No era solamente la infidelidad lo que lo atormentaba. Le dolía más verse engañado, que otro hombre lo reemplazara y, sobre todo, que hirieran su orgullo machista. Y aunque ni siquiera tenía certeza de quién era el supuesto amante de su mujer, “El Petaca” se dejó llevar por su rabia y fue a un domicilio de Albardón con la intención de pescarlos in fraganti. Tocó la puerta y preguntó por el dueño de casa y, cuando Leonardo Ávila salió, gatilló su revólver contra la cabeza de ese muchacho.
El detalle de esta historia fue que Fabricio Javier “El Petaca” Salinas se equivocó e hirió a la persona equivocada. Leonardo Ávila no tenía nada que ver con la infidelidad. Él ligó ese disparo por error y el crimen no se consumó sino quince horas después. El joven de 23 años falleció a media mañana del martes 1 de junio de 1999 en la sala de terapia intensiva del Hospital Guillermo Rawson.
La sangrienta novela comenzó días antes, cuando a Salinas le llegó el chusmerío de que su concubina lo estaba engañando. La tarde del 31 de mayo, la mujer salió bien arreglada de su casa en la zona de Chimbas. “El Petaca”, que de por sí era desconfiado, sospechó que iba a encontrarse con alguien y disimuló como si nada pasara.
Se despidió con naturalidad y aguardó un rato para luego cargar su revólver y salir a buscarla. Él ya contaba con información. Sabía que la muchacha solía concurrir a una casa de la manzana C del Consorcio Ricardo Balbín, en Albardón, y supuso que estaría en ese lugar con su amante.
“El Petaca” Salinas buscó a su amigo Pablo “El Monito” Pérez y le pidió que lo acompañara en su moto Daelim 50 cc hasta Albardón. Una versión decía que le adelantó que iba a arreglar cuentas y necesitaba que le cuidara la espalda, aunque también circuló la teoría de que llevó engañado a ese otro joven.
Eran las 20 de ese lunes. Salinas descendió del ciclomotor y golpeó la puerta de la vivienda. Adentro se encontraba reunido un grupo de amigos, entre ellos Leonardo Ávila y Daniel Mercado. Uno de los jóvenes salió a atender y se encontró con “El Petaca”, quien, sin dar explicaciones, pidió hablar con el dueño de casa.
El muchacho le respondió que ya se lo llamaba y se metió de nuevo. Al instante salió Leonardo Ávila a ver quién lo buscaba. Nunca se aclaró si se conocían o no. Pero la versión es que “El Petaca” preguntó si su mujer estaba ahí. El dueño de casa le respondió que “no”, pero no terminó de hablar cuando recibió un disparo en la cabeza.
Ávila se desplomó en la entrada de su casa. Sus amigos escucharon el estruendo del disparo y amagaron con salir, pero Salinas largó otro balazo hacia el interior de la vivienda. Éste después subió al Daelim de su acompañante y aceleraron para darse a la fuga. En esos instantes también salió Juan Ávila con intenciones de perseguirlo, pero se frenó cuando observó que “El Petaca” efectuó dos tiros para intimidarlos.
Esa noche, Fabricio “El Petaca” Salinas desapareció de su casa y de todos los lugares que frecuentaba. Es que la Policía comenzó a buscarlo al poco tiempo de que Leonardo Ávila ingresara al borde de la muerte a la guardia del Hospital Guillermo Rawson. Uno de los amigos del joven herido lo había reconocido.
Alrededor de las 10 del martes 1 de junio de 1999, Ávila falleció como consecuencia del daño cerebral provocado por el disparo. En principio, los familiares del joven relacionaron el ataque con una venganza por la denuncia de un robo y la mención de los nombres de supuestos ladrones que había hecho Leonardo.
A los días se supo la verdad. Salinas fue a esa casa a buscar a su pareja y pensó que ésta lo engañaba con Leonardo Ávila. Pero no era así, se había equivocado. La víctima nada tenía que ver en ese embrollo; el supuesto amante era otro de los jóvenes, según la causa judicial.
Ya nada remediaba lo hecho. Estaban frente a un homicidio y los policías de la Brigada de Investigaciones de la Central de Policía de San Juan redoblaron la búsqueda de Salinas y su amigo. Conocían a “El Petaca”: era hijo de Miguel Ángel “El Macho” Salinas, un conocido delincuente de las décadas del 80 y 90 que murió en 1997.
“El Petaca” no aguantó muchos días en la clandestinidad. El viernes 11 de junio, Fabricio Javier Salinas tomó un remis en compañía de su hermano y el abogado Horacio Merino, y se entregó en Tribunales. Ese día fue detenido e imputado por el delito de homicidio simple. Otro que cayó preso fue su amigo Pablo “El Monito” Pérez, como supuesto cómplice y partícipe del asesinato.
Los dos fueron juzgados en octubre de 2000 en la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional. Los jueces dieron por acreditada la autoría material del asesinato por parte de Fabricio Javier Salinas, tiraron por tierra la teoría de la defensa propia y lo condenaron a la pena de 10 años de prisión. En el caso de Pablo “El Monito” Pérez, el tribunal no dio por probada su participación en el asesinato y lo absolvió por el beneficio de la duda.
“El Petaca” fue confinado en el penal de Chimbas, pero no tardó en ser noticia de nuevo. En noviembre de ese mismo año fue protagonista, junto a otros 25 reos, de la histórica toma de rehenes y la fuga del Servicio Penitenciario Provincial. La aventura le duró poco: a los días fue recapturado y cumplió su condena. Hoy no se sabe qué es de su vida.