarra a Coutinho. Esos pozos en los que se sacude el avión parecen los mismos en los que suele entrar el equipo. Y la culpa de todo, como siempre que estás ahí, en el baile, es del piloto y la tripulación. ¿Con quién agarrárselas? ¿A quién culpar cuando la cosa se pone fulera? Y ahí está nuestro piloto: Messi. Y sus comandantes tan compinches y el técnico de la aeronave, no olvidar, que seguro no ajustó esa tuerca necesaria. Ellos son las caras visibles, los que van al mando. Porque cuesta entender cómo primero estás tan arriba y después te vas tan abajo. Pero, ojo, no hay que olvidarse de algo: la caja negra. Ese dispositivo que permite analizar los momentos previos a la hecatombe. Qué se hizo, qué no. Y al ver la caja negra de esta Selección podemos encontrar muchas fallas, grandes desperfectos. Y en la caja negra de este vuelo hay un registro: el de los señores dirigentes. Llegamos hasta acá, también, por ellos. Ahí están los jugadores. Quemados. Golpeados. Castigados. Se les mueve el avión, se les mueve el mundo. Bajan del charter, del micro, del Alfa Romeo, siempre con una mochila enorme sobre sus espaldas. Esas tres finales. Tres. No se las sacan nunca. Y ahora, hoy, tienen otra final. Paradoja del destino, enfrente está el último gran hacedor: Pekerman, el tipo que sembró la semilla para que salieran muchos de estos jugadores.

Ojalá hoy despeguemos. Que tengamos un viaje tranquilo. Que Pratto haga los goles que se perdió Higuain. Que aterricemos, que podamos aplaudir al comandante de la aeronave, que vayamos sin escalas al mundial. Ojalá. Estos pibes se lo merecen más que nadie. Pero, ahora, si por una de ésas toca la mala y hoy el viaje sigue complicándose, que en la caja negra al ladito de Masche, en esa foto de la derrota, aparezcan los directivos. Esos que desfilan por los programas hablando de proyectos y se pelean por los días y horarios de los partidos, no ceden jugadores y después hablan de trabajo serio. Porque mientras sacan empates 38 a 38, el fútbol argentino sigue perdiendo.

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