OPINIÓN

Cuadros, Jaitt y las redes

El abogado que pegó el portazo en la Magistratura alegó acoso informático. Algo debería haber detrás, ante la flojera del argumento. Por Sebastián Saharrea
sábado, 07 de abril de 2018 · 00:00

Todos están (estamos) sometidos a las mismas reglas de la nueva convivencia social designada por las redes. Pero utilizarlo como argumento para desistir de espacios institucionales, eso es toda una novedad que acaba de inaugurar el abogado Oscar Cuadros con su portazo del Consejo de la Magistratura con el argumento de haber sido víctima de esos anónimos.

Si el criterio se generalizara, podría ocurrir lo mismo con todo funcionario o persona pública que se precie de tal, desde el Presidente de la Nación en catarata hacia abajo, incluyendo a todos los dirigentes políticos, opositores, periodistas, estrellas de la canción surtidos y ni qué hablar de Sampaoli.

Parece haber llegado para quedarse eso de aprovechar el anonimato facebookero y twittero para disparar munición pesada, lógicamente sin chequear, en formato de campaña o presumiblemente falsa. O una subespecie, de reciente descubrimiento para algunos sorprendidos: la campaña de denuncia televisiva con protagonismo estelar de los servicios de inteligencia y el concurso de alguna producción inescrupulosa buscando rating.

La ametralladora disparada por la autodefinida prostituta VIP Natacha Jaitt no dejó títere con cabeza en la mesaza. Cayeron muñecos pesados bajo esos disparos implacables. Del tamaño de Alejandro Fantino, por caso toda una celebridad que algo maneja del arte de la cirugía. Y con cargos de los más complicados con los que a uno se lo pueda embadurnar, como es la pedofilia, y sin el más mínimo documento de prueba más de lo que alguien me dijo. Difícil, si no imposible, de remontar.

Del mismo modo se tiran con cadáveres en el gran escenario político nacional, bien lejos de  que los tribunales judiciales luego confirmen lo que circula en redes o en escritorios periodísticos que se sirven de ellas –o las imitan- con la misma liviandad. Magnicidios de grandes figuras judiciales, crímenes de bandas mafiosas por el tráfico de precursores químicos que podrían hasta haber decidido elecciones.

Trolls para acá y trolls para allá, esta nueva subespecie que significan cuentas falsas manipuladas para simular que la opinión pública está pensando o diciendo cosas que no piensa ni dice sin que alguien los agite. En cuyo arte aparece siempre señalado nada menos que el jefe de gabinete Marcos Peña, pero en lo que la oposición peronista no parece ser nada inocente.

Trolls, justo la palabra empleada por Oscar Cuadros para declararse ofendido y salir disparado de la sala del Consejo reunido para entrevistar a los postulantes a reemplazar a Caballero Vidal, no sin antes plantear las semillas de una trampa cazabobos para desmerecer el trámite. Habrá perdido de vista Cuadros que por definición los trolls son anónimos, manipulados por alguien o no, que multiplican un mensaje hasta convertirlo en una especie de verdad virtual que no es tal, pero al que todas las personas públicas están sometidas.

Tanto él como el mismo ministro Emilio Baistrocchi -como en su nota confiesa haber apuntado en un intercambio de opiniones- están sometidos a lo mismo. Incluyendo al Gobernador, al Presidente, el entrenador de la selección y a quien escribe estas líneas en esta misma nota, sólo por citar casos puntuales. O a Fantino, quien tiene difícil despejarse de las pegajosas acusaciones de Jaitt y dispone de un aparato inigualable para compensar operaciones u ocasionar daños equivalentes y aún mayores.

Ni para él es fácil despejarse del efecto de esas redes o versiones en formato Jaitt. Lo que resulta prácticamente imposible de imaginar es que Fantino decline su participación en Animales Sueltos ante la ofensa anónima e infundada que recibió. Tan improbable como montar una campaña de solidaridad con el presidente Macri por los comentarios irrespetuosos e injuriantes que recibe de a miles a diario.

Vaya a saber lo que pretendió Cuadros en la reunión del miércoles a las 17 horas en las que dijo haber mantenido un intercambio de opiniones con sus pares. Si lo que pretendió fue un gesto público de solidaridad, pareció un exceso prestar atención a esos anónimos dándoles estatura institucional. Que, por otro lado, muchos otros integrantes del mismo órgano también sufren sin responder con semejante pataleo.

Peor aún, Cuadros se fue sin formular renuncia explícita y colocando allí una semillita que más tarde podrá servirle para apelar en territorio judicial: ante la indefinición y el faltazo, obligó al Consejo a resolver su reemplazo para esa elección puntual, actuaciones que luego podrán ser atacadas a nivel judicial. Por el propio Cuadros, por ejemplo. O por la conducción del Foro, que juega como coequiper.

La inconsistencia del argumento con el que pegó el portazo, una victimización por una supuesta campaña de trolls en las redes sociales, no deja demasiado remedio que suponer que esconde algún otro fin detrás. Los efectos que objetivamente causa son una demora en el proceso de elección del cortista, un entorpecimiento del proceso en general con acusaciones de supuesta gravedad.

El relato cronológico de los hechos también apuntala esa línea. Una semana atrás, la conducción del Foro se tomó de una nota presentada por el abogado Cayetano Dara en la que objetó al otro consejero proveniente del estamento abogados, Marcelo Navas. Lo objetó por estar presuntamente incurso en la Ley de Ética Pública por haber sido letrado de una repartición del Estado. Navas se había apartado voluntariamente porque participaba del concurso su socio de estudio Miguel Dávila Saffe, quien luego retiró su postulación y por eso Navas volvió al Consejo.

Pero el Foro pidió formalmente el martes que se retirara a Navas del Consejo, lo que fue sometido a votación entre los 5 integrantes: el resultado dio 4 a 1 en favor de la permanencia de Navas, con el único voto en contra de... su colega Cuadros.

Justo al otro día se produjo el incidente de las redes, con las consecuencias conocidas de un portazo sonoro al grito de haber sido víctima de una cuenta de Facebook. La velocidad exprés en que se produjo el desenlace y cierto aire de acting que todos los presentes pudieron notar en toda la operación descubre un hilo por el donde pueden cómodamente circular sus pretensiones. Teñir de anormalidad el proceso de recambio en la Corte, convocar a los fantasmas de las malas artes, por medio de la introducción de instancias a la fuerza para que se tropiece.

El propio ministro Baistrocchi se mostró sorprendido por la contradicción de Cuadros de atacar al sistema con su desplante, luego de haber participado en el concurso anterior como postulante. Incluso, de haber movilizado a fuerzas civiles para ir a pedir en su nombre.

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