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miércoles 1 de abril de 2026

El rector tiene la pelota - Por Sebastián Saharrea

Se viene una semana explosiva en la UNSJ, en la que Nasisi deberá decidir si toma o no una medida que se hará sentir. Esperan el resultado unos 4.000 docentes y 20.000 alumnos.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Sebastián Saharrea


Varios récords históricos serán quebrados –los que no lo han sido ya- en los próximos días de la vida universitaria, luego de que las vacaciones dieran un poco de oxígeno a un eterno conflicto docente que nadie sabe dónde terminará.

El primero es el de los días de paro. Al inicio del receso, nada menos que 33 días de inestimable colaboración a la calidad educativa, extendiendo el criterio no sólo al ánimo destemplado de los dirigentes gremiales sino también a quienes deben entregar las condiciones mínimas, entre ellas las salariales.

Sería también inédito si un juez decide restituir las clases accediendo a una acción de amparo colectiva presentada por los padres de un grupo de alumnos de los colegios universitarios, priorizando el derecho a la educación por encima del derecho a la huelga. Nunca ocurrió, y por como viene la cosa sería lamentable que un juez ordene la puerta de salida de un conflicto que supone –si eso ocurre- el naufragio generalizado de todos los que se sientan en esa mesa de negociación. Hoy, parece la única opción.

Y el tercer hecho histórico es el más pesado, el que nadie nunca quiso tomar en la historia universitaria, y de hecho no hubo quien la ejecutara. Lo que ocurre es que Oscar Nasisi ya lo anunció: el descuento de días no trabajados por el paro, justamente en un ámbito dilecto para la actividad sindical como la universidad pública.

¿Se animará Oscar Nasisi a avanzar ya sin retorno con lo que anunció públicamente y que será, a no dudarlo, un revulsivo de una fuerza inmanejable dentro del ambiente universitario? Es lo que se verá en los próximos días, justamente estos que vienen, en los que el rector debe dar la orden a los encargados de confeccionar las planillas de liquidación de sueldos de julio, que ya vienen con días de huelga a ser descontados.

El criterio de Nasisi es de lógica pura. Ya hubo una paritaria nacional negociada y acordada por la mayoría de los gremios del sector, a excepción de la Conadu histórica que es el nucleamiento nacional al que adhiere Adicus. Pero, se razona, en tanto que resulta imposible en estos procesos poner de acuerdo a la totalidad de los interesados, las minorías deben aceptar la posición de las mayorías.

A grandes trazos y salvando las distancias, en estas negociaciones las paritarias se asemejan a las quiebras de empresas, o yendo más lejos a las moratorias de deudas como la que maneja el país contra los fondos buitres. En un proceso de quiebra, una empresa se presenta a una convocatoria de acreedores que se implementa hacia todos si la aceptan dos tercios de los involucrados. Para los países no existe ley de quiebras, y por eso Argentina pide la aplicación del mismo criterio: en su moratoria a los acreedores acordó con el 92,4% de los acreedores, pero un 0,5% que quedó afuera de esa negociación reclamó a la justicia y amenaza con voltear todo el acuerdo.

Misma lógica es la que se utiliza en las paritarias salariales: se sientan a la mesa todos los gremios involucrados, y todos aceptan la posición de la mayoría. Y es la que anunció que aplicará el rector Nasisi: como ya se cerró la negociación paritaria con un acuerdo mayoritario, todos los reclamos salariales posteriores con huelga incluida son legales, y por lo tanto corresponde descontar los días de paro.

Lo que ocurre que en este ámbito no solamente confluyen la legalidad y los razonamientos lógicos, sino también otros resortes más inasibles como el interés político y el manejo del mano a mano personal entre los actores de este conflicto histórico. Y allí es donde una medida que asoma como para frenar en seco el ímpetu huelguista de los docentes, puede llegar a significar apagar el fuego con combustible.

Lo define el contexto, más que apoyo legal. Más allá de que el descuento de días de clases sea una decisión que se cae de maduro, que responda a una atribución propia del rector y que el anuncio de Nasisi ya haya sido imitado por otros colegas en el resto del país para sofocar los reclamos “rebeldes”, también significa una huella indeleble en la gestión que puede transformarse en un sello en la frente para toda su carrera política universitaria. En lenguaje futbolero, una mancha que no se borra nunca más.

Por eso no es una medida fácil de instrumentar y por eso en estos días anda Oscar Nasisi cavilando en plenas vacaciones, aunque el día de la decisión final se acerca –alrededor el 25 de este mes, que se arman las liquidaciones- y no parece tener margen para la marcha atrás.

Especulan a su alrededor con que el descuento de días de paro traerá a los docentes a la tierra y le restará apoyo a los gremios en armas. Puede que sea así y que el miedo y los bolsillos desinflados señalen a los involucrados otro camino para canalizar su furia. Puede también que sea al revés, y se rompan definitivamente los pocos puentes de diálogo que mantienen viva la posibilidad de un acuerdo sin sangre.

No se verifica en los docentes provinciales una respuesta tan llana. En los últimos conflictos entablados entre la provincia y UDAP, el descuento de los días de paro a los maestros se realizó siempre desde la declaración de ilegalidad de la medida, pero ese acto administrativo nunca fue una herramienta para mejorar el ámbito de la negociación. Ocurrió algo así como que los maestros volvieron a las aulas, no todos, el gremio siguió levantado y la bronca acumulada sumó más decibeles.

Pero entonces, si no se acomoda con esta histórica medida anunciada por el rector, ¿cómo se acomoda entonces? Sin dudas, la pregunta del millón; sin dudas también, de respuesta nada lineal. Se trata de una negociación atípica: los gremios reclaman a su patronal, como es lógico, que no es la contraparte con la que se enfrentan. Del otro lado del mostrador está el rector Nasisi, la máxima autoridad de la universidad local, a cargo entre otras cosas de evitar que el conflicto no se desmadre como ha ocurrido ahora, pero sin la más mínima capacidad de negociación sobre el fondo de la cuestión que es una mejora en los sueldos superior a la acordada en la paritaria.

Es más, suele ocurrir que el propio rector acuerda más con lo que se reclama en los gremios que con lo que deciden sus superiores. El antecedente inmediato es Benjamín Kuchen, anterior rector, quien supo hasta reivindicar los reclamos salariales estando al frente de la universidad. No es el caso de Nasisi, al menos de una manera frontal, pero cierto espíritu sobrevuela.

Para el final está también el espeso clima político que respira la universidad, especialmente en posicionamientos hacia el futuro. El interés de los decanos de cada facultad de no quedar pegados con la parálisis, pero tampoco aparecer avalando posturas extremas. Los desgastes bien ganados, y los ocasionados. Los codazos por quedar mejor perfilados.

Sólo así puede explicarse que el ambiente universitario haya atravesado tantos récords negativos a la vez en estos días, habiendo navegado en años bien recientes por tempestades y calamidades de dimensiones incomparables y que curiosamente no tuvieron el mismo efecto. Curioso, ¿no?

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