Agustín Rossi es un personaje constante en la política argentina desde fines del siglo pasado.
Nacido en Vera, un pueblo del norte santafesino que por aquel 18 de octubre de 1959 no tenía más de 12.000 habitantes, se mudó a fines de la década del 70 para estudiar ingeniería civil en la Universidad Nacional de Rosario.
Cuando uno repasa su trayectoria ve que ese apego al cálculo, propio de la profesión elegida, es un elemento constitutivo de su personalidad como dirigente.
Rossi militó en el peronismo en los años finales de la dictadura. Ya en la recuperación democrática alcanzó una concejalía en Rosario en 1987, en las boletas de un peronismo que estaba en plena transformación, con la “renovación” pisando fuerte.
El triunfo del menemismo en la interna para la presidencial de 1989, y su hegemonía dentro del peronismo, lo alejó de la vida política. Rossi no tomó el camino de otros compañeros, aquellos diputados que conformaron el Grupo de los 8, y enfrentaron la neoliberalización del peronismo aportando a la construcción de alternativas políticas como el Frente Grande y el Frepaso.
Su regreso a la política nacional coincidió con la reconfiguración del peronismo bajo el liderazgo de Néstor Kirchner. En 2005 llegó a la Cámara de Diputados y, poco después, a la jefatura del bloque oficialista. Allí definió su rol con una frase que funcionó como método: el bloque debía ser el brazo legislativo del gobierno, asegurar su funcionamiento.
Durante el conflicto con el campo en 2008, uno de los episodios más críticos del kirchnerismo, Rossi ocupó ese lugar; difícil, por provenir de la “zona núcleo”, corazón de la pampa gringa que se había levantado contra el gobierno nacional en las rutas y capitales de buena parte del país. Su función fue sostener la estrategia oficial en el Congreso, en un contexto de alta polarización y escaso margen de negociación. No fue un mediador, sino un garante político. Eso lo consolidó como un peso pesado para adentro, y como kamikaze K para afuera.
Sobre esa condición de confiabilidad Rossi construyó su carrera manteniendo los pies bien en el centro del plato. Fue un hombre de la estructura política, pero no logró desarrollar poder territorial. Prueba de esto son las sucesivas derrotas electorales en Santa Fe, cuando buscó diferentes posiciones de gobierno. La más clara fue la sufrida en la pelea por la gobernación de su provincia, una elección en la que el kirchnerismo alcanzó el triunfo a nivel nacional en primera vuelta, con un impactante 54% de los votos.
Como ministro de Defensa -en dos períodos, entre 2013 y 2015 y 2019 y 2021- desplegó un perfil consistente con su trayectoria: gestión ordenada, evitando crisis institucionales. Militares de las fuerzas de seguridad nacional guardan un buen recuerdo de su gestión, fundamentalmente por la potente actualización salarial que dispuso. Por lo demás, no hubo grandes transformaciones en el área. Como en la política, en la gestión Rossi no sabe construir poder, pero es un especialista en su administración prolija y eficiente.
Así manejó también el bloque de diputados del congreso de la Nación: el oficialismo no debía exhibir fisuras. Eso se tradujo es una virtud, la capacidad de gestión parlamentaria. Pero trajo también un problema para un espacio político que tiene más de movimiento que de partido: se anuló el margen para la discusión interna.
En 2023 aceptó la jefatura de Gabinete del desdibujado gobierno de Alberto Fernández, en un contexto de crisis económica, con alta inflación y en las exequias de la coalición interna que lo llevó al poder en 2019.
Esa jugada fue premiada en las elecciones de ese año, con la candidatura a la vicepresidencia de Sergio Massa. Paradójica decisión: un gobierno deshilachado llevaba para iniciar un nuevo camino al ministro de Economía y al jefe de Gabinete.
El resto es historia conocida.
Rossi volvió a la Cámara tras las elecciones del 2025. Ocupa un lugar dentro de las segundas líneas del peronismo, y las grandes discusiones lo tienen, por ahora, fuera de los focos. Pero pocos dudan de que, si alguna alianza en la que el peronismo sea ordenador vuelve al gobierno, tendrá a Agustín Rossi donde se necesite lealtad, y orden. Ni menos, ni más.