Por Michel Zeghaib
Cuando pa'chile me voy... - Por Michel Zeghaib
Hay días donde todo se aparece como inquietante –expresa una crónica de la época–, algo así como cuando un evento extraordinario que está pronto a ocurrir. La jornada de aquel lunes 01 de marzo del ’65 fue así, y además, fue histórica, ya que dos pueblos que por años estuvieron separados, comenzaron a transitar un camino, juntos. Dos pueblos que, como relatan las crónicas del momento, que estaban separados por una mole de roca y nieve, ahora estarán cercanos.
La ruta, como sueño cumplido, fue entendida, desde aquella inolvidable inauguración, un símbolo de progreso, prosperidad, reencuentro y hermandad de los pueblos latinoamericanos que se asientan en la certeza política inamovible de la nación única.
Desde muy temprano en la mañana, una caravana interminable de automóviles remontaba el Villicúm, descendía al llano y se perdía en la Quebrada de Talacasto buscando ganarle a El Colorado, y tras el Valle de Iglesia, se dirigía hacia la cordillera. El viento golpeaba los rostros y hacía entrecerrar los ojos por el polvo que levantaba de las montañas. Hacía mucho frío, a pesar de que el sol despuntaba radiante, y más cercano, por la altura. Rodeados de nueves eternas y montañas que se elevaban imponentes sobre las cabezas de miles de almas. Pero el frio era tanto que las fuerzas, por momentos, caían.
Alrededor de las 16:10hs, la comitiva formada por el senador nacional Hermes Cantoni, doña Ibelice Falcione de Bravo (esposa de don Leopoldo) y 15 funcionarios más estaban preparados y esperando, a su vez, a la comitiva chilena que estuvo integrada por el Intendente de Coquimbo don Eduardo Sepúlveda Whittle, el Prefecto de Carabineros Javier Provoste Sáez, entre otros funcionaros.
El momento fue muy emocionante. En reiteradas ocasiones se gritaban “vivas” tanto a hile como a Argentina, mientras funcionarios políticos, militares y civiles de a pie se abrazaban sin distinción de rangos, cargos o nacionalidad. Lágrimas en los ojos, saludos apretados, gritos eufóricos; eran parte del paisaje humano que se vivió aquel día. En ese momento, estos dos pueblos comenzaban a transitar un largo camino, que no dejaría de tener luces y sombras, y que sería el motivo para entablar relaciones sociales, políticas y humanas consideradas, hasta el día de hoy, si no indispensables, por los menos convenientes.
GENEALOGÍA DE UN LARGO CAMINO
1932: Durante el gobierno de Federico Cantoni, comenzaron las obras de lo que posteriormente sería el Paso a Chile por Agua Negra. Y es que en esta gestión se le dio vital importancia al tema de la infraestructura y unión bilateral.
1965: Año DE la inauguración del paso internacional que une San Juan con Chile.
1991: Después de años de bloqueo, el 12 de enero de 1991 el camino a Chile por San Juan volvió a ser transitable. Meses antes, máquinas de vialidad se encargaban de limpiar la zona.
1977: Aquel año, el Paso quedó bloqueado por el litigio diplomático-militar entre ambos países.
1998: Por primera vez comienza a mencionarse públicamente la posibilidad de construir un túnel para unir San Juan con Chile. De prosperar la iniciativa, reduciría el recorrido tradicional en 17 kilómetros, se evitaría la altura y unos 40 minutos de viaje en la montaña.
2002: El presidente Eduardo Duhalde y su par chileno, Ricardo Lagos, firman un acta de intención para llevar a cabo el desarrollo del Túnel.
2005: El 14 de marzo de 2005, el presidente argentino Néstor Kirchner y su par chileno, Ricardo Lagos, firmaron una declaración de integración entre ambos países, dejando en claro la voluntad de concretar el proyecto del túnel.
2008: Tras la asunción de Michelle Bachelet en Chile, quedaron despejadas las dudas. La entonces presidenta del país trasandino brindaba un fuerte apoyo al proyecto. Además, por primera vez, un presidente chileno recibía a un gobernador sanjuanino.
