Editorial

Orrego, entre el alivio y el desmarque

La historia secreta de la nominación del intendente como cabeza de lista de Cambiemos. ¿Cambiemos? El operativo rebautismo para correrse de Macri.
sábado, 08 de diciembre de 2018 · 10:17

Por Sebastián Saharrea

Alivio, antes que nada. Eso es lo que generó entre sus compañeros de ruta política, ahora en pleno rebautismo desde la vieja y pesada denominación de Cambiemos, el anuncio de Marcelo Orrego como postulante a la gobernación por el espacio.

Para todos ellos, los que tienen mayores chances (especialmente en los departamentos) y los que no, no es lo mismo competir con una fórmula al tope de la boleta con el nombre del intendente santaluceño, que con el de algún otro plan B que nadie quería.

Había sobrevolado hasta días antes del anuncio el nombre del diputado nacional Eduardo Cáceres como alternativa si el jefe comunal renunciaba a la cita, como amagó hasta último momento.

Hubiese sido una calamidad para el espacio hasta ahora identificado como Cambiemos en San Juan: esos postulantes de distritos con aspiraciones dieron el golpe en la mesa y amenazaron ellos también con bajarse si no contaban con la tracción de un candidato a gobernador competitivo que los ayudara. Para ellos, lejos de impulsarlos, Cáceres los tiraba para atrás. Nunca lo hubieran pronunciado en on, pero sí se cansaron de deslizarlo off de record desde el entorno del intendente de Rivadavia Fabián Martín, Rodolfo Colombo en Capital o el mismo hermano de Orrego en Santa Lucía.

Peor aún, no sólo salir a defender los trapos en un contexto difícil como lo es confrontar contra un oficialismo provincial fuerte y con el lastre de la pertenencia macrista, sino encima sin un remolque eficiente y la propina de un cabeza de lista que lejos de atraer es refractario con los votos como el máximo referente del Pro en San Juan. Hubiesen sido demasiadas contras juntas, como jugar en cancha de Boca con dos jugadores menos, la cancha inclinada y Angelici de árbitro.

Pero para llegar a la resolución que se escuchó esta semana hizo falta que la candidatura que saltaba a la vista de todos por su lógica –la de Orrego- estuviera a punto de naufragar. Y que los principales afectados por un eventual desbande se pusieran en firme y apelaran al sentido común para hacer un buen papel en junio. Que sería competir con aspiraciones reales por el triunfo, más la defensa de los bastiones propios más gravitantes (Rivadavia y Santa Lucía) y la competencia mano a mano en otros.

Si bien todos lo daban por seguro en la previa, Marcelo nunca estuvo convencido a pleno. Lo hizo porque lo ahorcaron las fechas y no podía dilatar más el anuncio. Y porque recibió algunas señales en las que decidió creer. Sin demasiadas certezas.

No es noticia para nadie la desconfianza cruzada entre la dos vertientes del espacio hasta ahora conocido como Cambiemos, que el propio Cambiemos quiere cambiar. Por un lado los macrista puros, que manejan cargos y presupuestos, por el otro los basualdistas, de arribo tardío y línea indirecta con Macri pero dueños del territorio y de los dirigentes más competitivos.

Esas dos placas tectónicas son las que entraron en fricción para una definición pesada como ésta. La incertidumbre sobre hacer congeniar esas dos fuentes de energía sin que explote todo, cómo encastrar los intereses y, especialmente, cómo recrear la confianza perdida.

Esa desconfianza va en una sola dirección. Para una campaña con expectativas hacen falta recursos económicos, y a esos recursos en un hecho que los bajará el gobierno nacional. De ningún otro lado aparecerán los fondos, alcanza con mirar las caras de los postulantes y sus gestos. Ni siquiera Basualdo, acostumbrado a financiarse sus propias campañas, aportará un peso esta vez. No es candidato, por un lado, defienden otra camiseta, por el otro.

Pero como intentarán desacoplar el rótulo ante el descrédito en San Juan de la marca Cambiemos, posiblemente aparezca alguna estrategia para desviar ese giro de remesas y aparezca algún extraño benefactor. Deberán extremar los cuidados, ahora que cayeron bajo una lupa espacial los métodos non sanctos de financiamiento, incluido el encuentro recaudador como el que el PRO montó en Finca Nazareno en el 2015.

