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viernes 3 de abril de 2026

Columna de opinión

La caída: causas y consecuencias de lo inevitable

Un experimento sin antecedentes mundiales y condenado al fracaso. Dónde estamos y algunos por qué.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Eduardo Camus

En esta columna de opinión vamos a abordar algunas de las causas y consecuencias del desplome del experimento mileísta. Spoiler: siempre pagamos los mismos. Como decía Atahualpa Yupanqui, “las penas son nuestras”.

Antes de que los comentadores seriales nos trate de golpistas: esto es solo una nota de opinión basada en el análisis del desastre del gobierno de Javier Milei y compañía. Nadie está llamando a un golpe, ni mucho menos. Las fuerzas políticas que han golpeado sistemáticamente las puertas de los cuarteles y han jugado con la desestabilización económica son otras. Milei se cae solo, por impericia, por crueldad y, sobre todo, por soberbia.

El gobierno comenzó a desmoronarse y está en una pendiente de la que no puede salir. Perdió el control de la economía, de la comunicación, del Parlamento y —más grave aún— de la calle.

Economía

En menos de dos años —en rigor, bastante menos; falta una eternidad para diciembre y antes están las elecciones de octubre— al MInistro de Economía se le cayó el disfraz de Messi de las finanzas para volver a ser simplemente Luis Caputo. El mismo que con Mauricio Macri se puso la Argentina de sombrero y hoy repite el saqueo en modo tuitero opa: del “compra campeón” al “vamos a vender hasta el último dólar”. Toto descansa en Brasil mientras el pueblo saca créditos usureros para pagar la luz.

La soberbia es el último velo con el que intentan tapar la improvisación en plena corrida. El Banco Central se ve obligado a intervenir de manera permanente, una estrategia que erosiona las reservas y multiplica la incertidumbre. El dólar sigue en alza, el Riesgo País se dispara y el costo lo terminamos pagando los argentinos, pero los de bien, los que trabajan.

En apenas tres días se quemaron más de 1.100 millones de dólares. Solo ayer, viernes 6, se fueron 678 millones para evitar que el dólar se escape de la banda superior. Para que se entienda la magnitud: con ese monto se podrían pagar más de 1,2 millones de jubilaciones mínimas, 1,5 millones de salarios docentes promedio o financiar todo un año de becas Progresar para más de 3 millones de estudiantes. Mientras tanto, el gobierno dilapida las reservas para sostener una fantasía de estabilidad que dura lo que tarda en abrir la rueda siguiente.

El último salvavidas que le queda al Ministro parece ser un préstamo directo del Tesoro de Estados Unidos de la mano de Trump: una espada de Damocles sobre el pueblo argentino. Relaciones carnales y más carnales que nunca, de las aún no sabemos cómo vamos espadear.

Comunicación

La narrativa épica del Milei libertador se desplomó junto con las expectativas. El discurso del león que ruge contra la casta se convirtió en el del presidente que echa culpas, se victimiza y se pelea con fantasmas en redes sociales. La comunicación del gobierno ya no ordena ninguna batalla cultural: desordena, fragmenta y expone la soledad del experimento.

Pasaron de mostrarse “sinceros” y de practicar una supuesta honestidad brutal con la que parte de la sociedad que empatizaba, a culpar a la Inteligencia Artificial por los audios que exponen el modus operandi de la corrupción: coimas y más coimas.

Todo esto mientras Fernando Cerimedo —dueño de La Derecha Diario— declaró ante la Justicia que Spagnuolo le confirmó lo que escuchamos todos: un palo verde para Menem y el 3% para Karina.

El blindaje mediático de los primeros meses se resquebrajó frente a la realidad. Solo hace falta abrir cualquier portal de noticias —incluso de los mal llamados “medios nacionales”— para ver la caída. Hasta Jonatan Viale, después de su papelón entrevistando al presidente y permitiendo ser censurado, hace editoriales contra el gobierno.

La vida real no es Twitter, pero de marcar a la agenda a ser meme y jingle hay una enorme diferencia.

Parlamento

Ya no hay “héroes” que le permitan a Milei sostener sus vetos. Los aliados se evaporan, los legisladores serviles ya no alcanzan y hasta algunos del PRO —si es que todavía podemos decir que ese partido sigue vivo— y ex libertarios votan en contra del oficialismo.

El Congreso insistió en leyes claves para el pueblo argentino: la restitución del Fondo Nacional de Incentivo Docente, el apoyo a las universidades, la cobertura para personas con discapacidad, los programas de salud pública. Cada insistencia legislativa es una señal clara de que Milei perdió también el tablero parlamentario.

Pareciera que la política dejó de temerle al supuesto anarcoliberalismo.

La calle

Finalmente, el territorio que todo gobierno teme perder. La inflación, el ajuste y la destrucción del salario hicieron que los argentinos nos volquemos a la calle.

La marcha federal por la educación y la salud del último miércoles fue una enorme muestra de que este modelo de destrucción de lo común encontró límites. Y conviene no olvidarlo: el camino, con persistencia y memoria, lo marcaron primero los jubilados, miércoles tras miércoles.

En definitiva, el mileísmo no se derrumba por culpa de la oposición, ni de conspiraciones internacionales, ni de la militancia peronista. Se derrumba por su propia incapacidad, por soberbia y por haber decidido convertir a los argentinos en carne de ajuste.

Pero quedó claro desde las elecciones del 7 de septiembre en la Provincia de Buenos Aires que se le puede ganar democráticamente. Se le puede ganar sin una gran presencia en redes, sin el apoyo de poderosos grupos económicos y, lo más importante, sin adoptar sus estrategias políticas.

Se le gana con cercanía, solidaridad, convicción y mucho compromiso.

Nunca, pero nunca, hay que subestimar al pueblo.

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