Por Michel Zeghaib
La Galería Estornell y los tres deseos de Lolita Torres - Por Michel Zeghaib
La inauguración de la Galería Estornell oculta la historia de hombres y mujeres comunes que, en medio de la situación política y económica espinosa que vivía San Juan en esos momentos, significó la posibilidad de vislumbrar una luz de esperanza en el presente y el futuro de los que se quedaron luego de los tristes recuerdos que dejaron los últimos dos terremotos: el de 1944 y el de 1952.
Ese fue uno de los momentos de ese día histórico. Antes de esa acción de Lolita, el pueblo estaba reunido ansioso, expectante, en la Plaza 25 de Mayo. Era un grupo numeroso de personas entre las que se encontraban Jorge Estornell, propietario de la firma constructora; Américo García, Gobernador de la Provincia; Alberto Constantini, Ministro de Obras y Servicios Públicos de la Nación; García Ruíz, Intendente de la Capital; Audino Rodríguez y Olmos, Arzobispo de San Juan; militares, jueces, legisladores, comerciantes; y, el grupo más numeroso, el destinatario de la obra, el pueblo sanjuanino.
Esa mañana comenzó con el homenaje a Sarmiento. El ramo floral colocado a los pies de la estatua que perpetúa la presencia del inquieto sanjuanino, daba inicio a un día inolvidable para todos los sanjuaninos. La multitud, habiendo tributado simbólico reconocimiento a un hombre luchador, acaso porque hacía falta en ese momento evocar algún signo de lucha, de esfuerzo y tesón, porque eso significó para los que la construyeron, se dirigía, orgullosa, al edificio ubicado en la mítica calle Mitre. Allí, a la entrada del edificio, en un escenario preparado, vinieron las palabras, se pronunciaron los discursos y las alusiones al sacrificio realizado, como también al significado que esa inauguración tenía para un San Juan que todavía ese año estaba en pleno proceso de reconstrucción, luego de los dos nefastos episodios naturales recién mencionados.
Paso seguido, Jorge Estornell entregaba las llaves al intendente de la ciudad capital. Rosa Noguera, viuda de Estornell padre, y Alberto Constantini, fueron los padrinos. A ellos les tocó cortar la cinta. Lo hicieron y así quedaba inaugurada. La fascinación de los participantes aumentaba a medida que sus miradas se iban deslumbrando con la suntuosidad de la construcción. Y sus corazones se ensanchaban de orgullo, al contemplar, como el mismo Estornell lo dijo en su discurso ese día, la obra realizada.
Hacia el final del día los actos culminaron con una cena en el Club Sirio Libanés. Todo estaba culminando, pero al mismo tiempo la sensación que quedaba palpitando era que todavía quedaba mucho por hacer y, también, que el sanjuanino podía hacerlo.
Los discursos y la historia reciente
Los discursos jugaron un papel muy importante de autoevaluación respecto de la capacidad del sanjuanino para ponerse de pie ante la adversidad, tirar juntos para el mismo lado, y salir adelante.
Las palabras iban repasando la historia reciente de San Juan, marcada por el paso de la imprevisibilidad de la naturaleza, en contraste con la voluntad colectiva y premeditada del esfuerzo hecho trabajo y realización. Las palabras de los discursos estaban teñidas de un fuerte perfil histórico, ya que hacían permanente alusión a los terremotos, y del antes y después que estos marcaron para la historia local. El titular de la Federación Económica, Germán González, apuntó directamente al capital sanjuanino. El sacrificio y el esfuerzo de ese capital, decía, aparecieron en un momento en que el terruño lo exigía. Por eso el sanjuanino debía enorgullecerse por haber podido levantar su ciudad cuyana. No dejó de mencionar el esfuerzo estatal y privado para realizar la obra, impulsado por el amor a la patria chica que permitió a los comprovincianos no pensar en los momentos de dificultades económicas y financieras en que se vivía.
