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Violada y golpeada por su propio padre: el crudo relato de una mujer que denunció cuando fue amada por primera vez

Laura tuvo dos hijos producto de las violaciones. Fue amenazada y vejada hasta el año pasado. Pudo salir del entorno familiar en el 2018. Se animó a denunciar a su padre, quien está preso en el Penal. Su familia le dio vuelta la cara, tiene el apoyo solo de su pareja y una hermana. La lucha de una valiente. Por Natalia Caballero.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Jamás amada en 36 años, jamás protegida en 36 años, jamás besada en 36 años. Con los ojos chispeantes y vomitando su verdad, Laura transita los últimos días de su tercer embarazo, un embarazo distinto porque por primera vez su hijo es fruto del amor y no de la violación. Esta joven mujer, de ojos tímidos y corazón de acero, pudo contar que fue víctima de violaciones y golpizas de su propio padre recién cuando fue amada por primera vez. Laura tiene dos hijos producto de las violaciones, los ADN positivos de ambos fueron la prueba irrefutable que llevaron a la bestia al Penal (me tomé esa licencia como cronista, no puedo llamarlo de otra manera). 

A los doce años comenzó el tormento de Laura. Esto no significa que antes no sufriera las golpizas de su padre a los ocho hermanos y a su madre. Pero a los doce años fue abusada por primera vez. Su padre le dijo que le tenía que enseñar todo sobre sexo para que estuviera preparada cuando fuera grande. Ella no sabía ni siquiera qué era el sexo. “Empezó a tocarme, cosas así. Aprovechaba cuando no estaba mi mamá ni mis hermanos, abusaba de mí. Siempre me amenazó, me decía que si le contaba a alguien nadie me iba a creer, que nadie me iba a ayudar”, relató. 

La bestia es albañil y su madre es ama de casa. Todos los hijos tuvieron que dejar de estudiar. No había dinero, pero en realidad esta no era la única razón por la que todos los hijos fueron de alguna forma obligados a abandonar los estudios. El padre de la familia los encerró en un núcleo enfermo, en el que estaban prohibidas las conexiones con el mundo externo.

Mientras puertas afuera este sujeto vociferaba a los cuatro vientos que había que encerrar a los violadores, a su hija la violaba siempre que podía. Cada vez que Laura se quedaba sola con su padre, sabía que venía lo peor. No podía ponerse pollera porque él le decía que se ponía loco. No podía ser un sujeto deseable porque automáticamente pasaba a ser el ser deseado por su padre. 

Durante las noches Laura imaginaba que era parte de otra familia, en la que había amor y no golpes, en la que había contención y no abuso sexual. Pudo imaginarlo un tiempo, hasta que se quedó embarazada de su primer hijo. “Nadie nunca me enseñó nada, no sabía que estaba embarazada. Le dije a mi mamá que me había quedado embarazada de una persona que conocí en la verdulería donde trabajaba. Mentí”, relató. Su primer hijo es adolescente y cuando Laura denunció a su padre (abuelo y padre del joven), el chico no quiso irse con ella. Aún no procesa todo lo que le pasó. Es demasiado fuerte. 

La bestia la golpeó embarazada. Nada lo detuvo. Le pegaba a la madre de Laura y ella se ponía en el medio. “Su idioma era el miedo, no sabe ser de otro modo”, describió. Este fue el primer embarazo de tres, el del medio lo perdió producto de las golpizas del hombre, que no dudó en agarrarle a piñas la panza. 

La niñez, la adolescencia y la juventud plena las vivió encerrada. Cumpliendo con las tareas domésticas pero sin amigos, sin contacto con familiares porque estaba prohibido. “No salía ni a la puerta yo”, dijo. Sólo eran sus hermanos, su madre y la bestia acechando. Cada vez que este hombre le pedía que lo acompañara a trabajar en obras de construcción, aprovechaba para violarla y amenazarla. 

Años de vejaciones destruyeron psíquicamente a esta mujer -que es más fuerte de lo que aún cree-. No pensaba que había salida a esa vida de sufrimiento y condena que le había tocado. En las noches soñaba con otra vida, con sus hijos alejados de ese ambiente tóxico. Además del adolescente, tiene otro hijo de su padre que aún es un niño. 

A Laura le costaba muchísimo poder dormir. Tenía ataques de pánico. Aún hoy los sufre cada vez que escucha el sonido de una moto. Su padre tenía una moto, el ruido la transporta inmediatamente al acecho, al dolor, a la violación. 

Laura cumplió 37 años la semana pasada. Hasta los 36, nunca tuvo un novio. Fue besada por primera vez a los 36. Por una casualidad conoció a su pareja. Una casualidad hermosa, según dijo. Ella integraba un grupo de personas que se dedican a ayudar a merenderos. En ese grupo estaba Juan, la primera persona a la que le contó su vida. 

“Me costó cuando estuvimos juntos, me costó tener relaciones. Él me entendió, me hizo reflexionar que las cosas no eran así, que no estaba bien y que tenía que hacer un tratamiento psicológico. Lo estoy haciendo. También me animé a denunciar”, relató.  

Una discusión enorme con su familia la llevó a abandonar el hogar familiar. Se fue con Juan y su hijo menor. Y no volvió a mirar atrás. 

“Estaba mirando la televisión y escuché una niña que contaba que era violada por su padre. Me fui a la pieza a llorar, no podía dejar de llorar. Ahí le conté a Juan, me saqué un peso”, cerró. Así empezó el camino de la sanación. Va a un psicólogo y a un psiquiatra que la medica por los ataques de pánico. 

Sin mochila

Gracias a los tratamientos psicológicos y al amor, Laura se animó a denunciar en la Justicia. El caso recayó en el juzgado de Benito Ortiz. Las pruebas son contundentes. Incluso los dos ADN que certifican que los niños son hijos de su propio padre. La bestia está en el Penal y se enfrenta a la pena máxima de la Justicia. 

Cuando el hombre fue detenido, los pedazos de la familia de Laura quedaron aún más segmentados. De sus siete hermanos, sólo tiene el apoyo de una mujer. Su madre le recrimina que la dejó sin marido y sin plata para vivir. Y lo peor y más doloroso: su hijo mayor no le habla y aún vive en ese núcleo enfermo. 

Laura sólo quiere Justicia. Quiere que su padre esté encerrado en el Penal. No le desea la muerte. “Soy mejor persona que él, a veces me preocupa que esté enfermo. Tengo el corazón que no tuvo”, indicó. Además del alivio de que esté encerrado, a Laura le causa satisfacción que su madre no sufra más golpizas y se haya podido acercar su abuela. 

De la Justicia, sólo espera que su padre esté encerrado de por vida. Que Tribunales le devuelva un poco, aunque sea un poco, de confianza. 

El futuro

Mientras Laura cuenta su tremenda historia, se toca la panza -que está a punto de estallar-. Espera un varón. Ya está por nacer. Laura casi no se quiebra mientras cuenta su historia. “Me gustaría que esta historia sirva para que otras mujeres se animen, les pido a todos que no dejen solas a las víctimas de abusos, que denuncien”, pidió a la sociedad. 

Tiene un rosario en su muñeca. Es creyente. Es una valiente. Es la ama (y yo la admiro). 
 

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