Conocida es la historia de la Atlántida, una ciudad legendaria descripta por el filósofo Platón cuya civilización era increíblemente rica y avanzada, pero fue tragada por los mares, perdiéndose para siempre rastros de ella. San Juan tiene una historia similar. Se trata de un poblado en Ullum que logró ser próspero y hoy vive bajo las aguas del dique.
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Como la Atlántida: la historia del pueblo ullunero que quedó bajo el agua
Considerada como un emblema departamental, la Bodega Las Lomas, de la familia Graffigna fue fundada en 1912 en una zona del departamento donde de a poco fueron asentándose familias. Según los registros históricos del departamento, se construían viviendas para los trabajadores que se casaban y trabajaban en la bodega. Así, el sector se volvió un importante polo industrial, productivo, pero también social y cultura.
El libro “Memorias Sumergidas”, del ullunero Daniel Valenzuela refleja cómo se vivieron aquellos años y todo lo que sucedió hasta que la bodega y su alrededor pasaron a formar parte de eso, de la memoria del departamento, ya que quedó bajo el agua.
Para ubicarnos geográficamente, la bodega se encuentra ingresando por Playa Hermosa, el último parador antes de llegar a Villa Ibáñez, villa cabecera del departamento. Al principio se construyó de adobe, pero al tiempo fue reemplazada por otra estructura, más sólida, pensando en que soporte el paso de los años, pues le auguraban un futuro productivo.
Con la bodega en marcha y una vida social muy activa y demandante de necesidades, se ubicó en el lugar una capilla y también una escuela pública. Además, comenzaron a desarrollarse distintas actividades religiosas, festividades departamentales entre otras. Así comenzaba a tomar formar el poblado que jamás imaginó el destino que se le vendría encima.
Lo que había iniciado en 1912 como un proyecto cargado de prosperidad, cambió dramáticamente su destino. Para diciembre de 1980 la bodega fue expropiada, debido a que dos décadas antes habían comenzado estudios para el desarrollo de una obra de mayor envergadura que buscaría marcar un antes y un después en el departamento: el Dique de Ullum.
Aprobada la obra e iniciados los trabajos, el dique se volvió una realidad. Mientras tanto, la bodega se encontraba sin actividad y los trabajadores que durante décadas le habían dado su vida a la zona habían sido trasladados.
De acuerdo a los registros, entre 1981 y 1982 el dique inició su llenado y la bodega de la familia Grafigna comenzó a desaparecer, quedando sumergida bajo el agua.
Lo maravilloso de esta historia es que sus restos pueden verse aún, no siempre, pero cada vez que sucede, genera un gran impacto para la comunidad. Una de las primeras veces que los restos de la historia ullunera quedaron a la vista del ojo humano fue sobre el 2009 y 2010, cuando bajó el nivel del agua del embalse y algunas edificaciones se hicieron visibles. Una década después volvió a emerger, siendo un potencial atractivo para curiosos, fotógrafos y gente del departamento.
Con la sequía que transita la provincia, nada evita pensar que los restos de la “bodega fantasma”, como se la mencionó en varias publicaciones en más de una oportunidad, vuelva a mostrar lo que durante años ocultó bajo el agua.