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domingo 5 de abril de 2026

¿Todos mentimos?

Buscamos acá una visión que contribuya al logro de la felicidad que a veces nos es esquiva.
Por Redacción Tiempo de San Juan

A diario nos encontramos en la vida con el tema de la mentira. A veces pensamos que nos están mintiendo, a veces mentimos justificando el por qué lo hacemos y otras veces tildamos de mentiroso a alguien y por eso, hasta la verdad que dice la tomo por una mentira. Sobre la mentira, en todas las etapas de la humanidad se ha hablado y escrito hasta el cansancio. Lo que intentaremos en esta columna, será sintetizar y encontrar un concepto operativo que nos ayude en nuestra vida, aunque sea en aspectos elementales, a tener una visión que contribuya al logro de la felicidad que a veces nos es esquiva.

Un punto de partida podría ser el distinguir las mentiras de las que no lo son: el que las usa para crear una situación risueña o para generar una carcajada, claramente está siendo un bromista y no un mentiroso. También caeríamos en distinguir la ya aceptada mentira piadosa de aquella que se dijo con otro fin.

Pero lo verdaderamente destacado es señalar lo que no siempre consideramos: todos mentimos. Es un modo de comunicación universalmente aceptado. Se miente al callar algo que pensamos que es real, se miente para dar un matiz a algo dicho para evitar que sea agresivo, mentimos si nos protegemos informando sólo parcialmente algo, son todos casos en que estoy comunicando algo distinto a lo real. Estoy mintiendo. Hasta cuando una mujer se pinta los labios, los ojos, el pelo y logra así lo que cree es una mayor aceptación, podría decirse que está encubriendo una realidad, creando una imagen ficticia, podrá decirse que está mintiendo.

Lo importante en ese y en muchos casos, es considerar el para qué se lo hace. Si se miente para obtener algo que con la realidad que conozco no lo obtendría; si provoco a sabiendas un daño al ocultar algo, si construyo una mentira que voy a tener que sostener con sucesivas mentiras para lograr imponer una falacia. Considerando estos aspectos, se estará acercando más a la aceptación o descalificación de una persona por el hecho de mentir.

También somos propensos a tildar de mentiroso a otro y con eso restar validez a todas sus manifestaciones. Con ello transformamos en mentiras las certezas que puede estar expresando y provocamos en nosotros  efectos distintos a los que adjudicamos a los dichos de una persona confiable.

Aun cuando generalicemos aceptando que todos mentimos, que nos distingue el fin para el que lo hacemos, deberemos tener en cuenta que cuando observamos lo muy negativo de las mentiras, es necesario tener en cuenta que el daño mayor es para el que emite la mentira. Sin darse cuenta y a fuerza de repetirlo o de cuidarse para no fallar, actúa como verdad para el originariamente mentiroso. Y como voy agregando a la mentira el lenguaje corporal y conductas derivadas de la situación falseada, como pueden ser situaciones de ira o de regocijo, termina quien originó la mentira  asimilándola como una verdad, con lo cual puede estar infringiéndose un daño a si mismo.

No deberíamos decir siquiera que la mentira es mala por ser mentira, ni que es buena porque tenía un fin lícito o anhelado o un carácter piadoso.

El coach podrá acompañar al cliente, si busca lograr algo en sí mismo y en relación con este tema. Lo acompañará sin juzgar, sin asumir falsas exageraciones y con conciencia de que la mentira para ese cliente, es parte del mapa gigante que reflejaría todos los modos de comunicación de que se vale esa persona. Probablemente, si es un tema que al cliente le preocupa o quiere cambiar, quizás el Coach le acompañe con preguntas a transitar por los miedos que a lo mejor le lleven a mentir: miedo a no ser aceptado, miedo a ser considerado algo que no es o no acepta ser, miedo a no ser ubicado donde le gustaría estar, miedo a perder una confianza ganada, miedo a perder o no lograr un trabajo. El conocer las probables razones puede hacerle tomar conciencia sobre algo que antes no tenía, y que le ayude a llegar mejor a la plenitud necesaria para sentirse en territorio apto para la vida feliz que quiere para sí.

 

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