El crimen fue atroz. Juan Ignacio Navea, de 17 años, golpeó brutalmente a una mujer discapacitada y la violó mientras agonizaba; más tarde la ejecutó destrozándole el cráneo con una pala. Por ello, el 4 de diciembre de 2013, la Sala I de la Cámara de Apelaciones en lo Penal y Correccional lo encontró culpable y lo derivó al juzgado de Menores para que resolviera la situación.
Pasaron más de 4 años para que finalmente el juez del Primer Juzgado Penal de Niñez lo sentenciara a 10 años de prisión en febrero de este año y, tras un recurso de casación interpuesto por la Fiscalía, agravaron la condena a 15 años de reclusión.
La Sala Segunda de la Corte de Justicia, compuesta por Caballero, De Sanctis y Medina Palá, dio lugar al planteo de la Fiscalía y revocó el primer fallo sólo en lo referente al monto punitivo por inobservancia y errónea aplicación de la normativa, cita el fallo.
Además se modificó la figura de prisión a reclusión, algo poco habitual, dado el ensañamiento con el que el imputado cometió los delitos encontrándose en su total juicio.
Por el tiempo que tardaron los Juzgados Penales de Niñez, en la misma resolución, se aplicó un severo llamado de atención para los jueces de menores que tuvieron en manos el expediente. Es que tras considerarlo autor de los delitos de abuso sexual con acceso carnal y homicidio agravado por conexidad en el juicio que se efectuó en la Sala I de la Cámara Penal, pasaron 4 años y dos meses para resolver.
El juez Jorge Toro y la jueza María Julia Camus fueron quienes recibieron el tirón de orejas sobre todo la magistrado que necesitó 2 años y 4 meses para declararse incompetente. "ambos desplegaron una actuación tibia, desprolija y ciertamente lenta" sostuvo el fallo.
Toro señaló la complejidad del caso por tratarse de un menor y los cambios que existieron en los juzgados de menores durante ese tiempo, sin embargo reconoció sus errores y aceptó la crítica.