Por Dra. Federica G. Quijano Miceli y Dr. Pablo Ortega
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A pesar de conocer de cerca el pequeño agente causal de esta pandemia muchos son los aspectos que todavía nos son un misterio. Será que produce solo una “gripecita” como dijo Donald Trump en su momento o estamos frente a una catástrofe que viene a derrocar a la gripe española del año 1918, que dejó más de 30 millones de víctimas. Lo que sí sabemos es que se dice de todo, nunca tuvimos tanta información sobre una situación sanitaria en la historia de la humanidad y separar la paja del trigo para no terminar alimentando la psicosis colectiva resulta por demás difícil. A continuación, indagaremos sobre algunos de los temas más destacados haciendo un repaso científico para no quedar mal en ninguna conversación de alcohol en gel mientras nos quedamos en casa.
Hace una semana no se sabía bien como se comportaba el primo hermano del SARS, nuestro indeseable COVID-19. Por suerte un estudio multicéntrico publicado en The New England Journal of Medicine nos salpica de luz al respecto. “El virus es bastante transmisible por contacto casual haciendo este patógeno difícil de contener”, aunque tranquilos no se aguanta un lavado de manos, nuestra arma costo efectiva más letal contra esta pandemia. Además, nos revelan que este virus puede llegar a nosotros a través del aire y por objetos contaminados, algo común en los virus respiratorios, se mantiene hasta 3 horas en el aire 4 horas sobre cobre (como si eso le importara a los cables pelados) y hasta 24hs en cartón y eleva su supervivencia de 2 a 3 días en el plástico o acero.

Hace unas semanas, un video grabado en una UCI de un hospital de Lombardía (Italia), dejó a gran parte de sus espectadores de piedra.
Pacientes, no uno ni dos, sino más de una docena (y no de empanadas), cubiertos sólo por una sábana en sus genitales, conectados a una multitud de cables, electrodos, vías, tubos de ventilación, y todo esto estando ellos acostado, pero acostados boca abajo.
Una posición que parece simbolizar la derrota del paciente y del sistema sanitario frente al virus.
Pero no nos dejemos aterrar por estas imágenes tan impactantes. Esta posición, llamada en decúbito prono, forma parte de la realidad, y casi de la rutina de quienes trabajan en las UTI (Unidad de Terapia Intensiva) de todo el mundo. Desde hace décadas, se recurre a posicionar en prono a los pacientes con Insuficiencia Respiratoria Aguda más críticos por cualquier causa desencadenante, no es en absoluto exclusiva para las víctimas del COVID-19.
La colocación en prono mejora la ventilación y la perfusión pulmonar, facilita el movimiento del diafragma (el mayor músculo respiratorio) así favoreciendo la oxigenación sanguínea.

Ya sea porque vienen en envase pequeño, o por ser pequeños seres sensibles que manifiestas sus malestares a su manera, en la población pediátrica esta infección se suele manifestar además de los ya conocidos síntomas respiratorios con un variado abanico que parece salido de un compendio de capítulos de Dr.House. Para empezar según la bibliografía científica los pequeños representan solo el 3% del total de los infectados y suelen ser casos considerados leves. Como reza la American Journal of Gastroenterology la diarrea se encuentra en 1 de 4 de nuestros pequeños infectados además de otros síntomas digestivos como vómito y dolor abdominal. Según la Guía China de Coronavirus los pediátricos afectados suelen padecer previamente otra condición, valorando como común la co-infección, hecho que podría hacer el cuadro clínico un poco más complejo para los pediatras. Otra curiosidad sobre este rango etario que se está haciendo cada vez más notoria es la preferencia de este virus a afectar al género masculino. De todas formas, ya sea por suerte o por que la naturaleza es sabia nuestros niños parecen ser menos vulnerables a esta pandemia, ojo, pero no inmunes.

