difíciles para conversar

Los tres temas

Hay temas que son muy difíciles de abordar. En cualquier ámbito, desde el café con amigos, la intimidad familiar, los medios, en las escuelas o en la iglesia. Temas que se ponen en boca de todos de un día para otro como por obra del azar.
viernes, 11 de noviembre de 2011 · 19:46
Hay temas que son muy difíciles de abordar. En cualquier ámbito, desde el café con amigos, la intimidad familiar, los medios, en las escuelas o en la iglesia. Temas que se ponen en boca de todos de un día para otro como por obra del azar. Y dentro de esos temas, existe una corriente de pensamiento dominante, impuesta desde los medios más influyentes y contra la cual, es imposible estar en contra.

¿Cómo se plantean éstos temas? Digo, quién los elige o por qué surgen.

Que el país entero hable hoy de aborto ¿es una casualidad? O como sucedió el año anterior con el matrimonio homosexual, o como sucederá luego con la eutanasia. La médula del asunto es preguntarse si es una imposición mediática, una situación general de apremio y que ahoga a la comunidad, o un ataque estatista de representar y ponerse al frente de las ideas que sugieren ser liberales. Quienes defienden la posición abortiva anteponen esa chapa. Pertenecer a un país liberal de una vez por todas y así salir de actitudes conservadoras que nos reducen al más antiguo anacronismo.

Ser liberal en este país parece haberse reducido a estos tres temas, aborto, matrimonio homosexual y eutanasia.  Verdaderamente me causa mucha gracia. Los que esgrimen argumentos “como es mi cuerpo” (aborto) o “tengo derecho a decidir sobre mi sexualidad” (matrimonio gay) o el ya trillado “no obligar a otros” (eutanasia), reducen su liberalismo a la libertad de opción sobre éstas cuestiones solamente. Liberalismo selectivo.

Pero ser liberal en serio es pedir libertad en todos los aspectos. Por ejemplo, que el gobierno no intervenga en la salud, o en la educación, ni en seguridad social, que no me prohíba entrar ni salir del país, que no haya aduanas, ni visas, ni pasaportes, ni impuesto a las ganancias, etc. Todo esto se basa en la libertad de opción del individuo.

Dicho así, se nota lo ilógico del asunto. Usted dirá no ¿cómo el estado no va a intervenir en cuestiones como la salud y la educación y todas las otras materias? La respuesta es simple, clara y descubre el absurdo. La gente tiene derecho a decidir, pero no. Toda la libertad de opción que se afirma existe para el aborto, sexualidad y eutanasia, ya no rige para todo lo demás. Es totalmente negada. Y pensar en contra de la corriente de moda, es casi ser tratado como una escoria social o un delincuente.

Lo crean o no, en estos tres temas está en juego la libertad individual. En idéntica medida que todos los demás.

La cuestión del aborto, que el estado puso de moda, fundamenta su existencia en comenzar a dar pautas. Aunque estén nacidas desde el bochorno y el papelón de la semana pasada en Diputados. No importa. La esencia es que la gente presienta que en cualquier momento las manos se levantarán y convertirán el aborto en ley. Que se especule con el número de los que están a favor y en contra. Los periodistas hacemos la pantomima de buscar las opiniones de los representantes locales en el Congreso de la Nación. Unos votan y otros viajan.

Pero la suerte está echada desde el momento mismo en el que se instala el tema. Esa es la estrategia. Que la familia hable y absorba los argumentos más fácilmente.

Y lo que la masa se aprende de memoria y repite como loro, en este caso al aborto, son esas frases comunes en todos los programas, y en los diputados, jueces, ministros y periodistas liberales. Los más comunes son “yo soy dueño de mi cuerpo”, “tengo derecho a seguir mi vida si he sido violada”, o como dicen las revistas de educación en las escuelas “la mamá tiene un puntito en la panza”, refiriéndose al bebé.  Otro muy conocido es la cantidad de mujeres que mueren al realizarse abortos clandestinos y la desigualdad con las que tienen poder económico para ir a otro lugar con mas asepsia. La cosa es nunca llamar las cosas por su nombre. Lo que mamá tiene en la panza no es un puntito, es un bebé. Y si mueren mujeres en abortos clandestinos, antes que ella, murió el niño que tenía dentro. La verdad parcial del liberalismo selectivo. Se permiten omitir y ocultar el suceso principal que es la muerte del bebé. Nunca lo dicen claramente. Y es así, se mata un bebé.

Para los que pensamos distinto, hay también que trazar una estrategia. La discusión del comienzo de la vida debe ser crucial. La demostración fehaciente que el embrión, desde sus primeras etapas, es una persona. Allí hay que apuntar. El ser humano como tal ya tiene derechos y, por lo tanto, no puede aplicarse el argumento de la libertad de opción.

No hay que divagar e ir a ese punto. Que los que pregonan la libertad, hagan uso de la propia. No de la de otro ser. Que lo dejen nacer y luego hagan uso de su libertad.

 Mi postura estratégica difiere un tanto de las iglesias que defienden la vida. Aún de la Católica, quien como en el matrimonio homosexual, realizó planteos blandos, inconsistentes, casi infantiles. Niños llevados desde las escuelas cantando “queremos papá y mamá” era pirotecnia barata frente a la artillería pesada del poder. Juntar firmas, los debates en la legislatura, exponentes deplorables en los medios de comunicación etc. Cartón pintado.

Ahora, con el aborto lo mismo. Fotos de niños no nacidos destrozados, o la manito saliendo de la panza de su madre y que sostiene el dedo del médico, las estadísticas de cuántos abortos se están produciendo en éste mismo instante, ya dejaron de ser argumentos. Las Iglesias perdieron prensa, sus hombres aparecen en los medios solamente cuando son acusados de abuso o alguien roba el copón del Sagrario. Nos meten eso desde Buenos Aires. Y acá nos tragamos todo por el embudo de la chata programación televisiva. Además es un efecto deliberado del pro abortista, relacionar a quien no está de acuerdo, con el pensamiento conservador u ortodoxo de una religión.

Y la vida está más allá de cualquier credo.

Otro asunto a estudiar desde lo estratégico, es promocionar un plebiscito. Que sea vinculante. Que la gente decida. No por sus representantes en este caso. También eso está en los planes de la democracia, que decidamos directamente sobre algunos temas. Así quedaría demostrado si el pueblo entiende el valor de la vida. Si sabe en qué momento empieza. Si cree que luego de matar a un bebe, todo sigue igual.

Pero esencialmente se demostrará si esta pléyade estatista puede controlar absolutamente todo. O se podrá marcar esta risible incoherencia cuando se propicia “libertad de opción” por un lado y  por otro, se quiere encarcelar a quienes invoquen la “objeción de conciencia” en un casamiento homosexual, o próximamente en el asesinato de un bebé.

Es el triste destino de la libertad individual. Cuando existe sólo para los que se masifican. La cuestión es pensar que el bien más preciado, la vida, está ahora en nuestras manos.

Comentarios