Luego de varias semanas de juicio, el próximo viernes se conocerá la sentencia por el intento de femicidio en Chimbas, que tiene a Matías Olmedo en el banquillo de los acusados, y por ello la posible pena genera gran expectativa. Es que la definición del debate se da en medio de un clima caldeado por el caso de Agostina, que sacude al país.
En el aniversario del movimiento feminista Ni Una Menos, la reacción social, política y cultural contra de la violencia de genero que nació 11 años atrás, el caso sanjuanino que estuvo cerca del final fatal reaviva las llamas, lo mismo que lo hace a nivel nacional el femicidio de la niña de 14 años en Córdoba.
La familia de la víctima local, una chica de 21 años, que de milagro sobrevivió al brutal ataque de su ex en enero de 2025, exige justicia al igual que las organizaciones sociales que acompañan, cómo la propia Ni una menos y la Asociación de Familias Unidas por el Dolor del Femicidio.
La imagen del potencial femicida fue un detalle que no pasó inadvertido, ya que no solo llamó la atención su extraña actitud durante las audiencias en Tribunales, en donde se lo observó como con los brazos abiertos si estuviera rezando, sino que además fue su apariencia la que despertó reacciones.
A simple vista, se lo ve de contextura física pequeña y casi inofensivo. Con una estatura aproximada de 1.65 metros y un peso de apenas 60 kilos, su rostro y corte de cabello de un adolescente lo hacen ver como un pibe más. Fue por ello que este diario lo bautizó como el potencial femicida con cara de niño. Sin embargo, detrás de esa fachada se encuentra un hombre capaz de desatar una violencia demencial.
Y por más frívolo que resulte referirse a la presencia de quien está acusado por tentativa de homicidio doblemente agravado, ello puede linkearse con un tema del que se está hablando y es que en ¿dónde están los femicidas? o ¿dónde se esconden los violentos? Si bien no son todos los hombre, casualmente, siempre es un hombre el que ejercer la violencia y acaba con la vida de una mujer.
Pese a la diversidad de pruebas en su contra, la defensa de Olmedo -encarnada por César Oro- ha sido negar el hecho y desmentir la versión que afirma que quiso estrangular a su novia, le propinó golpes de puños y hasta apuñaló unas siete veces en la zona del rostro y el cuello. Incluso, personal policial manifestó que el sujeto se encontraba encima de ella cuando llegaron al lugar.
Todo ocurrió en el interior de un domicilio de Villa El Salvador, cuando la discusión de pareja se fue de las manos y desató la ira de Olmedo, quien la agredió y le provocó serias heridas. La propia víctima aseguró que vio "todo negro" y que luego se desmayó. Confesó que creyó que se moría. No obstante, la ayuda llegó rápido y evitaron lo peor.
Pese al paso del tiempo, la víctima quedó con secuelas tanto físicas como psíquicas. Por una parte, su visión quedó comprometida y con la visión reducida. Por otra, lidia con un trauma que no la deja dormir sola, que no puede estar en silencio y en el oscuro. Todo producto del recuerdo que esas situaciones le generan.
Con valentía, la joven acudió a Tribunales, testificó frente al tribunal colegiado y pidió justicia. Leyó una carta para que los jueces, Mabel Moya, Flavia Allende y Javier Figuerola, conocieran cómo atravesó el calvario. "Quiero que me escuchen, no sólo como a una víctima", manifestó ante las autoridades que emitirán el veredicto.
La fiscalía pidió la pena de 12 años de prisión efectiva bajo la calificación de tentativa de homicidio agravado por el vínculo y en contexto de violencia de género (tentativa de femicidio). Por su parte, la querella -representada por Gustavo Sánchez y Ana Valentina Sánchez Salmuni- solicitó 22 años de condena efectiva.