La semana pasada, investigadores del MIT (Boston, EEUU) publicaron un estudio cuyos resultados sugieren que las temperaturas cálidas podrían ralentizar la propagación del virus. Una buena noticia para los países actualmente más castigados por la pandemia, pero ojo, ralentizar no es sinónimo de detener. Así pues, la mayor parte de los contagios acontecieron en países cuyas temperaturas medias oscilaban entre los 3 y 17 grados centígrados.
En cambio los países con temperaturas más cálidas (por encima de 18 grados ) como serían los del hemisferio sur que la pandemia encontró veraneando, reúnen a día de hoy menos del 6% de los casos.
Estos resultados aún preliminares se verán confirmados o rechazados con la evolución de los próximos meses y el cambio de estación . Pero parece ser que este virus prefiere el frío.
Es cierto que oír los nombres de los fármacos que se están usando para tratar el COVID-19 pueden resultar sorprendentemente familiares a muchos lectores que padecen alguna enfermedad. Y así es, los tratamientos que se están administrando son los mismos que usan millones de personas al rededor del mundo por otros motivos. Pero ¿Porqué? ¿Acaso no tenemos ni idea de cómo curarlo?
Al igual que la gripe estacional que todos conocemos de sobras y que se autoinvita cada año a nuestras casas, el coronavirus no tiene un tratamiento específico curativo. En los casos leves, se usa Paracetamol o Ibuprofeno, fármacos que podemos encontrar en la mayoría de los hogares.
Pero para los casos más complejos el tratamiento no está claramente establecidos, pues varios fármacos han demostrado funcionar, sin demostrar que uno sea superior o mejor que los demás.
Así que no se sorprenda si ya ha tenido alguno de estos fármacos entre las manos, no es que los médicos estemos sin idea de cómo tratarlo sino que los fármacos ya existentes tienen una gran capacidad de combatir contra este virus.

En diciembre 2019, en la ciudad china de Wuhan, el Dr. Li Wenliang avisó a un grupo de colegas que había atendido a varios casos de neumonías graves de causa desconocida, que le recordaban al brote de SARS del 2003.
Las autoridades chinas le acusaron de propagar falsas informaciones por las redes y crear alarmismo, obligándole a retirar lo dicho. La censura no pudo durar mucho, pues en pocas semanas la tasa de contagio fue tan grande que impidió tapar el numero exorbitante de enfermos.
Desgraciadamente a inicios de febrero el médico de tan solo 34 años falleció por la misma enfermedad que descubrió, dejando dos hijos pequeños y una esposa embarazada. El reconocimiento llegó demasiado tarde: el gobierno chino pidió disculpas de forma póstuma e indemnizaron a la familia del joven doctor con más de 100.000 dólares. Una suma irrisoria para alguien que para decir la verdad tuvo que pagarlo con su vida.

Muchas son las cosas que no saben aún sobre el coronavirus, en situaciones como éstas es imprescindible basarnos en fuentes confiables y no dejar que la marea de información sin calidad nos ahogue. Los anglosajones usan un neologismo muy apropiado: la infoxicación.
Pero realmente cuales son las medidas de prevención que más ayudan y que todos debemos hacer.
Confiar en el cuerpo sanitario y en los investigadores , tomar en serio las medidas de confinamiento destinadas a protegernos a todos para evitar llegar a la desastrosa situación de los países europeos.
Extremar medidas de higiene en particular en las ocasionales salidas al supermercado, lavarnos las manos varias veces al día con agua y jabón (y sí, dejemos el alcohol en gel para aquellos que de verdad lo necesitan: los trabajadores de la Salud y aquellos que aún atienden al público). El virus se propaga por mucosas, ojos, nariz y boca; no atraviesa la piel sana.
Las manos son vectores, como transportadores, del virus a los orificios, hay que lavarse regularmente y evitemos llevarlas a la cara.
Es un momento para demostrar solidaridad y para tomar consciencia que éste no es un problema exclusivamente de la gente anciana, es de todos, generemos consciencia colectiva de la necesidad de cuidarnos a nosotros mismos y a todos los demás. Este es momento para demostrarnos que unidos podemos con todo, hasta con este virus que parece ir ganando por goleada.
