En las inmediaciones de la Terminal de Ómnibus yace la casa del horror, donde una joven con retraso mental sufrió la violencia física y sexual a manos de su propio padre y su tío, un médico de Calingasta, durante años. Este viernes, la justicia castigará a uno de ellos mientras que el otro será absuelto pues no se encuentra en su sano juicio. Quizás a este último, otro tipo de 'justicia' lo haya alcanzado antes.
La historia es repugnante y data de 1988, cuando la víctima tenía 17 años y su madre falleció. Como su padre se había ido a vivir a Capital por razones de trabajo, la joven no tuvo otra opción que mudarse con él y fue en ese momento en el que su pesadilla se desató. Los maltratos físicos y los abusos sexuales se volvieron una constante, a tal punto que el sujeto la dejó embarazada, la obligó a parir y a abandonar a la criatura en el Hospital Rawson.
Si bien la muchacha tenía 21 años en aquella oportunidad, en 1992, pasaron ocho años para que recién confesara lo sucedido. Esa mujer que tiene la madurez de una niña de nueve años tomó coraje y contactó a la única persona de confianza que tenía: una docente que la había educado. Tras advertir el horror, intervino y, aunque no acudió a la justicia para denunciar el hecho, se hizo cargo de la muchacha.
Con intenciones de recomponer el vínculo, el padre se mostró interesado en seguir viendo a su hija y la mujer que la había socorrido accedió a ello. Fue entonces que la víctima comenzó a visitar una vez por semana a su progenitor al domicilio situado en calle Pueyrredón, donde también vivía el tío. Lo que en apariencia era un simple paseo a la casa de sus familiares se transformó en una seguidilla de aberraciones que se extendieron durante 18 años.
Una vez más, la muchacha explotó y contó el calvario que padecía no sólo por obra de su padre sino también de su tío, quienes se aprovechaban de su inocencia para agredirla sexualmente al mismo tiempo y en las formas más perversas. La docente que sintió responsabilidad moral radicó la denuncia en ANIVI -en 2018- y el proceso de investigación judicial que hoy está a punto de finalizar se desencadenó.
Del documento de la causa al que accedió Tiempo de San Juan se desprenden detalles repulsivos sobre los diversos ataques sexuales a los que fue sometida la mujer discapacitada por más de 30 años. En las declaraciones de la principal testigo, la denunciante que prestó oídos a la víctima, describió cómo el padre y el tío aprovechaban las ocasionales visitas para perpetrar los abusos. La bañaban y entre los dos hacían lo que querían con ella, sacando ventaja de su indefensión.
"Los actos se llevaron a cabo aprovechándose de su inmadurez mental y utilizando medios coactivos contra la victima, todo lo cual le impidió dar su consentimiento. Asimismo, el modo de ejecución deja en claro la intención de los autores de cosificar a la víctima y obtener placer sexual de ello", indicó el fiscal de la causa en el pedido de elevación a juicio.
A dos años de que la olla se destapara, los vecinos de la zona recuerdan vagamente a esos hombres aunque algo les quedó bastante claro: "Eran una familia rara". Encerrados y sin mantener relación con el mundo exterior más próximo, en la vivienda del jubilado y del médico ocurrían barbaridades sin que los cercanos tuvieran idea alguna.
Hoy no recuerdan haber visto alguna vez a la muchacha y, como sus visitas eran esporádicas, el dato no llama la atención. Además, cuentan que las puertas y ventanas de esa casa que dan a la vereda siempre estuvieron cerradas. "Uno no sabía si en verdad vivían o sólo venían a dormir. El movimiento era muy poco. Nunca una reunión social ni nada", sostienen.
Por todo lo sucedido, uno de los involucrados recibirá una condena en la Sala III de la Cámara Penal. Se trata de su tío, el profesional de la salud que permanece tras las rejas desde hace dos años, quien luego de haber negado las acusaciones durante el período de instrucción admitió haber cometido los abusos sexuales contra su sobrina, en la instancia de juicio abreviado.
Será la jueza Silvina Rosso de Balanza (secretaría de Adrián Elizondo) quien resolverá si acepta la propuesta de juicio abreviado que le presentaron el fiscal Daniel Galvani y abogado defensor Henri Peralta. Una pena de 10 años por los delitos de abuso sexual gravemente ultrajante y abuso sexual con acceso carnal reiterado fue lo que el médico (hoy de 68 años) admitió ante la magistrada.
En tanto que el padre de la víctima, hoy de 79 años, se encuentra detenido con prisión domiciliaria en un hogar de ancianos, al igual que su hermano, desde noviembre de 2018. Sin embargo, no serán juzgados ya que en días anteriores el sujeto de mayor edad fue declarado inimputable a causa de una enfermedad mental: el mismo sostuvo que tiene Alzehimer, según precisaron fuentes judiciales.