La famosa expresión "vamos a los bifes" se aplica por completo a la siguiente nota, donde algunos usuarios, conserjes y dueños de hoteles de alojamientos transitorios, contaron la intimidad que subsiste en los llamados "telos" de nuestra provincia. Conservando el anonimato y haciendo algunas omisiones de los lugares para proteger las fuentes (que vale aclarar no son fáciles de acceder), acá te presentamos algunas de las anécdotas que poco y nada tienen que ver con un día de rosas y bombones de San Valentín.
La mujer de la escalera
"Todos los miércoles venía una pareja y pedían la misma habitación, era una pareja de gente grande que caía con un auto caro con los vidrios polarizado y claramente andaban en una. Eran muy respetuosos como clientes porque no dejaban nada sucio, ni hacían problemas, pero un día cayó una mujer y dijo que le abrieramos la puerta a los gritos porque adentro estaba el marido. Nosotros le llamamos al cliente y le explicamos la situación y el nos pedía por favor que no la dejaramos entrar. A la señora le dijimos que ibamos a llamar a la policía sino se iba y finalmente se fue. Pero al ratito nomás escuchamos gritos en la 6 y fuimos a ver que pasaba.
Y efectivamente era la mujer de ese hombre que se había metido por una de las paredes del hotel. Nosotros ahí nomás llamamos a la policía y se armó un lio tremendo, por suerte era de tarde y no habían tantos clientes.
Después cuando todo se calmó y la gente se fue, encontramos una escalera en una de las paredes bajas del complejo, se ve que esa señora se la había traído de su casa y así logró meterse. Desde ese día reforzamos la seguridad en esa zona y nunca volvimos a ver a esa pareja, capaz que se separaron", contó la empleada de un hotel ubicado a pocos metros de Conector Sur.
Famosos y el "bobazo"
"Por seguridad nosotros tenemos cámaras en algunos sectores del hotel, pero es solo para brindar mayor protección a los clientes, aunque a veces se ve gente que es conocida en la tele o en la política. Acá venía uno de avanzada edad que es conocido en San Juan y por lo que se veía el hombre frecuentaba con trabajadoras sexuales. En este caso siempre que llegaba lo mandábamos a una de las habitaciones del principio que tienen mejores ingresos en casos de emergencia, porque nos daba miedo que le diera un 'bobazo' y tuviera que entrar una camilla", cuenta V.L haciendo mención a un chiste habitual entre los empleados de los "telos" cuando ven ingresar a un adulto mayor.
Maratones sexuales
"Por lo general la gente que viene paga un turno que son de 1 hora y media en nuestro caso y se van, pero a veces te caen algunos que le dan lindo a la cuestión. Parece que los tenían encerrados, porque llegan y se quedan 3 o 4 turnos y se escucha cada cosa. Con esos la macana que después cuando tenes que ordenar te encontras de todo. Se cuelgan y dejan el jacuzzi prendido y después queda todo inundado y ni hablar del lio con las sábanas, objetos extraños que al parecer utilizan para el acto sexual, preservativos y vidrios rotos. Uno de esos nos llamó después de las tres horas y nos preguntó si vendíamos comida, como la respuesta nuestra fue negativa, nos dijo que se iba a pedir una pizza y mientras esperaban se ve que le siguieron dando por lo que se escuchaba de esa habitación", detalló Alberto de uno de los "telos" de Calle Pellegrini.
"Abrime la puerta, que me olvide la bombacha"
"Fuimos a un telo y cuando salimos me di cuenta que me había olvidado la bombacha y no daba irme así por la vida. Le toqué la puerta y no sabía que decirle, si me olvide algo o si me olvidé la tanga. Del otro lado me habló una chica y me preguntó qué era lo que lo que me había dejado y bueno no me quedó otra que decirle me olvidé la bombacha", contó entre risas una usuaria en total anonimato. Y agregó "no me daba mirarle la cara a la mujer que me devolvió la prenda, pero cuando recuperé mi bombacha la fui revoleando y gritando ´vamooooo´ hasta el auto".
Objetos Perdidos, entre ellos dólares
En este apartado los testimonios son variados, pero tal vez el más llamativo fue lo que le sucedió a una empleada de limpieza cuyas iniciales son A.C. La misma trabaja en un hotel transitorio ubicado en Ruta 20 en Santa Lucía. "Una siempre se encuentra de todo, desde llaves, celulares, ropa, apuntes de la facultad o cosas del trabajo, pero una vez encontré una mochila que tenía un montón de plata adentro. No sé cuánto había, pero se veía que era mucha plata. Habían dólares y plata en pesos y una libreta que tenía anotado a mucha gente, nosotros nos re asustamos porque es raro que alguien se deje algo así. Le llamamos al dueño y nos dijo que nos fijáramos si había alguna identificación o algo para saber si venía alguien a buscarlo, pero solo tenía la plata y la libreta, para mi que era de un prestamista o algo peor, por eso no nos quisimos arriesgar. Después no pasaron ni 10 minutos y ese cliente nos tocó el timbre de vuelta, ahí le acercamos la plata porque nos dijo como era la mochila y en que habitación había estado. Y antes de irse me dio 1000 pesos como una atención cuando se fue", dijo A.C contenta al recibir una propina que en ese momento no estaba tan afectada por la devaluación del peso.