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sábado 6 de junio de 2026

Análisis

Una movida rápida, un garrotazo al avispero y un desafío de cambiar la cabeza

Por la única puerta entreabierta, Orrego salió de la encerrona de afrontar el año en que buscará la reelección sin fondos suficientes para infraestructura. De paso, cambió de raíz un vicioso sistema de peregrinaje a Papá Presidente por otro de Dios mercado que también tiene su riesgo.

Por Sebastián Saharrea

En la agitada historia provincial reciente hay casos bien frescos como antecedentes para este estiletazo de la administración Orrego para cambiar el sistema de cuajo. Bonos al mercado financiero que derivaron en un lastre en los 90, o costosas cuotas pendientes de créditos internacionales que ahora mismo hay que (empezar a) pagar por megaobras que no existen. Ni existirán, parece.

Como están las cosas, el escenario actual ofrecía una encerrona para la gestión de Orrego con una sola puerta de salida. Por un lado, la voluntad de hierro de Milei de cerrar el grifo de la obra pública in eternum, con excepción de alguna licitación de autopistas que por acá no pasan. Por el otro, un deterioro permanente de la infraestructura que impacta en la frente de la provincia aunque se trate de abandono nacional, y conspira contra la solidez de la administración y su proyección política.

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Vista actual, placa de José López incluída.

Hasta acá y desde hace al menos 25 años, las cosas fueron funcionando a los tumbos mediante un tubo que mezcló discrecionalidad política y sometimiento provincial. Era cuestión de caerle bien al presidente de turno, moverle la cola a algún oscuro subsecretario y arrancar algún fondo con destino a una obra provincial. Un circuito insalubre para cualquier provinciano, siempre siendo bien pensado.

Hizo un surco el Flaco Gioja, a quien todos recuerdan por su intenso activismo en cuanto despacho federal hubiera que ir a golpear puertas. Desde una megaobra hasta lo más insignificante, para todo había que ir a tender la mano y mendigar atención. Tortura política y humillación al federalismo que se solía invocar. También Escobar con los ATN de Carlos, o Uñac con sus idas y vueltas con Macri y Alberto.

Todo así, escribiendo capítulos que se recordarán por siempre. El Centro Cívico al que rescató Néstor de casi 3 décadas de conformar el monumento a la desidia (abandonado desde los 80, los electores más chicos deberían buscar en hemerotecas esas fotos del gigante de cemento pelado en pleno centro) y hoy guarda como mueca trágica una placa con el nombre de José López, el entonces ignoto secretario de Obras de Néstor, luego mejor conocido por su habilidad de revolear bolsos de dólares a los conventos.

O esa charla arriba del helicóptero en la cual Gioja arrancó a Néstor el compromiso financiero por el estadio y el teatro del Bicentenario. O aquel aporte extraordinario de 200 millones de dólares en ATN de Menem a Escobar para los diques en los 90, o más acá los fondos a Uñac para un velódromo cerrado que hoy parece un caro ornamento y sólo se usa para fiestas ocasionales. Siempre lo mismo: presentando actos heroicos de valerosos presidentes de Nación, la presunta generosidad de haber escuchado las súplicas del país profundo.

Con estaciones intermedias y variedades de mecanismos, siempre creativos y poco eficientes. Como una emisión (como ahora se pretende) de bonos a fines de los 90 por 145 millones que iban para “los” diques y se esfumó en gastos corrientes cuando a Avelín se le ocurrió justamente lo que nunca se podía hacer: insultar al Mesías, el presidente. O los actuales créditos contraídos para obras que ya se están pagando: 52 de los 100 prometidos al reino de Kuwait para el acueducto, caído bajo las dudas de la calidad de los caños enterrados, otros 100 para un túnel de Zonda que no se hará, por su escaso nivel de ejecución. Obras ausentes, las deudas son las que quedan.

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Vista actual, placa de José López incluída.

Ahora que Milei acaba de liberar a las provincias a su suerte, con lo bueno y lo malo que eso implica, a Orrego se le presentó una dicotomía de hierro: salir por la única puerta entreabierta o quedarse a llorar por los rincones.

No parece haberlo pensado mucho para llegar a la reflexión de que para poder avanzar hace falta cambiar por completo el sistema. Arrancar de raíz al modo como venía funcionando en el último cuarto de siglo: cuando no hay nadie esperando a nadie en los despachos federales, inútil intentar recrear un sistema al que le falta una pata.

Y como se trata de Orrego un gobernador con proyección política, en un contexto en el que aparece a punto de ingresar en el año en que se decidirá su reelección o no, el condimento de un activismo firme en un habitual insumo electoral como la obra pública no es un tema menor. Puede comprenderse así la presencia en cuerpo presente del mandatario en Diputados, en la bandeja reservada al público: se trata de del Día D para su gestión. Retruco además de la jugada inicial de peronismo, cubriendo el paño más temprano con sus intendentes.

Fue una jugada determinada y audaz la suya. Además de sorpresiva, escondida bajo siete llaves en la previa y presentada sin demasiado espacio para la reacción opositora: anuncio el lunes de un fondo para obras, aprobación ese mismo jueves en Diputados.