2009: El 13 de mayo de 2009 se dan a conocer los primeros cálculos oficiales con respecto al costo de la obra. En ese momento fue valuada en 800 millones de dólares. Además, se confirmó que el túnel sería de doble mano.
2009: El 30 de octubre de 2009, Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet firman en Chile el Tratado de Maipú. El acuerdo establecía un pacto de integración y cooperación entre ambos países. Se destacó la importancia del Paso Internacional de Agua Negra. Histórico avance para su concreción.
2010: El 26 de enero de 2010 queda conformado el Ente Binacional Túnel de Agua Negra, que tiene a su cargo la coordinación de todos los trámites para avanzar en la construcción del proyecto. Es de integración mixta, con funcionarios argentinos y chilenos.
2010: El 7 de diciembre de ese año, el presidente de Chile, Sebastián Piñera recibe a José Luis Gioja. Con la idea siempre prioritaria de mantener el tema en la cúspide de la agenda de ambos países, el gobernador da a conocer los avances del proyecto, avalado también por el nuevo primer mandatario trasandino.
2011: El gobernador Gioja tuvo la oportunidad de hablar del túnel con Dilma Rousseff, sucesora de Lula en la presidencia de Brasil. Acordaron un nuevo encuentro, con los estudios técnicos aprobados.
2012: 16 de marzo de 2012, el día más esperado. Cristina Kirchner y Sebastián Piñera autorizan el llamado a licitación para la construcción del Túnel de Agua Negra.
Don Leopoldo Bravo, el último caudillo
En aquel recordado año de 1965, Leopoldo Bravo gobernaba la provincia de San Juan. Fue tres veces gobernador, senador y embajador de Perón y de la dictadura militar en Moscú. Líder indiscutido del Partido Bloquista e ícono de la política sanjuanina. Supo construir espacios de poder que lo llevó a mantener buenas relaciones con militares, peronistas y radicales. Como todos los caudillos federales, Bravo despertó amores y odios enconados.
Bravo nació en nuestra ciudad el 15 de marzo de 1919 cuando la provincia estaba en manos de Federico Cantoni, a quien se señala como su padre. Estudió Derecho en la Universidad de La Plata y a los 21 años se doctoró en Ciencias Sociales con una tisis sobre Derecho Laboral. En aquellos años conoció a Ivelise Falcione, también abogada, con quien se casó y tuvo seis hijos, que siguieron sus pasos en la política, y le dieron 18 nietos.
En San Juan, Bravo fue elegido gobernador en 1961, pero el gobierno nacional anuló las elecciones. Volvió a ganar en 1962, con un mandato que se prolongó hasta 1966, cuando fue derrocado el entonces presidente Arturo Illia. En las elecciones del 11 de marzo 1973 fue candidato a vicepresidente en la fórmula oficialista Alianza Republicana Federal, que encabezó el brigadier Ezequiel Martínez. Designado senador nacional por San Juan entre 1973 y 1976, su mandato se interrumpió con el derrocamiento de María Estela Martínez de Perón.
En 1976 fue designado otra vez al frente de la misión diplomática en la URSS por la junta militar y reportó como embajador argentino en Italia y en Mongolia en 1981. Durante 1982 y 1983 fue nuevamente titular del Poder Ejecutivo provincial, designado por el gobierno militar. En 1983, con el retorno de la democracia, volvió a ser gobernador, esta vez por el voto popular, y en 1989 retornó al Senado de la Nación.
Fue un obrero de la política; temperamental, personalista, intuitivo y muy inteligente. Para muchos era casi un calco de Cantoni, aunque Bravo no fue de armas tomar. El viernes 04 de agosto del 2006, a causa de un deterioro neurológico, dejaba este mundo para siempre.
