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Dios Salve a la Reina en San Juan: un viaje en el tiempo a la inmortalidad

La banda tributo a Queen más famosa del mundo se presentó en el Bicentenario con exitos insuperables como Bohemian Rhapsody, Love of my Life, We are the Champions y muchos otros que hicieron delirar a los sanjuaninos.
domingo, 8 de diciembre de 2019 · 16:55

Dios Salve a la Reina no es una banda más que hace un simple tributo a Queen; es una verdadera obra de ilusión y majestuosidad pensada para volver en el tiempo. Todos los detalles concuerdan en esta idea. Desde las mismas voces, la forma de tocar la guitarra y la batería, el modo en que está montada la puesta y los mínimos detalles de ver Pablo Padín interpretando al gran maestro, hacen pensar por momentos que es Fredy Mercuty junto con Brian May, Roger Taylor y John Deacon cuando recorrían el  juntos bajo el nombre de Queen.

En cuanto a la misma interpretación habría que escribir un capítulo aparte porque el show que brindan Padín junto a Daniel Marcos, Matías Albornoz y Ezequiel Tibaldo es impresionante. De hecho estos rosarinos que le dan vida a todas las canciones que generaciones y generaciones han cantado po  50 años, y que aún siguen tan vivas como el primer día, vienen de recorrer el mundo de una gira por España y otras partes de Europa.

El show comenzó puntual como siempre, y en el lapsus que estuvieron sobre el Bicentenario inmortalizaron para siempre a una de las bandas más famosas de la historia. Algo insólito si pensamos que estos músicos a fines del siglo pasado, en 1998 para ser más específicos, no se imaginaban ser los interpretes de una de las bandas más famosas del mundo entero. De llenar estadios en varios continentes y de ser reconocidos como la fiel reencarnación de los creadores de “Bohemian Rhapsody”.

God Save the Queen se tomó básicamente como un homenaje del legado de Queen; en un principio empezó todo como cualquier grupo de jóvenes que ama la música: tocaban sus canciones preferidas, se divertían y jugaban con los arreglos. Todo era como un juego y con el tiempo se fue transformando en lo que es hoy. Con cambios de apariencia y tratar de buscar la imagen. Pablo Padín al principio no usaba bigote, ni trataba de ser Freddie Mercury. Con el tiempo se empezó a dar esta idea de: ¿qué pasa si se empieza a armar una estética además de la música? Eso dio inicio a todo lo que vimos en el Bicentenario.

 Muchos de los que estaban anoche en el Teatro sabían que iban a ver una obra majestuosa en materia de tributos, pero no llegaron a dimensionar el total parecido que se piensa tanto de lo musical como en lo actoral. Los movimientos son iguales, la batería está en el mismo lugar donde solía estar la original, las escaleras en el show y el recorrido incasable de Pablo imitando a Freddy es perfecto. Estamos seguros de que nadie  pensó en tener la oportunidad de revivir un concierto de la banda legendaria, y palabras más o palabras menos, podría decirse que estábamos viviendo un sueño. De esos que nunca dan ganas de despertarse.

Fotos: Gabriel Iturrieta

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