Le demandó a Orrego el compromiso de leer el panorama económico y político que tiene enfrente como nunca antes la realidad se lo había demandado. Un gobernador en recta final de reelección y sin recursos generosos para su obra, además de sin tutores políticos para ir a rezarle. Prefirió no quedarse maldiciendo en el aire por el momento delicado que le toca timonear, pero tendrá enfrente también la misión de tocar con delicadeza las teclas sensibles: la del endeudamiento.

Con los antecedentes sobre la mesa, es lógico que aplique eso de ver una vaca y llorar luego de quemarse con leche. Pero hay allí también elementos para la esgrima política. Porque si bien el mercado financiero es impiadoso en el cobro de los cupones, la ultradependencia política que exige el sistema del último cuarto de siglo también muestra su aspereza. Suele ser escenario de dependencia política, de corrupción y de ineficiencia.

Allí nomás se amontonan los ejemplos terrenales, en cuerpo y alma como para ser fotografiados, de esos vaivenes: el dispendio arbitrario de los diques, las rutas destrozadas desde mucho tiempo antes que hace dos años, un autódromo que se llena una vez por año a millonario costo en dólares para el Estado y otro tradicional que se desprecia (el Zonda), o ni qué hablar de la obra más importante del último siglo (o la que debería serlo): el acueducto para el San Juan del millón de habitantes, como se presentó al actual enterratorio de caños inútiles en el que terminó.

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El sistema financiero al que acude Orrego tiene su riesgo, verificable en nuestra historia. A él apeló Escobar para los diques en los 90, no dejó buen recuerdo. Pero ese asterisco no debe ser sistémico. Porque el sistema de emitir bonos para hacer obras funciona en todo el planeta, incluso lo acaban de suscribir otras provincias con peor perfil financiero y productivo como Mendoza o Córdoba. Lo hacen también los países “normales”, claro que sin las urgencias del nuestro.

De lo que habrá que blindarse es de la mala praxis (por ser moderado) en la aplicación del sistema, como aquella incursión del recordado De Miguel, o un recordado secretario de Finanzas de Avelín de apellido Tocino, y siguen las firmas. Y de todos aquellos que manotearon cajas asignadas a obras para pagar fondos corrientes en San Juan, como sueldos. Que no son pocos.

Hoy el tablero económico y financiero de San Juan es otro, afortunadamente. Hay números en orden, hay un horizonte de mejorar ingresos vía la minería, hay una demanda privada a la vuelta de la esquina. En parte, también, a que hubo antecedentes a favor. Lo recordó en una frase la diputada giojista Graciela Seva en Diputados: “Parece que después de Sarmiento vino Orrego”. Hubo otros, quiso decir.

En el fondo, ni el modelo hiperpaternalista de ir a pedirle a Papá Presidente ni el de recurrir al Dios mercado como tabla de salvación, son ningún yin y yan, ni buenos o malos por definición. El mercado financiero sin control es altamente peligroso para cualquier ordenamiento económico, se sufrió en carne propia en San Juan. También el sobregiro de cuotas políticas desde el gobierno federal, termina en un déficit de caja terminal, inflación, ajustes “raros”, obras paralizadas y andá a cantarle a Gardel. También pasó.

Lo que sí parece tatuado en la historia nacional y también provincial es que semejante manoseo de brutales sumas de dinero para obra pública en manos políticas de turno, como en los últimos años, genera corrupción. Al menos que desvía el eje, desde lo que corresponde a lo que sirve en términos partidarios. Y que los trámites resultan a menudos ineficientes: obras presupuestadas en 2 años que demandan 10, otras que nunca aparecen.

Es válido preguntarse entonces: un rotundo cambio de sistema como el que se anuncia, ¿elimina la corrupción? No necesariamente. ¿Elimina la discrecionalidad y la ineficiencia? No necesariamente. ¿Por qué afrontarlo entonces? Porque la única garantía de no poder eliminar esos flagelos es seguir como está, puede ser una interesante respuesta.

El debate arrancó con chicanas surtidas de uno y otro lado. La ofensiva oficial inauguró con los aires renovados de haber ganado la cuerda con un tema de alto impacto, endilgar a diestra y siniestra un interés en frenar la obra pública. Entre los reparos opositores, tal vez el más razonable sea el cambio de orden entre pedir autorización de un préstamo para obras que no saben cuáles son, cuando según ellos debería ser al revés. Deducen, entonces, que aprobarían superpoderes.

Se aprobó con varias manos peronistas, promesas de pase a degüello y cierta creatividad parlamentaria. Como la del diputado ex uñaquista y hoy guebelista Cabello, que hoy es nada menos que titular de la UOCRA y de la CGT. Sin margen para rechazar un plan que claramente favorece a su sector, encontró un atajo para maquillarlo: “Aprobamos porque nosotros vamos a terminar las obras”.

La señal es clara: Orrego se plantó el centro del ring, inauguró un cambio de matriz en el sistema político y económico, y está dispuesto a defenderlo en una pelea larga. Esta historia continuará.

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