análisis

Se viene una campaña light

En dos meses, entre las Paso y la general, la situación económica por la crisis nacional desbarrancó visiblemente. Escenario difícil para consignas políticas. Por Sebastián Saharrea
sábado, 4 de mayo de 2019 · 11:11

Por citar un día aproximado al azar, el 1 de marzo pasado la agenda informativa provincial estaba atascada de movimientos políticos: candidatos apareciendo por todos lados, caminatas, encuestas, runrunes. Faltaba un mes para las elecciones primarias, las Paso, y en el mundillo político había desesperación por aparecer.

Hoy falta más o menos lo mismo, un mes. Y la elección no es una interna, sino que es la que realmente vale. La que designará a los nuevos funcionarios para los próximos 4 años entre el generoso lote de candidatos que quedó de aquellas Paso: casi los mismos, con un puñado de excepciones que son los descalificados en los pocos lances internos.

Pero ahora el clima no es el mismo, ni siquiera parecido. Y eso que aquella elección del 31 de marzo apenas fue una aproximación para el verdadero turno electoral que será el próximo 2 de abril. Ahora, el delicado clima ambiental se percibe fácil en la escasa ponderación del dilema electoral sanjuanino en las mesas de café. También en el poco interés de la agenda informativa: hay contadas caminatas de oficialismo u oposición, no hay manifestaciones públicas salvo las mínimas, no hay ni rastros de esa euforia de aquellos días de marzo. Lo convalidan los cuarteles políticos de cada fuerza: pocos anuncios, pocas pinturas en las calles, poca militancia visible.

 ¿Qué fue lo que ocurrió para que se apagara esa llama, cuando lo natural y razonable sería que recrudezca, a la luz de la validez de un comicio y otro? La primera respuesta, excluyente, es el evidente deterioro de la economía nacional, la asfixia que ocasiona la crisis en las familias, que complica la presentación de propuestas políticas o el mero trámite de recrear un ambiente de debate.

Aquel primero de marzo el dólar cerró en 39,10 en el Banco Nación y el riego país que mide la JP Morgan se ubicó en 714 puntos básicos. La inflación mensual en los primeros dos meses del año, enero y febrero fue de 2,9% y 3,8% según el Indec, lo que llenó de angustia a la gente y llevó al funcionariado a estimar que había tocado pico y ahora comenzaría a bajar. La nafta Premium estaba en 44 pesos y la tasa de interés para las Leliq –las que secan la plaza de pesos y apuntalan la recesión- cerró en 50,21%.

Un escenario nítido de asfixia que dos meses después se transformó en una tormenta. Lejos de tocar piso, la economía siguió en caída libre. El dólar tocó el fin de semana los 46 pesos y tuvo picos de 47,50, lo que llevó al BCRA a reformular por completo su política monetaria. El riesgo país escaló casi 250 puntos desde aquel 1 de marzo para situarse sobre los 960. La inflación pudo ser peor, registrando en abril un 4,9%, empujada al alza por el combustible, que en esos dos meses saltó a 50 pesos y los estacioneros de San Juan anuncian que el precio sigue “atrasado” y por eso se esperan un nuevo salto a fin de mes. Lo que obligó a un acotado acuerdo de precios que en San Juan se cumple poco, apenas unos kilos de costilla empaquetada a $150. Y para redondear, una tasa de interés al 74% para las Leliq, que paraliza a la economía y lleva al empresario Pyme a pagar hasta el 120% para descontar un cheque y no interrumpir la cadena de pagos.

Sólo el activismo de la administración provincial pone paños fríos a la situación en San Juan, pero se conoce que no es todopoderosa. Desde hace tiempo que viene jugando a la inversa de la administración nacional: ofrece inversión pública y desarrollo frente al ajuste impiadoso que baja la administración de Macri. Y los resultados son evidentes en el circuito económico con el circulante estatal en los sueldos públicos ajustados aún según la altísima inflación (como ocurrió el año pasado), la salud, la educación, la cultura, el deporte o la obra pública, sólo por citar un puñado de casos.

Como ejemplo, el reelecto presidente del Colegio Médico contó en Paren las Rotativas la semana pasada la desesperante situación del sector privado de la salud, con clínicas y sanatorios que directamente no pueden ajustar sus ingresos según lo que a ellos les aumentan los insumos (la mayoría importados, a precio dólar), y el único motivo por el que el sistema no ha colapsado: que la Obra Social Provincia, su mejor cliente, mantiene los pagos puntuales.

Pero las arcas del estado provincial se nutren mayoritariamente por la coparticipación de dos impuestos nacionales golpeados por la crisis, el IVA y Ganancias, además de la recaudación local también ralentizada. En el último año, el aumento de los ingresos alcanzó el 37% pero la inflación fue de un 50% anual, lo que marca una pérdida notoria en términos reales.

En obra pública, el gobierno provincial destina entre el 50% y el 100% más de recursos en los emprendimientos en marcha, por reajustes por inflación. Esto quiere decir que si obra fue presupuestada y adjudicada en 100, ahora están pagando hasta 200 para que no se detenga y siga ofreciendo mano de obra.

Conducta opuesta a la de la administración nacional, el protagonista excluyente del problema inflacionario, con tendencia generalizada a la paralización de las obras. Como atestiguó en San Juan los casos de la Ruta 40: tres años y medio del acceso Sur clausurado por la obra frenada, luego reiniciada por el aporte provincial. Que generó una deuda aún impaga de $2.000 millones.

“La provincia está haciendo un esfuerzo muy grande porque no queremos parar las obras, seguramente no vamos a poder largar todas las nuevas que estábamos pensando. Sí queremos continuar con las que hemos empezado y hay algunas nuevas que son estratégicas y trataremos de llevarlas adelante”. Lo dijo el ministro Ortiz Andino y marca una luz amarilla.

La crisis nacional no discrimina entre las provincias: hasta a las más ordenadas y mejor administradas como San Juan le terminan llegando las esquirlas. Como el caso de cualquier empresa: podrá tener el mejor CEO, los mejores emprendedores, pero habrá un factor Argentina (inflación, consumo por el piso y ausencia total de crédito) del que no se podrán desmarcar.

El gobernador Sergio Uñac anunció el viernes un paquete de medidas para dar pelea en la provincia al flagelo nacional. Consiste en frenar la indexación de las cuotas del IPV y revivir esa especie desaparecida y vital para el circuito económico local: el crédito. También como pulmotor para el consumo, seguramente servirá para atenuar el impacto.

Mal clima igual para cualquier campaña política, como la que toca ahora. Ni para el oficialismo local, enrolado en la oposición nacional que busca plantear una alternativa a la gestión de Macri. Ni para la oposición sanjuanina, enrolada en el macrismo nacional con dirigentes más o menos cercanos al PRO, muchos de ellos funcionarios de la gestión nacional. Y pese a la reciente bomba que dejó Orrego al asegurar que no pertenece a Cambiemos, pese a que el senador Basualdo (quien encabeza el partido al que pertenece el santaluceño) anunció que seguirá firme en el bloque macrista.

Campaña que por el otro lado ha dejado pocas emociones pendientes. Apenas el resultado de un par de departamentos (Iglesia, en menor medida 9 de Julio o hasta Rivadavia), pueden anticipar lances con algo de incertidumbre, según la radiografía política de un par de meses atrás.

 

 

 

 

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