¿Sabías que sentarse mal en el bondi, o en el subte, tiene nombre? Se llama manspreading, y es una actitud contra las que las feministas suelen protestar, y con razón.
No sólo ocupa más lugar del que necesita el pasajero perjudicando la comodidad de los demás, sino que la posición es francamente ordinaria y en un punto, exhibicionista.
Contra esto hacen campaña algunas activistas del feminismo, como Anna Dovgaliuk, una rusa que lidera esta movida en la bella San Petersburgo. Consiste, simplemente, en echar cloro en la entrepierna del maleducado.
La joven militante promete que con su grupo expandirán la campaña a ciudades como Kazán y Moscú.
¿En que terminará? ¿Estás de acuerdo con estas acciones o se pasaron de la raya?