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sábado 4 de abril de 2026

Las huellas de la dictadura en la Provincia

Las oscuras memorias sobre la bicicletería Palacios

Por primera vez y para registro judicial se hizo días atrás una inspección ocular y reconstrucción para saber cómo fue el secuestro de la modelo Marie Anne Erize y el asesinato de Daniel Russo, en octubre de 1976. Datos reveladores, tras 36 años de esos macabros hechos que se investigan en el megajuicio por delitos de lesa humanidad en San Juan. Por Miriam Walter.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Miriam Walter
mwalter@tiempodesanjuan.com

Marie Anne Erize hubiera cumplido en marzo último 60 años, si no la hubieran secuestrado ese mediodía del 15 de octubre de 1976 en la puerta de la bicicletería Palacios, a pocas cuadras de la plaza 25 de Mayo de San Juan. Qué fue de la modelo franco-argentina se fue reconstruyendo a lo largo de 36 años con retazos de recuerdos de testigos de ocasión y de gente del entorno de la bella militante de Montoneros, quien habría terminado sus días en el centro clandestino de detención y torturas local más truculento, La Marquesita.

Por eso, que 36 años después de lo que pasó todas las partes que participan en el megajuicio por los crímenes de lesa humanidad en la Provincia (tribunal, querella, fiscalía y defensa de ex uniformados) fueran a recorrer las veredas de calles General Acha, Abraham Tapia y Esquiú; que una empleada judicial se tirara al suelo resistiéndose a que se la llevaran como lo habría hecho Marie Anne; que alguien más hiciera lo mismo para emular al joven Daniel Russo, quien murió a los pocos días producto de las balas que recibió a escasos metros de esa misma bicicletería; y que en un mismo espacio y tiempo confluyeran los relatos de los que estuvieron ahí en esos oscuros momentos, pero esta vez para el registro oficial de un Tribunal que juzga por primera a los ex militares señalados como responsables de las aberraciones de la época; todo eso convirtió a esa mañana de miércoles de agosto de 2012 en un momento histórico.

¿Qué dejó en limpio la inspección ocular en la zona cercana a donde funcionaba la bicicletería Palacios, en General Acha y Abraham Tapia? Que hubo violencia tanto con Erize como con Russo; que la modelo se resistió a que se la llevaran; que hubo un gran operativo tanto con ella como con el joven al día siguiente; que a él no lo asistieron como correspondía porque los uniformados no dejaron ni que le acerquen agua y si bien la balacera fue al mediodía del sábado, recién a la medianoche de ese día lo ingresaron al Hospital Rawson;  que nadie le vio al militante un arma; que la Policía de la Provincia sí tuvo responsabilidad en los procedimientos porque se leyeron actas policiales que dan cuenta de las detenciones de la modelo y de Russo; que por primera vez declarara una nueva testigo llamada Laura Haro, quien precisó que ese viernes de 1976 ella tenía 10 años pero se acuerda que saliendo del colegio vio el zapato de Marie Anne tirado en la calle luego del operativo y que el sábado, cuando la mandaron a comprar presenció cuando cargaron malherido “como una bolsa” en una camioneta a Russo, “aullando” del dolor. 

Datos que quedarán plasmados en los cientos de fojas que nutren el megajuicio en busca de la verdad y que juzga a los uniformados Jorge Olivera, Osvaldo Martel, Daniel Rolando Gómez, Horacio Julio Nieto, Alejandro Lazo, Gustavo De Marchi y Francisco Del Torchio.

El recuerdo del bicicletero

“Después de declarar uno queda por unos días bastante depresivo porque uno revuelve muchos hechos y cosas que creía enterradas. Yo pienso que el país se arregla con Justicia. El tiempo pasó y al ir declarando y pensando, memorizando las cosas, uno corre riesgo de escuchar opiniones y creer haberlo visto”, dice Domingo Palacios a Tiempo de San Juan. Él tenía 37 años cuando trabajaba junto a su señora en la bicicletería de los padres de él y es el testigo vivo clave del momento en que se llevaron a Erize.

“El día del secuestro yo llegaba de hacer diligencias bancarias, veo que una chica que había salido con su bici arreglada. Había dos o tres autos grandes que no recuerdo el color y uno claro que podría ser un Sedan o R6 de color claro, con gente de civil que se bajó. Habrá sido un minuto. A mí me apuntaron con una pistola y me dijeron ‘metete adentro’, me metieron al negocio, donde había personal del taller y 2 o 3 clientes. Ella quiere revelarse, ahí sale mi papá porque pensábamos que era una diferencia de pareja y lo meten al negocio y a mí también. Y hubo un forcejeo grande, vi que ella se tiraba al suelo y ya había quedado la bici tirada. A mí me dijeron que a la bici la deje adentro”, relató.

“Ella había ido antes del mediodía a la bicicletería, dijo que se le había pinchado la bici que era de dama, de color oscuro, de marca conocida, y pidió que le repararan la cámara, quedó pagado el arreglo. Habló con mi papá de eso nomás. Cuando volvió habrá pasado una hora y pasó todo el problema en la vereda” , agregó. “Dos o tres minutos después vino una movilidad con gente uniformada que no sé de qué fuerza serían, a preguntar qué había ocurrido, creo llegaron en una camioneta pero no estoy seguro. Los que bajaron eran 4 o 5, les contamos todo y salieron rápidamente detrás de los otros y los perdimos de vista”, recordó Palacios.

“Al otro día vino Russo, tipo once de la mañana a preguntar si no fue una chica a buscar una bici y le contamos  lo que había pasado. Nos dijo que la bici era de él y si podía llevarla. Quedó en volver más tarde porque para dársela se comprobaba primero si no le fallaba la presión. Ese día vino gente uniformada que yo creo que eran del mismo origen de los de la camioneta del día anterior. Ellos preguntaron si alguien había venido a buscar la bici, yo les dije que un muchacho. Ellos querían detenerlo dentro de la bicicletería y yo les dije que no, que lo hagan afuera. Y se fueron. Cuando el muchacho apareció yo le di la bici y le dije: ‘te están buscando’.

Él no dijo nada y caminó por General Acha hacia el club Esquiú. Pasaron como 5 minutos y enfrente de mi casa se paró la camioneta con él herido en la parte de atrás, yo lo veía vivo. Mi madre quiso darle agua pero no la dejaron. Estuvo como media hora ahí, y mientras tanto estaban dispuestos 4 o 5 personas en la calle, armadas, como esperando algo. Nosotros mirábamos por la vidriera, le hablé a mi señora para que no salga y metí los empleados para el fondo”, señaló a Tiempo de San Juan.

Palacios dijo que no reconoce a ninguno de los militares que están siendo juzgados en la escena que él presenció. “A Olivera lo vi tiempo después en  los programas de Grondona pero no me consta haberlo visto el día del secuestro”, aseguró.

 

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