La historia política de Iván Cepeda Castro no se entiende sin la violencia que atravesó a Colombia durante décadas. Hijo del dirigente de la Unión Patriótica Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1994, su vida quedó marcada por el exilio, la persecución y una decisión que nunca abandonó: hacer de la política un terreno de disputa por la memoria, la verdad y la justicia.
Iván Cepeda, entre la memoria y el poder: el candidato que quiere profundizar el cambio en Colombia
Este domingo Colombia vota en una elección clave. El candidato del petrismo lidera la primera vuelta, pero enfrenta una elección atravesada por el desgaste del oficialismo y una oposición en alerta que confía en llegar al balotaje.
En 1965, cuando Iván Cepeda tenía 3 años de edad, su familia fue forzada al exilio. Se dirigieron hacia Praga, Checoslovaquia; en 1968 cuando las tropas del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia la familia migró hacia La Habana, Cuba. Regresaron a su país en 1970.
Años después, licenciado en filosofía, convertido en senador y referente del progresismo, Cepeda se transformó en una figura central del espacio que hoy gobierna Colombia: el Pacto Histórico. Desde allí, y con el respaldo del presidente Gustavo Petro, busca ahora dar el salto mayor: la Casa de Nariño.
De las víctimas al centro del poder
Su recorrido político comienza como fundador del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado. Construyó su legitimidad lejos de las estructuras tradicionales. En el Congreso, donde desembarcó en 2010, se consolidó como una voz incómoda, especialmente por sus denuncias sobre el paramilitarismo y su enfrentamiento directo con el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
En paralelo, se convirtió en uno de los operadores políticos clave de los procesos de paz, participando en instancias de diálogo con las FARC y promoviendo negociaciones con otros actores armados. Esa identidad de negociador incansable es hoy uno de los ejes de su campaña.
Un programa para profundizar el “cambio”
Cepeda no propone una ruptura con el actual gobierno: propone ir más allá. Su plataforma electoral es, en esencia, una radicalización del rumbo iniciado por Petro.
Apunta a una reforma tributaria más progresiva, la expansión del Estado social, la Renta básica y universalización de derechos, la continuidad de los acuerdos de paz y la transición energética con menor dependencia extractiva.
Su discurso apunta a consolidar un modelo donde el Estado tenga mayor peso en la redistribución y en la regulación económica, con fuerte anclaje en los sectores populares.
Una elección abierta, tensa y polarizada
A días de los comicios, Cepeda llega como uno de los nombres más competitivos. Las encuestas lo ubican al frente, aunque lejos de una victoria definitiva. El escenario más probable es un balotaje.
Del otro lado, una oposición fragmentada pero intensa intenta capitalizar el desgaste del oficialismo. La inseguridad, el malestar económico y la polarización configuran un clima electoral cargado de incertidumbre.
En ese contexto, el candidato del Pacto Histórico enfrenta su principal desafío: retener el voto propio y, al mismo tiempo, ampliar su base en un electorado que muestra señales de fatiga con el gobierno actual.
Entre la continuidad y el desgaste
Cepeda encarna una paradoja. Es, al mismo tiempo, la continuidad de un proyecto político y la apuesta a su profundización. Pero esa doble condición también lo expone: carga con los logros y con los costos del gobierno de Petro, el primero de la izquierda que gobierna Colombia.