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domingo 5 de abril de 2026

Marketing y comunicación

Analfabetos – Por Daniel Soler

Por Redacción Tiempo de San Juan
Educadores que permanecen en sus diagnósticos perimidos y sin capacidad de reacción ni adaptabilidad.

Sistemas vetustos y burocráticos adormilados en tranquilidades históricas, de ley, evaluación y proyectos.

Padres inmóviles de aturdimiento entre tanta sorpresa y novedosa información y en la necesidad de liberarse.

Alumnos que aventajan tecnológicamente, pero aburridos, se escapan incapaces de procesar conocimiento.

Convivimos en un tiempo antagónico, voraz, inmediato, inminente, dividiéndonos como bisagra cultural y definitiva, la información y su tecnología. Así estamos juntos los que fuimos y serán sociedad.

Caso 1

Clase tradicional con tiza y pizarrón, lo más lentos  se demoran, el profesor amenaza de manera tradicional “… si no se apuran borro”. Espera tradicional, y desenlace final antes del recreo, previsible. El profe tradicional estira el brazo amenazando a los del fondo, levanta la mano, tiene el borrador, se abalanza sobre el fondo negro, acabará con la lección que nunca más repetirá, entonces un alumno reacciona rápido, se mete la mano a la cintura, saca algo negro, apunta a la pizarra y “click” saca  una hermosa foto con su teléfono celular en 10 mega pixel del pizarrón y de un profe congelado para siempre.  Zooméa hasta el detalle escrito con “Bic” en el poster de Sarmiento, chequea que esté todo bien y en foco, y  amablemente le dice a su profe tradicional: “Ya está profe, gracias”. Palmea su espalda y se va al recreo con la tarea copiada.

Esto no pasó en ninguna escuela privada, fue en Media Agua y el profe es mi compañero de trabajo.

Caso 2

En la peluquería, un deformada clienta sentencia con voz ronca: “Ahí tenés, están tapando con computadoras el déficit en educación”. Y obviamente culpa a otros del problema, especialmente a la Presidenta que asoma por la pantalla anunciando un nuevo polo audiovisual.
El comentario y la mujer deforme no es problema en una peluquería donde se escuchan muchas estupideces, pero esa voz ronca yo la conocía de antes, esta gastada por años de ser docente y ahora que es directora de una tradicional escuela, la mujer- directora se jacta de no saber prender una máquina, y eso sí me asusta más que su voz, su corte y su tintura.

Caso 3

El chico de 11 años está buscando datos en la red, está bajando una presentación en su pendrive. Él asiste a una escuela clase media. Al otro día  deberá  hacer una presentación pero no en un aula especial  de computación, o en un zoom diferenciado, lo hará  en su propio grado, en su aula de sexto grado que está preparada con un pizarrón o pantalla interactiva, el mismo que también ya tienen los quintos grados y el secundario. Se trata del Colegio Luján en la calle Pedro de Valdivia, situado en un barrio que no es justamente  una zona de glamur y mucho menos con una comunidad educativa segmentada en cuotas altas y selectivas. Nada de eso y más bien todo lo contrario. Es una escuela inclusiva desde lo tecnológico y desde lo humano, con chicos con capacidades diferentes en aulas comunes, y que está muy comprometida a enseñar mejor y a valerse de todo lo que esté a su alcance para lograrlo.
¿Quiénes son los analfabetos?

La responsable de Nuevas tecnologías en ese colegio, Adriana Loza, diplomada en tecnologías y e-learning, redefine la imagen del nuevo analfabeto y dice que “ya no alcanza la lecto-escritura. Ahora, para dejar de ser analfabeto, debes alfabetizarte digitalmente y audiovisualmente”. Hoy el paradigma es que los educadores son educados en la tendencia y necesidad por sus alumnos que saben mucho más y se anticipan incluso al conocimiento formal de la currícula.

El sólo hecho de incorporar esta tecnología interactiva en un aula trajeron a favor de los alumnos “mayor motivación y menos dispersión de atención”, “mayor fijación y apropiación de los contenidos”, “mejor disciplina y mayor integración”, “mayor naturalidad en la interacción con la herramienta y en la disposición de todos los sentidos”, demasiados logros para que sea una simple pantalla o pizarrón interactivo.

Actualmente son muy pocos los colegios que redefinieron su búsqueda en los aliados estratégicos para educar mejor, que claro está, no pasa por el aporcelanado y sí por la incorporación de nuevas herramientas y conocimientos.

Debemos ser capaces de vencer el primer miedo, adecuar las clases a la tecnología, asumir que cambió la forma de atender, y que hay que ofrecer un contenido de atención, los padres, profesores y alumnos deberemos sincerar nuestro analfabetismo y nuestra mutua necesidad de acompañamiento. Los chicos no volverán al volantín ni a las figuritas, ni a los palotes, ni a la tiza, ni al pizarrón, eso sólo es romanticismo y ya está entre nosotros otro desafío: es que ellos ya están justamente en el terreno que nosotros les preparamos, y ahora no hay forma ni coraje en desentendernos: ni esconder la piedra,  ni esconder la mano.

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