En la recta final hacia las urnas de las elecciones de este domingo, el nombre de Abelardo de la Espriella emerge como una figura tan disruptiva como incómoda para el sistema político colombiano. No es un dirigente tradicional, ni un parlamentario curtido en el trámite legislativo: es, ante todo, un abogado penalista mediático que decidió saltar desde los estrados judiciales al centro de la escena electoral, con un discurso de confrontación directa y una estética de outsider que busca capitalizar el malestar social.
El "Tigre" Abelardo de la Espriella, el experimento político colombiano de una derecha sin complejos
Este domingo Colombia vota en una elección clave. Inspirado en liderazgos de mano dura, Abelardo de la Espriella se está metiendo en el balotaje proponiendo un giro drástico en seguridad y economía, en una campaña que mezcla carisma mediático con polarización extrema, y similitudes asombrosas con el perfil de Javier Milei.
El abogado que hizo de la exposición su trampolín político
Nacido en 1978, formado en Derecho y forjado en los tribunales, De la Espriella construyó su nombre defendiendo causas de alto impacto público. Su estudio jurídico lo llevó a representar tanto víctimas emblemáticas de violencia de género, como en los casos de Natalia Ponce de León o Rosa Elvira Cely, como figuras controvertidas del poder y la economía, como David Murcia Guzmán, un Cositorto colombiano a gran escala, que fue extraditado a Estados Unidos y cumple una condena de 22 años de prisión. Esa dualidad alimentó tanto su visibilidad como las polémicas que lo acompañan hasta hoy.
Durante años cultivó un perfil público híbrido: jurista, empresario, figura mediática, incluso cantante ocasional. Pero el giro decisivo llegó en 2025, cuando lanzó su candidatura presidencial con el movimiento Defensores de la Patria, una estructura nacida por fuera de los partidos tradicionales y alimentada por un discurso nacionalista, conservador y de fuerte impronta antipolítica.
“El Tigre”: identidad, discurso y promesa de orden
En campaña, De la Espriella se presenta como “El Tigre”, una marca personal que combina dureza retórica y promesas de orden. Su programa propone mano dura contra la delincuencia —incluyendo militarización, megacárceles y eliminación de políticas de paz— junto con una reducción drástica del Estado, baja de impuestos y apertura a inversiones como el fracking. En lo ideológico, se ubica en una derecha radical que reivindica valores tradicionales, cuestiona agendas progresistas y se inspira abiertamente en figuras internacionales de liderazgo fuerte.
Las tensiones en la derecha y el límite de su crecimiento
Pero su ascenso no ha sido lineal. La campaña ha estado atravesada por conflictos con otros referentes de la derecha, especialmente con Paloma Valencia, quien lo acusa de prácticas agresivas y de erosionar la posibilidad de un frente común conservador. Esa fractura expone una debilidad estructural: De la Espriella crece como figura individual, pero divide el espacio político que necesita para consolidarse.
El termómetro electoral: entre el ruido y la posibilidad real
En ese contexto, su pronóstico electoral aparece como una incógnita cargada de tensión. Por un lado, logra captar el voto más duro contra el gobierno de Gustavo Petro y seduce a sectores desencantados con la política tradicional, posicionándose como un outsider con llegada emocional a parte del electorado. Por otro, la evidencia disponible sugiere que no lidera la contienda: la izquierda y el progresismo llegan competitivos, mientras la derecha lo hace fragmentada.
Así, el escenario más verosímil, a horas de la votación, lo ubica en una disputa por entrar a una eventual segunda vuelta más que como favorito claro para ganarla. Su propio objetivo estratégico parece ser ese: quedar segundo y forzar un balotaje donde el voto opositor pueda reagruparse detrás de su figura.