¿Cita a ciegas? ¡¡Ni en pedo!! – Por Gema Gamboa
Día jueves por la tarde, suena mi teléfono, un tal Augusto, el nombra no me desagrado pero sí me pareció un tanto antiguo, su voz no estaba mal y parecía divertido, me pregunta: “¿Te gustaría cenar esta noche, paso por vos a las 21:30?” (Si algo tenía claro yo, era que ni en pedo aceptaría algo así. Es muy práctico si te encontrás con el jorobado de Notre Dame tener tu propio coche para salir cagando). A lo que conteste: “No, mejor nos encontramos ahí”. Poco después la conversación terminó. Se me olvidó preguntarle cómo lo reconocería, así que estaba más jugada todavía.
Llegó el momento y ahí estaba yo. Puntual. Después de 20 minutos advertí que el sujeto no lo era, por alguna extraña razón el tipo vino directamente hacia donde yo estaba y me pregunta (con sonrisa de medio lado y como con un tic en el ojo que todavía no puedo interpretar si era de galán o de estúpido): “¿Gema?...” Y yo: “Sí…y vos…” (¡Mierda! No sabía ni su nombre)…vos…y él, muy imbécil, contesta sobre mí y dice: “Bueno, qué más da, cenemos que estoy muerto de hambre”. Así es que se sentó y yo jamás supe su nombre (¡por Dios cómo putié a mi amiga!) No pasaron ni 15 minutos que me dice: “Uf he tenido un día terrible, no paro de discutir con mi ex mujer…” (La experiencia y los años han agudizado mi auto-defensa y mis reflejos ante estas situaciones). Sin pensarlo hice, por debajo de la mesa, que mi teléfono sonara. Tenía todo calculado por si las moscas y resultó. El teléfono sonó y sin más le dije: “Discúlpame pero tengo que irme, me hubiera encantado terminar la cena pero llegué casi una media hora antes que vos (eso era lo mismo que decir: estúpido hace casi media hora que estoy esperando y me largas el rollo de tu ex mujer y para colmo ni se tu nombre… por qué no te vas un poco a la m…) y tengo que irme”.
Así fue la primera, vamos con la segunda:
Día sábado. Me despierto temprano y mientras desayunaba miro la heladera justo donde estaban sujetas con un imán las dos servilletas con los dos candidatos restantes, Gonzalo y Mariano.
Hmmm….Hmmm… llamo, no llamo, llamo, no llamo bueno llamo, ta, te, tí: “Gonzalo”. Marco el número, me presento, a continuación una mínima charla amigable hasta que propone lo siguiente:… “En una hora te espero en el parque y hacemos juntos un poco de ejercicio ¿te parece? (sábado 10 de la mañana, un frío de cagarse y nadie menos en forma que yo, pero claro, eso jamás lo sabría). No dudé y dije: “Sí”. No sé para qué carajo dije sí. Ni sé si el tipo era lindo o feo pero el muy carbón corría más que Forrest Gump, segunda vuelta al Parque y directamente de lejos le hice señas como para que entendiera que me iba a la mierda jajaja, y el tipo siguió corriendo sin más…de más está que les diga que no funcionó muy bien.
Bueno la tercera es la vencida pensé. Dejé pasar unos días, era como mucho de golpe. De momento en mi vida sobraban pelotudos. Viernes por la tarde me anime y llame al teléfono de la única servilleta que quedaba en el imán de mi heladera: Mariano…
Casi resignada y sin mucho que perder… escucho su voz, extrañamente un tanto familiar y para mi asombro él me dice: “¿Gema? Sí, esperaba tu llamado…” ¡Wow! Dije, pero no escuchó. Sentada en el bar mirando directamente a la puerta veo que entra alguien familiar para mí… ¡Ah sí, sí, sí, sí, era él! ¡SIIIIII! ¡GRACIAS DIOS! la suerte tenía que llegarme en algún momento, sin dudas era mi noche y estaba dispuesta a todo jajaja. Además de que me sentía a punto de caramelo, era nada más y nada menos que aquel amigo (el de la edición anterior) con el que había pasado una noche de charlas y recuerdos no hacía mucho…
Lo primero fue sentir alivio de que fuera él y lo segundo fueron risas… lo tercero… jajaja una abducción marciana de tres días.
Y sí, cante ¡bingo! Jajaja de momento no doy más .
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