María Norma Campusano nació en Santa Lucía, San Juan, y desde muy joven supo que quería consagrarse a Dios. Fue monja de clausura durante casi cinco décadas, pero un “llamado dentro del llamado” la llevó a salir del convento para cumplir una misión inesperada: acompañar a niños enfermos y abandonados en el Hospital Humberto Notti de Mendoza.