Llegue en el formato que llegue, no habrá forma de disimular que ese financiamiento de campaña será enviado por la Nación. Al aportar los rostros de esa campaña, el basualdismo exigió en los cuarteles centrales de Frigerio que el manejo de esos recursos también quede en sus manos. No tuvieron suerte, de la Nación siguen fieles a su marca y su jefe de delegación, Eduardo Cáceres, por lo que aquella desconfianza no ha podido ser superada.

Operan los antecedentes en esas miradas cruzadas. Orrego extremó sus gestos incertidumbre para que no le ocurra lo que a Martín Turcumán en 2015, cuando fue candidato a gobernador y no apareció en los afiches principales de la campaña Pro, relegado por la candidatura estelar de Cáceres en Capital que apenas arañó el tercer lugar del podio.

Terminaron mal y separados, cubiertos de suspicacias. Tenían diferentes listas de beneficiaros, distintas bocas que atender, por llamarlo así. Y siempre alimentaban a los mismos, el entorno de Cáceres y su mesa chica. Ocurre lo mismo ahora: el Pro y el basualdismo tienen distintos ámbitos, prestadores cambiados. Si el mango de la sartén se mantiene en la mano del macrismo, no sería extraño que operen ahora las mismas interferencias que en el 2015.

El primer punto de roce fue el rebaustismo del espacio Cambiemos por alguna otra designación, aún en estudio. Lo llamen como lo llamen, implica un desprecio a la gestión nacional, de la que ha sido y sigue siendo no sólo representante sino además beneficiario directo.

Argumenta un espacio del basualdismo –sin Basualdo, el senador al que no espanta el rótulo M- que al tratarse de una elección provincial es válido el cambio de designación. Cabe preguntarse, ¿qué ocurriría si en lugar de venir en declive, la imagen de Macri y la de Cambiemos resultara una fortaleza?, ¿le cambiarían el nombre igual, prescindiendo de esa manera de un factor a favor de cualquier candidato beneficiado por un impulso nacional?

Es sencilla la respuesta, y deja al descubierto que el fondo de este retiro de nombre es el descrédito en la provincia –y en buena parte del país también- de la marca Cambiemos y de la imagen del presidente Macri. ¿Harán entonces una campaña provincial sin la mínima mención a la gestión nacional, sin visitas de funcionarios o dirigentes nacionales, sin fondos aterrizados de la Nación?

Hay asuntos de clara órbita nacional, el protocolo Bullrich por ejemplo, al que Cambiemos pretende arrastrar al debate político para esquivar la economía. Hay otros que inundan las situaciones provinciales, los ejes operativos de un gobernador, que es lo que se elige: la inflación y su impacto en los asalariados provinciales de los que es patronal, la tasa de interés, el riego país, o el precio del dólar o el retiro de subsidios nacionales que deben ser compensados por las provincias para no generar un cataclismo. Afecta a todos, condiciona a los gobernadores. Y San Juan es Argentina, no por otra cosa han pesado siempre en las elecciones provinciales los microclimas nacionales: que lo diga Bravo en el 85, Escobar en el 91, Avelín en el 99 o Gioja en el 2003.

Desde el punto de vista político, el espacio en San Juan antes conocido como Cambiemos y ahora en busca de una nuevo nombre sigue teniendo como una de sus columnas vertebrales al PRO, el partido de Macri. ¿Qué harán con ellos?, ¿evitarán que aparezcan? Cáceres no sólo es diputado nacional y referencia Pro en San Juan sino también una espada afilada de las posturas oficiales del macrismo, ¿cómo disimularlo en una campaña “provincial”?

No sólo eso. Todos los restantes dirigentes del actual Cambiemos local hicieron campaña en 2017 defendiendo sus colores: el radicalismo es pata integrante de la coalición nacional, Dignidad Ciudadana apoya por convicción cada postura, Basualdo lo mismo, Colombo es funcionario nacional nada menos que del Anses, los intendentes vinieron apoyando sistemáticamente con cierto límite al final, y hasta han recibido aportes directos de fondos para emprendimientos municipales; la campaña será financiada por el gobierno nacional. ¿Y no serán Cambiemos? Como decir que tiene cuatro patas, mueva la cola y ladra, pero no es un perro.

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