Diez meses de matrimonio y una relación de años con idas y vueltas por la turbulenta vida de Justo Celedón. Estaba dicho que aquella relación no iba a funcionar y Dora se lo dejó bien claro, pero él no lo aceptó. Tanto que, como un perro que se aferra a un solo lugar, el exconvicto merodeó la casa de su joven exesposa hasta que una tarde entró a buscarla y la mató salvajemente con una pistola y un cuchillo frente al hijo de ambos.
La historia de Dora Ramona Díaz es una más de los tantos femicidios registrados en San Juan desde que se tenga memoria. Su asesino fue su exmarido Justo Evangelista Celedón, ese hombre que bajo la excusa de la infidelidad acabó con la vida de esa chica de 21 años la tarde del lunes 10 de julio de 1961 en un lote de Villa Salvador María del Carril, Rawson.
Las crónicas de la época señalan que Justo Celedón y Dora mantenían una relación sentimental de años. Se puede interpretar que ella era adolescente cuando conoció a ese sujeto, tres años mayor. De hecho, tenían un hijo de 4 años fruto de ese noviazgo o concubinato que nunca terminaba de formalizarse.
Celedón
Justo Evangelista Celedón, el femicida.
Con Celedón nunca se sabía. Él siempre andaba al margen de la ley por su malograda vida vinculada al delito y cada tanto volvía a meterse en problemas. Los artículos periodísticos destacan que había estado recluido en la cárcel pública y recuperó la libertad en octubre de 1960.
Al salir del penal se reencontró con Dora Díaz y se propusieron formalizar la relación. El 18 de noviembre de 1960 contrajeron matrimonio y Celedón se fue a vivir con su joven esposa a la casa de la familia Díaz, en Villa Salvador María del Carril, aunque, en vez de unirlos más, la convivencia se tornó conflictiva.
Los problemas de pareja se agudizaron y en junio de 1961 Dora le puso fin a la relación. Celedón aseguró después que no fue de común acuerdo. El expresidiario afirmó que la joven y su suegra, doña Ramona, cambiaron de actitud en esos meses que compartieron el mismo techo y le hicieron la vida imposible hasta que lo echaron de la vivienda.
Él contó su parte y se victimizó en toda esta historia. Lo que no confesó fue que no respetó la decisión de Dora y más se empecinó con ella. Como una bestia que acecha a su presa, Celedón ni siquiera abandonó el barrio y buscó refugio en los alrededores con tal de vigilar día y noche a la madre de su hijo.
El propio Celedón adelantó a una vecina que iba a matar a su esposa. Además, días antes del crimen, ya había conseguido una pistola automática y un cuchillo.
En ocasiones pasaba la noche en la vivienda de algún conocido, pero la mayoría de las veces se guarecía en la casilla del guardabarrera de las vías del viejo ferrocarril San Martín que atravesaba todo Rawson. Mientras tanto, venía maquinando la idea de atentar contra Dora y trataba de justificarse con los rumores que decían que ella se estaba viendo con otra persona.
Una vecina de apellido Puebla cruzó a Celedón el 8 de julio y lo notó alterado. La mujer declaró que el expresidiario fue tajante e hizo un comentario sobre Dora, pero, además, dijo que iba a matarla. Para entonces él ya lo tenía decidido. En esos días, mientras andaba por Albardón, sustrajo una pistola automática calibre 765 a su cuñado. Al guardabarrera del ferrocarril le robó un cuchillo tipo carnicero.
Justo Celedón aguardó el día y la hora precisos. Y eso fue el 10 de julio de 1961, minutos después de las 16. El exconvicto, que vigilaba la casa de la familia Díaz, se aseguró de que Dora estuviese sola en la vivienda y entró a buscarla.
La joven se encontraba acostada junto a su hijo de 4 años, pero eso no lo detuvo. Justo Celedón sacó el arma y gatilló directo a la cabeza de la chica. Increíblemente, los disparos no salieron. Ella reaccionó y trató de ponerse de pie para enfrentarlo, mientras el chico corrió a pedir ayuda. Él fue más rápido. Sacó el cuchillo que llevaba calzado en la cintura y le largó unos puntazos.
Dora cayó a consecuencia de los dos cuchillazos que recibió en el pecho. Justo Celedón la dejó tirada y escapó de la casa. Al rato apareció en el centro sanjuanino e, interesado por saber si la había matado o no, caminó hasta la puerta de un diario local para preguntar si conocían de un hecho de sangre en Rawson.
Una comisión policial constató el deceso de Dora en el lugar y dio parte a las autoridades judiciales. Más tarde, la noticia del asesinato se propagó y Celedón tomó conocimiento de la muerte de su exesposa. Ahí meditó. Sabía que era en vano escapar, entonces decidió entregarse en la Comisaría 6ta de Rawson. Entregó la pistola y el cuchillo al uniformado que se encontraba en la mesa de entrada y le confesó que era el autor del asesinato en Villa Salvador María del Carril.
En la instrucción de la causa, Justo Evangelista Celedón volvió con la versión de la infidelidad como argumento y justificación del crimen. Su defensa planteó la teoría del asesinato cometido en estado de emoción violenta. Pero no le alcanzó para convencer al juez Gerardo Otazú, del Cuarto Juzgado del Crimen, quien en agosto de 1963 condenó a Celedón a la pena de reclusión perpetua y lo envió de nuevo a la cárcel.
Chapa de violencia de género 1
FUENTE: Sentencia del Cuarto Juzgado del Crimen del Poder Judicial de San Juan, artículos periodísticos de Tribuna y Diario de Cuyo, y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.