El superclásico tiene fecha en la justicia de San Juan

El Consejo tendrá a su cargo la renovación más impresionante en la historia democrática local reciente. Renueva en diciembre: la estrategia de cada uno.
sábado, 20 de octubre de 2018 · 10:13

Por Sebastián Saharrea

Después de asombrosos 18 años sin el más mínimo recambio en la cúpula judicial de San Juan, con su consecuente proceso de oxidación, era lógico que la salida se produjera en formato de estampida. La entrada, entonces, también.

Ayudó para que eso ocurriera el privilegio de una moratoria generosa aprobada por la Anses en tiempos K (vale recordar a alguno de sus beneficiarios que suele despotricar en público contra su benefactor), que permite ingresar como pasivo con más de 80% porcentual de un activo y se mantiene junto a otros privilegios, como no pagar Ganancias. También la escasa tolerancia política al viejo esquema, que varió con el cambio de timón ejecutivo. Y también, por qué no, el factor vegetativo, o la solución natural con la que soñaba en esos tiempos un prestigioso jurisconsulto hoy encerrado en las alturas de las decisiones judiciales.

La cosa es que, en poco tiempo, desfilaron o desfilarán por la puerta de salida la totalidad de los cortistas de San Juan, despejando el camino a una inexorable renovación que aún no se decanta de manera virtuosa. Muchos de esos sillones quedan aún sin llenar, y allí radica justamente el sentido de una movida que no tiene antecedentes en la historia democrática local más reciente.

Dos de esos cinco asientos de los cortistas retirados o en tránsito ya han sido cubiertos. A los otros tres los tendrá que definir muy probablemente la nueva composición del Consejo de la Magistratura (está en duda el reemplazante de Caballero, pero es muy probable), junto a un camarista penal (en lugar de Graciela del Pié), un fiscal de Cámara (reemplazante del fallecido Manini), mínimamente. Porque también debería encargarse de los recambios si los designados para ascender a la Corte o a las cámaras son jueces inferiores.

Nunca en su historia más reciente ha tenido, en consecuencia, tanto trabajo relevante el Consejo de la Magistratura como lo tendrá a partir de la próxima conformación. Hasta acá, ha venido entreteniéndose con jueces de paz, alguno de instrucción esporádicamente hasta que llegó la hora de los cortistas, de los que encargó de a uno. Con sus máximas señorías abulonados a sus sillones, al presupuesto judicial y a su condición de mandamases, los recambios fueron escasos y el trabajo del Consejo, muy salteado.

Desde que el Consejo de la Magistratura fue creado en 1986 –plena primavera alfonsinista- para mejorar el sistema de designación de jueces, nunca huvo tanto trabajo junto como lo tendrá ahora, excepto en su fundación misma. Ese mismo año, el entonces gobernador Bravo descabezó la Corte integrada por tres magistrados porque le habían dado la espalda en la eliminación de las diputadas bloquistas disidentes Mónica Sueldo y Sari Luz Díaz Lecam. Amplió el número de 3 a 5 y el flamante Consejo tuvo que designar a la Corte entera: quedó formada por García Castrillón, Podestá de Oro, Sambrizzi, Velert Frau y Médici. Cuatro bloquistas y un radical (Médici), ejemplo de diversidad.

La última designación en masa que se recuerda fue apenas la Corte Suprema nacional restituyó a Jorge Escobar como gobernador sanjuanino, meses después de ser destituido. El Consejo de entonces designó a Caballero Vidal y Caballero como cortistas y a Jimmy Quattropani como fiscal general.  

Ahora, para empezar, tendrá tres cortistas en línea que designar, a quienes si se cuenta por su cuota de poder conforman nada menos que la mayoría del máximo tribunal. Inédito en la vida democrática sanjuanina avanzada, que puede ser considerada como tal desde el 83 (junto a la del país), con perdón de las figuras políticas provinciales que ganaron poder a fuerza de votos en años anteriores, empezando por Cantoni.

