Paloma Valencia nació 19 de enero de 1978 en Popayán, en el corazón de una de las familias más tradicionales de Colombia. Creció entre apellidos que pesan: nieta del expresidente Guillermo León Valencia y heredera de una estirpe que combina política, pensamiento y poder cultural.
Paloma Valencia: la apuesta del uribismo por reconquistar el alma conservadora de Colombia
El domingo Colombia vota en una eleccion clave. Heredera de una tradición conservadora y discípula del uribismo, Valencia enfrenta un comicio donde la derecha llega dividida y sin garantías de hegemonía.
Abogada, economista y con formación literaria en Nueva York, su perfil mezcla la técnica con la narrativa. Antes de ocupar bancas, fue columnista, criticando al establishment que luego terminaría integrando como figura.
De senadora uribista a figura nacional
Su salto a la política institucional llegó de la mano de Álvaro Uribe, la figura de la derecha colombiana en el siglo XXI. Desde 2014 ocupa una banca en el Senado por el Centro Democrático.
Allí se consolidó como una opositora férrea a los acuerdos de paz con las FARC y a las políticas de los gobiernos posteriores, cuestionando cualquier tipo de negociación con la guerrilla.
Con los años, dejó de ser solo una vocera del uribismo para intentar convertirse en su renovación. En 2025 fue elegida candidata presidencial del partido, imponiéndose en la interna y consolidando su liderazgo dentro de una fuerza que, sin el poder que la aglutine, muestra grietas.
Ideología: orden, mercado y valores
La propuesta de Paloma Valencia puede asimilarse a la del macrismo en Argentina, que electoralmente también fue superada. En el caso de Macri, por la radicalización mileista. En el caso de Valencia, por el extremismo de Abelardo de la Espriella, que la supera por casi 20 puntos en los pálpitos electorales para el domingo, y la dejaría afuera del balotaje contra el petrismo.
Las consignas responden a la derecha clásica.
En seguridad, propone una expansión significativa de las fuerzas del orden y una política de “cero impunidad”. En economía, impulsa reducción de impuestos, promoción de la inversión privada y un fuerte respaldo al sector minero-energético, incluyendo la reactivación de combustibles fósiles.
En el plano social, reivindica valores tradicionales y cuestiona avances progresistas en temas como el aborto. Su narrativa combina orden, familia y crecimiento económico, una tríada que apunta tanto al votante conservador como a sectores desencantados con la izquierda.
Su campaña intenta reconstruir la promesa uribista original: seguridad democrática y crecimiento.
La campaña: entre la unidad y la fractura
En la recta final, Valencia quedó atrapada en una tensión estructural: representar a toda la derecha en un escenario donde la derecha está dividida.
Su enfrentamiento con Abelardo de la Espriella expuso esa fractura. Lo acusó de prácticas manipuladoras y de acercamientos cuestionables, rompiendo cualquier posibilidad de unidad automática en segunda vuelta.
Al mismo tiempo, intentó correrse hacia el centro, buscando votos fuera del núcleo duro uribista. Pero ese equilibrio es inestable: ampliar su base sin perder identidad es, probablemente, su mayor desafío político.
Sus seguidores la describen como una figura menos polarizante dentro de la derecha, capaz de convocar más allá del uribismo tradicional. Sin embargo, el contexto general -marcado por el desgaste institucional y la polarización- juega en contra de ese intento de moderación.
El pronóstico: competitiva, pero no favorita
A días de la elección, los números son claros y también duros. Paloma Valencia aparece relegada frente a otros candidatos, con alrededor de un 14% de intención de voto en encuestas recientes.
El escenario muestra una disputa principal entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, dejando a Valencia en un tercer lugar competitivo pero insuficiente para liderar la primera vuelta.