Cada vez que hay alguna lucha importante -ya sea bélica, mediática, electoral o Maravilla Martínez subiendo al ring de Las Vegas contra el pequeño Chavez- a alguien se le ocurre rotularla como la madre de todas las batallas. Por esa analogía con la madre, quieren decir la más importante. Pero madre hay una sola.
El polvorín de Santa Lucía – Por Sebastián Saharrea
Para el PJ, la recuperación del departamento será la prioridad del 2015. Pero el partido es una bolsa de gatos. ¿Cómo intentar la reconquista? Crecen las acciones de un dirigente “importado”.
Uno de esos malos tragos de la última elección fue Santa Lucía, seguramente el más amargo. Porque su derrota lo convirtió en el departamento más grande de la provincia en manos opositoras, aunque muchos en el gobierno insisten en interpretar a Rivadavia también como opositor pese a que Ana María llegó y aún se mantiene dentro de las filas oficiales.
Por esa razón, será Santa Lucía la guerra santa entre los municipios dentro de tres años para el oficialismo. La de la recuperación, la reconquista de un territorio generoso y gravitante en la geografía provincial que se les escapó de las manos. El problema es que para intentar el asalto, las tropas del oficialismo aparecen desperdigadas como la armada Brancaleone. Y el intendente basualdista Marcelo Orrego dispone de un perfil atractivo que fue el que lo entronizó y en el tiempo que lleva al frente del Ejecutivo municipal no ha perdido.
¿Cómo intentarán entonces el asalto a un bastión ahora dominado por la oposición basualdista? En el gobierno provincial tienen muy buenas relaciones con el intendente y si fuera por él hasta podría intentar una aproximación. Nadie olvida que Marcelo es hijo de Humberto Orrego, ex funcionario escobarista y dirigente peronista de hace muchos años. Que Marcelo debió emigrar por no haber encontrado terreno en el peronismo que lo acunó. Y que en los meses que van de gestión se ha mostrado más próximo y dispuesto al diálogo que varios oficialistas. El problema para el giojismo es que Santa Lucía es el refugio de buena parte de sus opositores.
A ese mapa se le suma la dispersión y el estado de riña permanente que viven las tropas peronistas santaluceñas, que motivaron justamente la derrota a manos del basualdista. Lo grafica muy bien la pintada publicada hace dos semanas por Tiempo de San Juan en el que un cartel de campaña del año pasado con la imagen de CFK, Gioja y Fuentes mostró un blanqueado a la cal justo donde estaba el rostro del ex intendente. Metáfora eficiente del mal clima dirigencial que se tradujo en caída, y de que la solución para ellos seguramente pasará por no repetir los mismos errores. No parecen estar en ese camino, por lo visto.
Es que Fuentes fue una figura que dividió pasiones y resistencias durante su gestión, y sus compañeros se lo hicieron sentir en las elecciones pasadas. Lo revelaron los resultados: en el apartado para intendentes Orrego venció a Fuentes y en el de diputado departamental se impuso el peronista Javier Ruiz. El corte hizo estragos, ¿espontáneo o movilizado?
Desde hace tiempo que se vienen repartiendo traiciones cruzadas, acusaciones, sospechas. No sólo entre aquellos dos viejos compañeros de fórmula sino también entre otros dirigentes peronistas de peso del departamento, como Eduardo Danna, Nelson Campero o el mismo Martinazzo, quien tampoco encontró lugar en el espacio oficial y alguna fuerza hizo para que ocurriera lo que ocurrió.
Está claro que la solución para ese dilema oficialista de pretender volver y no saber cómo no es la de insistir con la misma fórmula que ha generado tanta división y se tradujo en derrota. Se impone la aparición de una figura descontaminada en el departamento, pero que a la vez resulte capaz de generar respeto para que se alineen los astros.
Terreno asfaltado para la aparición en esta escena de un dirigente importado desde otros lados: Cristian Andino. El ex intendente de San Martín vive desde hace tiempo en Santa Lucía y no le disgusta la posibilidad de hacer historia: nunca en la vida política de la provincia hubo un jefe comunal en dos municipios distintos, y su caso podría convertirse en pionero.
Para decirlo sin rebusques, no es que se anuncia su llegada con bombos y platillos sino que ese aterrizaje ya se produjo hace rato. Desde que se instaló en Santa Lucía, Andino es un referente demandado para las recorridas, apoyado por su buena imagen y su capacidad de gestión. Su cargo en OSSE no es una cosa menor: las reuniones en las que participa con los vecinos por las obras cloacales lo posicionan en un segmento apetecido, el de los jóvenes con capacidad de ejecución.
Pero también Andino participa de las reuniones partidarias en Santa Lucía. Llega acompañado de Ruiz y de otros dirigentes, y lo sientan en la cabecera de la mesa. No se limita a los planes de saneamiento, sino que mete la cuchara en los asuntos partidarios. Lo escuchan. Tiene buena relación con el intendente Orrego. Falta que el gobernador Gioja le dé el aval para zambullirse de lleno, hasta ahora es una opción que no descartan: buena imagen, capacidad de mando y no ha registrado resistencias.
A él lo entusiasma la posibilidad de desembarcar en Santa Lucía, como crecimiento y despegue. A la secuencia San Martín-OSSE-Santa Lucía la interpreta como todo crecimiento.
Su desembarco fue una alternativa el año pasado, cuando arreciaban las internas, pero era demasiado brusco el cambio de un municipio a otro. Su paso por OSSE produjo un intervalo que servirá para que madure la idea. Falta determinar cómo se presentaría a la sociedad una mudanza como ésta.
Le dan los tiempos y le da la ley. Faltan tres años para el 2015, le sobran para reunir los requisitos de ciudadano del departamento como para aspirar a una candidatura. Tampoco hay nada que impida que un intendente de un lugar no pueda serlo de otro.
Desde el punto de vista político, casi que puede ser al revés: suele ser mejor un gestor probado en suelo ajeno, que un criollo con un gran signo de interrogación sobre la frente.
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