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domingo 5 de abril de 2026

¿Cómo estás mirando tu cuerpo?

Los tres pilares del liderazgo son el lenguaje, las emociones y la corporalidad. Y el cuerpo puede influir en los otros.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Claro está que puede resultar extraño o hasta incómodo salir de una zona de confort que incluya a nuestro cuerpo. Siglos sin prestarle demasiada atención nos habilitan a preguntarnos hoy porqué de pronto tendríamos que escucharlo.

Verlo más allá de ese conjunto de materia que nos lleva de uno a otro lado, que nos da satisfacciones y también algún llamado de atención o hasta dolores, puede ser interesante. Pero aún nos preguntamos por qué deberíamos hacerlo participar más activamente en nuestra vida.

Hoy existe claridad en distinguir los pilares del liderazgo y la más completa forma de verlo. Los tres pilares son el lenguaje, las emociones y la corporalidad. Y el cuerpo puede influir en los otros no sólo envolviéndolos, sino constituyéndose en motor de una transformación. Con el cuerpo podemos cambiar una emoción en nosotros y en los demás, podemos lograr un objetivo, podemos cambiar una percepción y un afecto que de nosotros se tenga.

Y así como organiza y acciona cambios en nosotros, también impacta en los grupos, en las organizaciones y con ellos en la empresa. Cambios profundos, la necesaria integración entre miembros y el logro de objetivos o el encaminado de Planes de Acción, los he visto en mi experiencia facilitarse y lograrse gracias a un abordaje corporal.

En muchos aspectos está dejando de ser un tema prohibido o reservado a la intimidad y la cercanía. Pero durante varias generaciones –tantas como tengamos conciencia- ha sido parte de nuestro ser pero puesto en piloto automático. Los hábitos nos ganaron y repetimos acciones, obtenemos grandes o pequeños logros  sin reconocer y mucho menos agradecer, la intervención hasta ahora inconsciente de nuestro cuerpo.

En todo momento, en toda ocasión, nuestro cuerpo nos habla. Y sigue haciéndolo aunque nuestras costumbres hayan sido hacer oídos sordos a sus intervenciones. Hoy, una parte importante de la intelectualidad, está analizando, creando teorías y desarrollando técnicas destinadas a tomar conciencia del cuerpo, a saberlo escuchar y a actuar en consecuencia, con él, y no usándolo a él para una cosa más mental o material, como si el cuerpo estuviera obligado a conducirme.

Ese modo inconsciente de actuar, ignorando el cuerpo, está hasta hoy marcando nuestro modo de ser. Y como no nos va tan bien, estamos obligados a ver distinto aquello que por siglos repetimos automáticamente.

Nuestro anhelo de cambios, de logro de objetivos, nuestro apetecido deseo de sentirnos felices, libres, en crecimiento, está pidiendo la intervención consciente de nuevas formas, y una de ellas será sin dudas la de escuchar nuestro cuerpo, que desde toda la vida nos estuvo hablando.

Y no sólo nos habla para hacer conocer su estado actual o la necesidad de una mejora en él. Nos habla, nos hace sentir para poder intervenir en nuestra vida y contribuir a lograr que seamos felices con nuestra esencia.

Eso somos. Lo que resultamos cuando incorporamos nuestro yo corporal. Y seguro estaremos sintiendo otra noción de estabilidad, otra identidad, esta vez propiamente nuestra.

Registrar el cuerpo. Tomar conciencia de él, significa en definitiva darnos cuenta que en todos los casos nos está hablando, y que por ser nosotros y no otro, no estuve escuchándolo todo el tiempo.

Hacerlo ahora puede ser la razón y el motor de un cambio o una transformación anhelada, que nos conduzca al disfrute y la felicidad.

 

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