Tendrá este Consejo en sus manos nada menos que las cartas del cambio. Aunque cambio de caras no quiere decir necesariamente mejor. Ya se conocen de sobra los dobleces de la palaba “cambiemos”, que literalmente debe ser asumida como una modificación y no una mejoría implícita. Opera en lo política –pruebas a la vista-, también en lo judicial.

El 4 de diciembre será la fecha en que cruzarán espadas los abogados para ocupar los dos asientos en el Consejo que les corresponde. Se reeditará, todo parece indicar, un nuevo duelo entre lo que ya virtualmente aparece como una grieta leguleya.

El ala del oficialismo del Foro, dominada por la vertiente radical a lo “lilita-style” que protagoniza su presidente Marcelo Arancibia, y todo el espacio del pan-peronismo –si es que puede ser llamado de esa manera-, que le disputa espacio con reciente éxito. En los dos casos, se aceptan correcciones: ni Arancibia es puramente radical-lilito, comulgan también bloquistas y otras especies, ni el pan-peronismo es excluyente. Hay matices claros.

En el oficialismo del Foro conviven con el perfil de toques de histeria mediática que abraza con pasión Elisa Carrió. El más notorio fue el episodio que vivió el consejero Oscar Cuadros –alineado con Arancibia- en el último concurso, cuando presentó una renuncia floja de papeles ante lo que prresentó como un hecho insultante a una falta de solidaridad por un escrache en redes, o por no se sabe bien qué. El hecho derivó en una denuncia presentada por el secretario del gremio judicial, aún en trámite. Y una intempestiva salida de escena de Cuadros ante semejante blooper.

Ahora deberá afrontar la elección crucial con chances para no volver a caer derrotado, como le ocurrió en el último cruce electoral de la política del Foro: hace unos meses, cuando la oficialista cercana a Arancibia Vanesa Laciar cayó contra el opositor Saffe por la vicepresidencia de la entidad y tres cargos en el directorio. No hay candidatos claros para esta elección trascendental que se vecina en menos de un mes y medio, la miradas por lo bajo apuntan a José Becerra, de procedencia bloquista.

Del otro lado se van acortando las distancias que operaron alguna vez, y se va afirmando la unidad que ya se plasmó en esa reciente elección de Saffe como vice.

Hay dos grupos de wasap: los Abogados Justicialistas, con buena línea con el oficialismo provincial, y APU (abogados peronistas unidos). Los distingue un mayor o menor proximidad con el kirchnerismo a nivel nacional, como ocurre en general con el peronismo del país: lo ilustra el entusiasmo del grupo más K por el resultado entre los abogados sanjuaninos del fuero federal que votaron para el cargo de consejero a nivel nacional. Perdieron el asiento a manos de una unificación de fórmula de última hora motorizada según los observadores por Daniel Angelici, pero ganaron holgadamente en San Juan.

Las fracciones de ese pan-peronismo fueron separadas en la última elección para presidente del Foro, y Arancibia les pasó por el medio. Este año se juntaron para el vice, y ganaron con comodidad. Para la crucial elección de este año nada indica que vuelvan a optar por caminos separados, sino por el que más frutos les ha dado.

Su voz cantante es Gastón Noguera, un abogado de fuerte presencia en el espacio desde su rol de coordinador entre los letrados de la administración pública. Otro nombre que surgió en ese espacio es el de Diego Sanz, muy activo últimamente en la política del Foro. Pero ninguno de los dos integraría la lista, se esperan definiciones.

Vienen semanas de ultra actividad para este cruce de abogados que ya viene siendo un superclásico y que se encuentra ante un momento institucionalmente relevante. Saldrán de allí dos asientos de un nuevo Consejo que tendrá superactividad: de inmediato le puede salir el reemplazo de Adolfo Caballero, si es que no ocurre antes, sí tendrá los de sus colegas Soria Vega y Medina Palá, un fiscal de Cámara y una Camarista Penal, de mínima.

Igual, dos no son mayoría en un cuerpo colegiado de cinco (los otros tres son un miembro del Ejecutivo, otro de Diputados y un cortista). Pero ante la dinámica del tablero judicial, cómo empuja.

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