El policía que trabajaba en CISEM fue condenado este miércoles por la Justicia a 6 años de prisión efectiva, después de que lo encontraran responsable del delito de abuso sexual en perjuicio de su ex pareja y madre de sus hijas. Tras la resolución judicial, la víctima que padeció un calvario en sus manos contó cómo fue su experiencia y confesó que, de no haber pedido ayuda a tiempo, "estaría muerta".
"Me pone en paz la sentencia, aunque siento que no es suficiente por todo lo que viví", señaló la mujer que aseguró que perdió un embarazo por culpa de una golpiza que el uniformado le propinó. Si bien reconoció que durante más de 10 años sufrió violencia de género de parte del sujeto identificado como J.A.C.O, tuvo que perder un hijo que tenía 12 semanas de gestación para cambiar su situación.
La denunciante que tomó la decisión de acusarlo con las autoridades en marzo de 2020 recordó que, después de la pérdida del bebé que esperaba en 2019, decidió separarse y creyó que eso sería la solución. "No lo denuncié antes para proteger a mis hijas. Pensaba que con separarme de él todo iba a terminar. Pero me equivoqué, se volvió más violento y yo no podía decir basta", declaró.
Es que a pesar de que finalizara con la relación e incluso una orden judicial le prohibiera acercarse a su ex, al policía que fue trasladado al Servicio Penitenciario no le importó nada y, además de incumplir con la medida perimetral, abusó carnalmente de la mujer.
"Lo peor de todo es que sigue diciendo que me dio todo, que me quería. Solo una persona enferma puede decir eso después de lo que me hizo", expresó con bronca.
Lamentablemente, esa violación a la que fue sometida no fue la primera. A lo largo de sus años de relación, en varias oportunidades la obligó a tener sexo aunque ella se negaba, según aseguró. "Yo le decía que no, que parara, pero a él no le importaba, seguí y hasta que no terminaba no paraba. Yo era suya y tenía que dejarme porque él así lo quería".
Acorde detalló la víctima, el hombre encargado de procurar la seguridad de los sanjuaninos progresivamente la condujo a convivir con la violencia. "Para estudiar yo me tenía que arrodillar, tenía que ir vestida a la facultad como él quería, no me tenía que maquillar ni siquiera depilar. Y si se enojaba, descargaba su ira conmigo. De no ser por mi hija más grande, no se si seguiría viva, creo que me salvó la vida más de una vez porque le pedía al padre que se marchara", contó.
Analizando lo que vivió, la víctima que se mantuvo fuerte y evitó romper en llanto cuando ofrecía detalles de su pesadilla reconoció que le cotó salir del espiral de violencia y que de no ser por la ayuda de otros, nunca habría salido adelante. "Me pegaba y lo perdonaba, hacía lo que quería con mi cuerpo y después lo minimizaba, me trataba de exagerada. Hasta que un día dije basta. Tenía terror, pero me animé", sostuvo.
Para la denunciante, el sometimiento fue progresivo. "Desde que estábamos de novio ya era violento conmigo y eso fue creciendo con el tiempo", indicó y siguió: "Fueron escenas de celos, amenazas, malos tratos hasta llegar al golpe. Un día me pegó una cachetada por llegar más tarde de la facultad. Después de eso todo fue peor".
Una de las tantas veces que supo lo que era el miedo en carne propia fue cuando el uniformado le apuntó con su arma de fuego reglamentaria. "Me oriné encima. Estaba toda su familia observando la situación y me tuve que encerrar en el baño para llorar. No podía más", recordó.
Si bien se mostró conforme por la pena, adelantó que no parará hasta que el hombre que le hizo perder un hijo sea castigado por ello. "Espero que mi historia le sirva a alguna mujer que está en la misma situación que estuve yo. Yo no voy a juzgarla, la voy a acompañar. Yo también pensé que era amor", cerró.