conmovedora historia

El cuento de hadas que se transformó en una película de terror

Conoció a su ex marido vendiendo productos en la calle. Pasó de vivir en una casa humilde a una mansión. Durante su matrimonio sufrió desde golpes, cuchillazos y hasta agresiones de sus propias hijas. Salió del infierno y su caso se convirtió en un emblema de lucha en la dirección de la Mujer. Por Natalia Caballero
sábado, 5 de diciembre de 2015 · 09:03


ncaballero@tiempodesanjuan.com

 

En la dirección de la Mujer describen su caso como emblemático por la lucha que tuvo que protagonizar para dejar atrás 18 años de un infierno dominado por los golpes, el maltrato verbal y hasta cuchillazos. En ese soltar tuvo que dejar a sus hijas mayores, que optaron por quedarse con el padre-hay una batalla judicial que las tiene en el medio-. En la Justicia califican los testimonios de las integrantes de la familia como "aberrantes”. A. A (pidió reserva de identidad) logró salir de ese horror gracias a varias casualidades en las cuales estuvo involucrada Victoria Benítez, subdirectora de la Mujer. Un matrimonio que comenzó como un cuento de hadas y se terminó transformando en una película de terror.

A.A tenía 17 años cuando arrancó con la venta callejera. La hermosa jovencita, de una figura envidiable, conoció a su ex esposo ofreciéndole productos en una oficina céntrica. Él era un empresario calero, conocido por sus propiedades en Sarmiento. Ella venía de un hogar humilde y él tenía un pasar acomodado. Lo que empezó siendo una amistad se transformó en un noviazgo. Al poco tiempo de estar juntos realizaron un viaje, que los apegó más y arrancaron juntos un proyecto. 

A los pocos meses de iniciada la convivencia vivió el primer episodio de violencia, el primero de miles. "Pasé con él por la casa de un ex mío que yo le había comentado y recibí una cachetada solo por mirar”, recordó. Rompió en llanto al recordar el momento. "Sentís como todo junto, como que abrieron algo en vos. Pasó el tiempo y era tanto el amor que dejé pasar las cosas. Lo malo es cuando tu vida la ponés en manos de otra persona, veía por los ojos de él. Justificás el golpe, la pensás de distintas formas y pensás que se enojan porque vos hiciste mal las cosas”, narró la mujer, de 36 años.

Poco a poco, su pareja le empezó a prohibir cosas como vestirse con pantalones ajustados, usar el cabello suelto o mirar a los costados cuando hay hombres. "Después arrancó una campaña de bronca hacia mi mamá, a toda mi familia”, relató.

Antes de cumplir los 18 años, se quedó embarazada. Como tenía expresa prohibición de visitar a sus suegros por haber nacido en Chimbas, vivió en un hotel. "Mientras estaba embarazada me pegaba con toallas mojadas, los golpes de puño. Mi madre me vio golpeada y me dijo que no eran así las cosas. No le hice caso y dejé de tener contacto con mi familia”, contó A. A. Durante 18 años no vio a nadie de su familia, su padre murió en el 2005 y se enteró meses después.

Tuvo cuatro hijos, tres niñas y un varoncito. Los chicos crecieron en un ambiente de violencia. Las dos más grande, de 16 y 15 años se sumaban a las golpizas. "Mi marido me pegaba y estando tirada en el piso ellas colaboraban. Me patearon la cabeza”, contó. La relación con las chicas se volvió muy tensa. "Yo las amo, quisiera que estuvieran conmigo pero ellas están enfermas y defienden al padre”, agregó.

A lo largo de una década, la vida de A.A se fue transformando en un infierno. Fue recibida en la casa de sus suegros, una mansión en la que abundaba el lujo pero también los maltratos. Negra de mierda, prostituta, inservible, puta. Todos los días recibía un insulto de ese tenor por parte de su marido y a veces hasta de sus suegros. El maltrato verbal se intercalaba con otro tipo de violencia. Su ex marido la obligaba a comer en cantidad para engordarla de manera desmedida y que nadie se fijara en ella. A.A mide 1,60 y llegó a pesar 120 kilos.