Luego, Alberto Constantini, amigo personal de Jorge Estornell, expresó su orgullo por su amigo que, en vez de tomar el camino del halago fácil, había logrado seguir el camino de su padre, don Juan Bautista Estornell, poniéndose a trabajar en sus empresas para afirmarlas y ensancharlas en todo el ámbito de la provincia.
Las palabras del entonces gobernador Américo García fueron un reconocimiento al esfuerzo de la familia Estornell en un momento difícil para San Juan, en un momento en que la tarea de reconstrucción de San Juan se hallaba paralizada, decía, muchos sanjuaninos estaban con las manos sin ocupación y esta obra logró poner trabajo donde muchos lo necesitaban.
Los discursos dejaban ver que la obra simbolizó algo más que una construcción. La Galería Estornell era un claro ejemplo del esfuerzo mancomunado de un grupo de sanjuaninos que supo encarar la adversidad, frente a la inoperancia y pasividad de un Consejo de Reconstrucción que no lograba concluir con su tarea de cumplir con sus promesas y volver a levantar a San Juan.
PALABRAS DE ESTORNELL: “San Juan, por encima de todo”
“No hablo como hombre de empresas, sino como sanjuanino. Con esta empresa, no hemos hecho más que sumarnos a la lucha colectiva de todos los días con que los sanjuaninos demuestran cuánto aman a su provincia y, cómo para ellos, antes que nada y por encima de todo, está San Juan. (…) El día aciago en que todo se desmoronó, pero sin arrasar el espíritu sanjuanino tallado en piedra cordillerana. De esa piedra que ampara y cobija a nuestra provincia, a cuyo regazo se levantan las poblaciones y los sembrados”.
Un apellido que dejó mucha huella
José Estornell nació en Valencia, España, y llegó a la Argentina en 1912. Su primer año residió en Mendoza para luego trasladarse a San Juan. Se inició en una destilería de alcoholes en 1914 comprando borras de los establecimientos vitivinícolas, hasta que pudo adquirir una pequeña bodega, dedicándose no sólo a la destilación sino a la elaboración de mistelas en cantidades considerables. La actividad como empresario bodeguero le trajo grandes beneficios, y en el año 1922 vendió su establecimiento e inició una de las más importantes empresas teatrales de San Juan. En 1917 comenzó a construir el Teatro Estornell y, al año siguiente, realizó su inauguración. El mismo ocupaba la esquina de las calles Rivadavia y Sarmiento, ubicado a sólo dos cuadras de la Plaza 25 de Mayo.
Tuvo un único hijo llamado Bautista, quien le dio un gran impulso a la tarea iniciada por su padre: desarrolló la bodega en Santa Lucía, construyó el hotel frente a la plaza, el nuevo cine que fuera anterior al terremoto y la boite que se encontraba debajo del hotel, además del Teatro Cervantes, que fue el gran teatro que tuvo San Juan. Bautista se casó con Rosa Noguera, hija de un bodeguero de la localidad de La Bebida. Tuvieron dos hijos: Jorge Enrique y Juan José. Don Bautista murió muy joven y Jorge se hizo cargo de la empresa cuando todavía no cumplía 20 años. Jorge, que se casó con Ana Gualino, descendiente de una conocida familia bodeguera sanjuanina, y tuvo tres hijos: un niño que falleció de pequeño, Héctor Daniel y Raúl.
Jorge Enrique dio un nuevo gran impulso a la empresa, primero incursionando en el campo de la construcción. Es así que construyó la primera galería comercial, el primer supermercado, el Hotel Nogaró y el edificio del Banco Popular. Paralelamente creó su empresa televisiva y trajo la onda de Canal 8 a San Juan en 1964. También incursionó en la industria del mosto transformándose en un fuerte exportador, llegando a ser el primer exportador de mosto del país. Luego de su trágica muerte provocada por un accidente en helicóptero cuando viajaba rumbo a Calingasta, le sucedieron sus hijos Raúl y Héctor Daniel. Este último se hizo cargo de la empresa pero también falleció muy joven.