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domingo 5 de abril de 2026

Recuperar la magia: ver lo invisible y tocar lo intangible

“Cantar y cantar y cantar la belleza de ser un eterno aprendiz” dice la canción. Por Patricia Savastano.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Cuando decidí tomarme los años de experimentación no sabía bien dónde iría a parar. Me iba a Brasil, pero pasé por Costa Rica y en una playa “”Playa Chiquita”” apareció un grupo de familias hermosas. Muchos músicos y terapeutas alternativos. Gente con tiempo y muy curiosa. Una casa frente al mar. Y una escuela muy alternativa donde nos juntábamos a meditar. Allí me quedé. En la casita de los vientos: la casa mágica. Una choza sin paredes. Maravillosa. Muchas casas he tenido como nómade. Cada vez pido intensamente (focalizo 3 condiciones, y aparece) Es importante focalizar lo deseado, necesitado en cada nuevo “ciclo”.

 

En todo este viaje sabático  lo único claro que tenía como objetivo era “Ver lo invisible y tocar lo intangible”.

A los varios meses apareció , ni más ni menos, “”por esas casualidades de la vida ””, una Escuela Internacional de Metafísica, de unos húngaros, que venían un fin de semana por mes. Justo a ese pueblito de pescadores. Nos reuníamos en la escuelita de jardín de infantes alternativa. Y pasábamos el resto del mes practicando ejercicios de percepción y sanaciones. Además de la vida misma. Rascarse (porque hay mucho mosquito), limpiar siempre todo porque hay muchas hormigas que son un peligro enorme. Donde quedó una miga te pueden comer el pié. Porque allí todos andábamos descalzos. Lavar muy bien la ropa, y siempre porque hay mucha humedad que se come la ropa. Limpiarse a consciencia toda la piel, cada milímetro, porque hay unos gusanitos que anidan en la piel. Costumbre maravillosa, ya que la piel está íntimamente relacionada con el sistema nervioso. Cantar, bailar, cocinar, recolectar, pescar, etc. Todas esas actividades tan importantes en la vida. Compartir.

 

La Escuela de los Húngaros la trajo a Costa Rica la suegra de mi ex novio (les conté en algún artículo anterior). Una familia hermosa que es parte de mi familia grande del mundo.

Pero antes que llegara esa formación, yo escogí el lugar para Mi escuela personal de aprendiz de bruja, chamana, alquimista, equilibrista: la casa mágica, un techito en medio de la jungla, frente al mar.

 

Mi escuela constaba de varios ítems:

 

-       Indiana Jones: tenía que entrenar el cuerpo. Despierta. 360 grados. Si me tocaba entrar en otra dimensión tenía que estar despierta, atenta y ágil, pensaba. Si termino atrapada en una pirámide y debo tirar una piedrita que acciona un dispositivo que abrirá las puertas del ábrete sésamo de la situación, no podría errar. Entonces caminaba de noche sin luz percibiendo los senderos, o posibles animales que NO debía pisar. O volvía de bailar en el pueblo en bicicleta sin luz, respirando los Ylang Ylang del camino al lado del mar. Corría por los ríos, saltando de piedra en piedra, adivinando cuál estaba firme,  sin darme tiempo a pensar para activar el instinto. Me metía en situaciones de peligro, rocas cortantes o algo así, descalza, para estar en el “aquí y ahora”” absoluto. No estar en el presente pensando en el pasado o el futuro. Ampliar el presente. Me ejercitaba a la precisión, lanzando la piedrita y con las dos manos. Primero una y luego otra. Siempre pensé que era torpe, y por tanto lo era. Una vez leí “Zen y el arte del tiro al blanco”: Ser uno solo con el objetivo y vaciar la mente. Una vez me regalaron una especie de zapallo gigante y lo puse en un banquito y pensaba, ¿cómo lo corto por el mismo medio? No pienses, me dije y dejé caer el hacha sin pensar. Exacto medio.

-       Es muy importante el entrenamiento.  Ejercitar el cuerpo. Caídas. Caer redonda, caer sin romperse. Una vez hace muchos años en la India me empujó un elefante y volé por los aires y caí y rodé… sin romperme nada. No tuve tiempo de pensar, pero el cuerpo tenía una información lista para ser usada. Siempre quisiera enseñar en las escuelas a caer, a vivir con menos esfuerzo, a levantarse inteligentemente, para tener esa herramienta incorporada para cuando nos volvemos viejos. Y cantar para permitir el tránsito a la emoción. Y dibujar o escribir para transmutar, etc.

 

-       Eliminar el pensamiento . Siempre fui un poco desequilibrada, con mi gran amiga Maitena empecé a caminar sobre los troncos. Primero los que estaban sobre la playa, luego cada vez más altos. Cuando aparecía el pensamiento me caía. El miedo es una sobre-estructura mental. (que no es lo mismo que sentir el verdadero peligro).

 

-       Fortalecer – elongar . Había leído la importancia de estar fuertes en otras dimensiones, entonces, aprovechar para hacer algo que me cuesta tanto: abdominales para sostener la columna y todo ejercicio de fortalecer y tonificar. Y el opuesto, elongar. Casi no podía tocar el piso sin doblar las piernas, después de 3 años de todos los días elongar suavemente, lo logré. Y descubrí que cada tensión física correspondía a una rigidez mental. Cambiar chips, sacarse determinismos aprehendidos.

-       Bailar – bailar, en la playa, en el mar. Maravilloso compañero de baile. Como vivía allí conocía todos los puntos de apoyo y me dejaba revolear por las olas en esa danza maravillosa de dejarse ir. Bailar de día de noche. En las noches salía vestida de blanco a bailar sola en la playa. Como si fuera una película. Y si alguien me veía? Mejor, más placer me daba compartir la belleza de las formas. Bailar, sacudir, desarticular el cuerpo para permitir el cambio, como si fuera una maquinaria herrumbrada que se debe aceitar. Hacer música, tocar tambores, la flauta y piedritas. Percutir mi cuerpo y de paso activando meridianos energéticos.

 

-       Tutankamon . Entrar en estado de silencio absoluto e inmovilidad. Me tapaba con una sábana porque los mosquitos atraviesan las mosquiteras, y allí me quedaba casi un día entero. Para salir del espacio y el tiempo, de lo cotidiano y acostumbrado.

 

-       Sobrevivencia y atención. Es parecido a Indiana Jones, pero tiene variantes: trepar a los árboles (a veces para recoger frutas) con tanta atención para entender cuando la rama estaba seca y podía romperse, (como en las relaciones, que a veces uno da por descontado). Todo eso muy lentamente, como un oso perezoso, afinando la atención, la invisibilidad, la paciencia.

 

-       Mar, mar y playa, un gimnasio a disposición, supermercado a disposición, la vida, los cumpleaños, animales, personas, historias, amores.

 

Si tuve miedo de vivir en medio a la jungla? De bailar las olas enfurecidas del mar? De saltar desde cataratas altísimas? Si tuve miedo de andar sola?

No, miedo de qué?

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