Al recordar sus días de maltrato constante, la mujer se quiebra. No deja de llorar. Los enormes ojos marrones se le llenan de lágrimas, corta la conversación y al cabo de unos segundos se reincorpora.

Los golpes y el maltrato aumentaron cuando el empresario perdió el emporio que habían montado sus abuelos en Los Berros. "Vivíamos en una mansión pero no teníamos camas y él no vendía el Mercedes Benz. Eran solo apariencias, no teníamos nada. Como la situación económica era desesperante empecé a vender masitas dulces”, recordó A.A.

Cuando arrancó a trabajar la situación se empezó a poner peor. Caminaba 140 cuadras por día y trabajaba de sol a sol. Los sábados arrancaba en Capital y se iba a Caucete en la tarde. Toda la recaudación diaria se la entregaba a su ex esposo.

A.A recibía palizas todos los días y su ex esposo hasta la sacaba en pleno invierno a dormir a la calle. Cuando le mujer le dijo a su marido que se quería separar, el hombre le puso un arma en la cabeza. Las últimas golpizas fueron muy grandes. El cuerpo de A.A evidencia los años de malos tratos. Tiene cicatrices de tajos en su cuerpo, quemaduras y dos luxaciones en los brazos como consecuencias de las palizas.

Vendiendo fue como conoció a Victoria Benítez, la subdirectora de la Mujer. De su boca escuchó hablar sobre violencia de género, una realidad que le era demasiado habitual. Vendiendo también fue como empezó a abrir los ojos. Las clientas la veían toda golpeada y la aconsejaban que se separara. "Llegó un momento en el que no me importaba nada, era como un barco sin timón. Me sacó toda la gente que quería”, dijo. A.A.

Una clienta de A.A le abrió los ojos. Fue la primera vez que habló con alguien. La profesional no podía creer la tremenda historia detrás de la "mujer del carrito”, como la conocían todos. Fue esa conversación la que la inspiró para recurrir a un abogado.

La noche antes de la separación le contó a su suegra su decisión. Aunque sabía que no contaba con su apoyo, era una especie de figura materna en su vida. Mientras le hacía masajes en los pies, le dijo que había recurrido a un abogado y que se iba a separar.  A.A describió con lujos de detalles el momento en el que pegó el portazo: "Mi suegra le contó todo al hijo. Cuando llegué a la noche de trabajar, me estaba esperando mi ex marido. Me golpeó, me dio tal paliza que no pude dormir. Al otro día, hice la comida, lavé la ropa. Iba a llevarme mi hijo más pequeño pero me dijo que me iba a matar si lo hacía. A dos cuadras de mi casa rompí en llanto, contacté a un vecino de mi madre y me recibieron”.

Su familia la fue a buscar a la dirección de la Mujer y se reencontró con su madre 18 años después. "Encontré a mi madre enferma. Mi mamá me contó que pasó noches sin dormir porque escuchaba gritos de auxilio, que me veía llorando, sufriendo. Tiene mucho miedo que me pueda pasar algo, recibo amenazas de muerte, de todo. Ella tiene miedo”, reveló A. A envuelta en lágrimas.

Después de dos meses y medio la Justicia le dio la custodia de sus dos hijos menores. Las mayores quisieron quedarse con el padre. Patricia Sirera lleva el caso. La funcionaria judicial dijo que este caso fue uno de los más horrorosos en los que haya intervenido.

Con las esperanzas de poder reconstruir su vida, de que sus hijas mayores reciban tratamiento, A.A pasa sus días. Tiene miedo aún. Llora, por el tiempo que perdió junto a su ex marido pero se emociona al saber que se dio cuenta, que no va a ser una víctima más de la violencia, que no la pudieron silenciar a pesar de los intentos. Por primera vez en 18 años, A.A es libre, libre para ser feliz. 

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