AQUELLOS AÑOS REBELDES
La década de los ’60, tiempo en que fue inaugurado el primer camino de unión ente Argentina y Chile (1965), fue la década de los cambios. En Cuba se producía la primera revolución socialista de América, liderada por Fidel Castro y el médico argentino Ernesto “Che” Guevara. En los EEUU asumía la presidencia John Fitzgerald Kennedy, con ganas de mejorar la situación social de los norteamericanos y apoyar los derechos civiles de la minoría negra. Pero las intenciones de JFK quedarán frustradas con su asesinato y los EEUU volverán a políticas más conservadoras. En este contexto se produjo la intervención norteamericana en Vietnam que despertó la reacción de la juventud estadounidense canalizada a través del Movimiento Hippie, que proponía “hagamos el amor, no la guerra”, mientras escuchaban a Los Beatles, Jim Morrison y los Rolling Stones.
Pero fueron tres los personajes que dominaban la escena mundial y cuyas voces e imágenes difunden los medios de comunicación de masas, en continuo desarrollo, por todos los hogares, expresando la apertura a los nuevos problemas de la sociedad, aunque con tonos y perspectivas diferentes. Son ellos Kruschov, con la “coexistencia pacífica”; y Kennedy, con las “nuevas fronteras”, y el Papa Juan XXIII con el “renovado ecumenismo católico”. Los tres son expresiones de un mundo en rápida transformación. Los actos y el destino de Kennedy muestran mejor que nada las contradicciones de aquellos años: por una parte, la proclamada confianza en la voluntad y la capacidad de afrontar y resolver pacíficamente los problemas internos e internacionales y, frente a ella, el estallido de la violencia individual y colectiva. En la búsqueda de un equilibrio internacional más estable, Kennedy aplicó en Vietnam una política que partiendo de la promesa de conquistar “el alma y el corazón” de la población, se transformó en la más dura y cruel guerra de destrucción.
Tras la muerte de Kennedy, el vicepresidente Johnson asumió los poderes presidenciales y consiguió la aprobación de las leyes sobre igualdad de derechos civiles. En 1964 fue elegido presidente. No cesaron los enfrentamientos políticos y sociales en el país que originaron movimientos extremistas y provocaron el asesinato de Malcom X en 1965 y de Martín Luther King en 1968. La protesta encontró terreno propicio para su difusión en los campus universitarios y en los movimientos juveniles y feministas, asumiendo una dimensión ideológica con rasgos a veces contradictorios y confusos, pero sustancialmente liberadora, pacifista y anticonsumista.
También llegaba entonces, desde la China de Mao, el eco confuso y ambiguo, y por ello difícilmente interpretable, de la “revolución cultural”. También 1968 fue el año en que el movimiento de protesta juvenil se propagó rápidamente por algunos países de Europa. Se recuerda el mayo francés como el episodio culminante y políticamente más significativo, porque el movimiento y las reivindicaciones se extendieron de las universidades y de los jóvenes a los obreros, contaron con la simpatía de buena parte de la población parisiense y durante algunas semanas pusieron en peligro al régimen gaullista. La agitación y los enfrentamientos en las universidades y en las calles sirvieron para sacudir los antiguos sistemas jerárquicos y de valores y hacer avanzar los derechos civiles, promoviendo la plena emancipación femenina y reforzando a una nueva izquierda más atenta a los problemas ecológicos y a la condición humana, incluso individual y privada, y menos ligada a la concepción clásica del marxismo.
Si Norteamérica estaba en crisis y nuevas inquietudes agitaban a Europa occidental, no menos graves, o tal vez mucho más, eran los problemas de la URSS, tal como lo demostró el paso del tiempo. Los aliados y satélites habían puesto a dura prueba la cohesión interna del sistema imperial soviético; la hegemonía del partido bolchevique y su guía ideológica habían sido rechazadas por algunos partidos comunistas de los países occidentales. Las divergencias con China, que llegaron a cruentos combates fronterizos, hicieron caer, ya en los comienzos de los años sesenta, la ilusión de que cualquier controversia entre los Estados “socialistas” era inconcebible, o se podía solucionar fácilmente por medios pacíficos.