Gran parte de sus conocimientos, los que comparte de manera desinteresada, los fue adquiriendo en la escuela de la vida. Ser autodidacta e inquieto lo llevó a incursionar en un mundo que solo había tocado de oído. Hoy Daniel Sánchez es un referente de la agricultura y la vitivinicultura en Valle Fértil, donde vuelca sus saberes, pasión y experimentos en el interior de la Finca Don Antonio.
Daniel Sánchez, el electromecánico de herencia española que echó raíces en Valle Fértil y se volvió un pionero de la vinicultura local
Con varios premios en su haber, Daniel Sánchez es el único productor de vino en Valle Fértil. Cómo un joven de la gran ciudad terminó en el departamento alejado, siendo un pionero en la producción vitivinícola.
La historia familiar de Sánchez es por demás interesante. De herencia española, recuerda como sus antepasados llegaron a América del Sur a bordo del buque Reina Victoria. “Les alcanzaba para llegar solo al puerto de Río de Janeiro, en Brasil, aunque ellos tenían familia en Mendoza”, comenta Daniel con pasión sobre sus antepasados.
Con una memoria casi envidiable, hace un recorrido por las mejores anécdotas familiares. Cómo su ancestro se volvió en un importante vendedor ambulante de una región cafetera a lomo de mula en Brasil. La pelea con un gitano que lo estafó y a quien le juro cobrarse la traición con sangre. El traslado hasta Mendoza para evitar una tragedia y el posterior arribo a San Juan, donde se instalaron definitivamente.
Ser inquietos, emprendedores y productivos es algo de familia que Daniel fue volcando a su vida con el paso de los años. Recibido de técnico electromecánico de la Escuela Rogelio Boero, se enamoró de Zulma González, quien también tiene tintes españoles en su sangre, ya que su padre llegó del otro lado del Atlántico cuando tenía 6 años y con mucho esfuerzo y sacrificio compró en 1982 la finca llamada “Don Antonio”, ubicada en Baldes de las Chilcas.
Las vueltas de la vida los llevaron a Daniel y Zulma a instalarse en Valle Fértil para administrar el negocio familiar y la finca. Fue así que Daniel casi sin planearlo se convirtió en un hombre de campo y de enseñanza.
Gracias a la formación que había recibido se encontraba en condiciones de poder dar clases en la secundaria del departamento, donde se paró delante del aula durante 12 años enseñando, pero también aprendiendo.
Conversar con Daniel es un deleite para los oídos. Es apasionado, memorioso, detallista. Un gran narrador de historias y con un amplio conocimiento sobre sus pasiones. El campo se volvió un sitio que no solo lo albergó y se convirtió en su hogar, sino que hasta el día de hoy sigue siendo terreno fértil de enseñanzas y aprendizaje.
Prácticamente el 100% de las actividades que realiza las fue aprendiendo con el paso del tiempo, de la mano de expertos, de inquietos y hasta de su uno de sus hijos, que se convirtió en ingeniero agrónomo, siendo fundamental para el desarrollo de la finca en la que tiene viñedos, frutales y una amplia variedad de animales que ayudan al proceso ecológico del espacio.
Hoy, con la jubilación ya aprobada, pasa sus días entre la finca y la mercería de la familia; en contacto con colegas del departamento que, como él, tiene un gran interés en potenciar la zona y sacar al máximo el provecho de las bondades, apostando por lo ecológico, el reciclaje y el cuidado ambiental; y trabajando codo a codo con su hijo en el vino familiar, el único que se produce en el valle. Una verdadera joya para los sentidos en paladar digna de ser probada.