Sanjuanina precursora

Conocé a Angelina, la trans que trabaja por la inclusión en la Municipalidad de Caucete

La trabajadora social es parte orgullosa del staff de una nueva dirección creada  por la gestión de Romina Rosas. Su historia.
martes, 21 de enero de 2020 · 12:24

“Me encanta que el Estado tenga esta apertura”, sentencia Angelina Bárbara Sánchez, la chica trans que desde esta semana se sumó al staff de la flamante Dirección Dirección de Mujeres, Derechos Humanos y Diversidades, con la que la intendenta Romina Rosas apuesta a abordar sensibles problemáticas sociales de la comuna, relacionadas con la violencia de género.

Con su interesante personalidad, Angelina habla sin tapujos de su dura historia que le deparó violencia de pequeña, sufrida en la escuela por ser como es. Ahora con 26 años y “acorazada”, puede contarla y asegurar que su propia experiencia le sirve en la función que desempeña en la oficina municipal a cargo de Melisa Vargas.   

Recibida el año pasado en la UNSJ de licenciada en Trabajo Social, está pronta a empezar una maestría en Políticas Sociales. Angelina nació en un hogar de clase media de Capital y es la más chica de tres mujeres de un padre dedicado a rentas y una mamá comerciante.

Bullying en la escuela de varones

De chica, inició la primaria en el Colegio Don Bosco, que califica como un calvario. “La pasé bastante mal en Don Bosco. Me hicieron la vida imposible. Sufrí violencia física y psicológica. Entonces no sabía que era violencia, ahora lo veo. Me maltrataban compañeros, docentes, había curas que me trataban mal. En ese tiempo uno era el director y me echó. Le dijo a mi mamá que por ser así no me iban a recibir el año siguiente. Siempre fui muy femenina. Ahí solo había varones”.

En el gym, uno de sus cables a tierra donde siempre se sintió incluida.

Sobre esa tremenda niñez, Angelina cuenta que “ningún compañero me trató bien. Cuando armaban grupos siempre estaba sola, fue muy duro, me obligaban a ir a una psicóloga. La verdad que sufrí muchísimo. Me pegaban con la pelota. Tenía menos de 10 años. Y mucha violencia psicológica”.  

Cuando la echaron se fue a estudiar al Colegio Santo Domingo, desde tercer año del Secundario. Allí mejoró el trato, fueron mucho más humanos con ella. “Yo ya estaba más construida, me había hecho una corteza y mi familia me apoyó siempre”, reflexiona. En su casa la contuvieron de chica. “A mi papá le costó un poco, pero ahora soy su hija Angelina”, remarca.

El DNI liberador

A los 18 años, tener su identidad reconocida como mujer fue liberador. “Lo más lindo que me pasó en la vida fue conseguir el DNI. Recuerdo que me acompañó una amiga al registro civil a hacer el cambio de identidad y me llegó un 18 de enero el documento. Fue  poder ir a votar, todo con el documento nuevo, fue como volver a nacer”, asegura. Y agrega que eligió llamarse Angelina porque siempre le gustó y Bárbara porque le encantaba ese nombre a su madre.

“La facultad fue hermosa. Empecé a estudiar la carrera con el DNI nuevo y jamas nadie hizo diferencias conmigo”, dice. En la universidad pública hizo amigos que se sumaron a los de Santo Domingo, a los que los sigue viendo.

En el IPV con sus compañeros de trabajo, haciendo relevamiento habitacional.

En lo laboral tampoco sufrió discriminación e hizo varias incursiones en oficinas estatales. De estudiante fue promotora en la Gerencia de Empleos y luego estuvo en el IPV en el Centro Cívico. Ahora es parte del nuevo desafío en la Municipalidad de Caucete.

Experiencia que sirve

En la Dirección de Mujeres, Derechos Humanos y Diversidades es parte de un equipo interdisciplinario que busca proteger los Derechos Humanos de mujeres, varones y otras identidades de género y estimular la construcción de relaciones sociales basadas en la solidaridad, la igualdad de oportunidades y el respeto por las diferencias.

Desde que está activa hace pocos días, Angelina aborda unos 5 casos de violencia de género al día, trabaja tres en la oficina y dos sale a terreno con sus compañeras. Realiza entrevistas y hace informes psicolegales.

Angelina se siente atraída hacia esa rama del conocimiento. Su tesis fue sobre violencia de género e hizo prácticas profesionalizantes sobre el tema en la Municipalidad de Rivadavia. “Creo que mi historia me aporta muchísimo en el trabajo, me siento identificada con la gente”, dice sobre los dramáticos casos que escucha, principalmente de mujeres que se acercan a la oficina que atiende también a hombres maltratados. Dice que le gusta en particular Criminología y que le gustaría trabajar en el Servicio Penitenciario. “Espero estar donde me lleve la vida”, dice sobre su futuro.

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