La historia de Ripani y la suerte de tener una familia que no te apoya
Toda la vida estuvo ligado a la fabricación de galletas. Su familia tenía una empresa de galletas. En 1997 esa empresa estaba a punto de quebrar y Alejandro Ripani les propuso una idea salvadora, pero su familia le dijo que no. Fue el empujón necesario para salir a la cancha y jugar solo.
"Yo propuse a mi familia la idea de poner exhibidores para las galletas y me dijeron que no, entonces lo hice solo. Fue lo mejor que me pudieron hacer, lo mejor que me ha pasado", confesó con la cara llena de risa el exitoso empresario que el año que viene cumple 20 años con su marca.
Ante la negativa de su familia y sintiendo en las vísceras que eso iba a resultar, dio los primeros pasos solo en 1998. A partir del 2000 la marca Tía Maruca ya estaba instalada en el mercado. El nombre fue sugerido por un diseñador que trabajaba para Ripani porque tenía una "tía Maruca" que cocinaba muy bien. Lo adoptó porque le sonaba a receta casera, artesanal.
"Tuvimos algunos vaivenes, en el 2001 con la caída de la convertibilidad y otro en 2008, pero con crecimiento sostenido. Logramos posicionar en una de las marcas más reconocidas de la Argentina. Llevo muchos años en este negocio, conozco los jugadores, los colegas", dijo.
Esta fábrica que compró en San Juan, la histórica fábrica de galletas de Albardón, no es una más para Ripani: este 2017 proyecta facturar $800 millones gracias a la nueva planta.
Por suerte no escuchó a los asesores que le decían 'mirá que 400 personas son 400 problemas', o cuando le recordaban 'mirá que está a 1200 kilómetros', 'mirá que es complicado'.
"La primera impresión cuando vine fue que vi la gran oportunidad, ahí sí la vi. Me di cuenta enseguida que había una gran oportunidad, había maquinaria y gente, incluso la gente estaba ávida de hacer cosas. Desde el primer momento me di cuenta de eso", contó el empresario.
En esa primera visita a la planta, Ripani pudo percibir que el problema no estaba en la gente, en los trabajadores, sino en el "seteo" de la planta. "Después lo confirmé, la gente es extraordinaria, tiene una voluntad, una querencia por la planta. Creo que cuando las cosas se hacen con criterio y vamos al mismo lugar, todos reaccionamos en un camino muy bueno", aseguró. Sin embargo se río con ganas cuando le dijeron que para algunos trabajadores de la fábrica se había convertido en algo así como el 'mesías', ya que fue quien evitó que Pepsico cerrara la planta. "No, mesías no creo", dijo riendo.
Día de fiesta
Con un saco azul y camisa sin corbata, a Ripani, de 55 años, se lo vio feliz en el lanzamiento oficial de Tía Maruca en San Juan. La visita del gobernador, Sergio Uñac, cerraba una etapa grandiosa de expansión comercial y las novedades de parte del gobierno no hicieron más que corroborar, una vez más, que su instinto no lo había engañado.
Uñac dijo que el suplemento alimentario que se entrega en escuelas y clubes infantiles iba a tener galletas compradas a Tía Maruca.
"Me desayuné recién con el anuncio del Gobernador y las copas de leche, fue una noticia fantástica. Estamos para contribuir, queremos crear valor y vamos a hacerlo acá y la copa de leche tendrá un adicional de nutrición (las galletas Dale tienen ahora un adicional de calcio). El producto es muy bueno, sobre todo para los niños", aseguró.
La firma tiene actualmente cinco plantas de producción, dos en Luján, dos en Ituzaingó y una en Chascomús, con capacidad productiva de 15 mil toneladas y una diversidad actual de 80 productos en distintas categorías. En una semana esperan una comitiva de China en la planta de San Juan y es posible que surjan nuevas exportaciones.
Para hacer frente al desafío de duplicar la producción, Ripani invertirá 5 millones de dólares en los próximos 12 meses, en maquinaria, civil e infraestructura. Nos comprometimos en mantener las fuentes de trabajo y lograr sustentabilidad, eso es estar por arriba del punto de equilibrio y ya lo estamos logrando", dijo.
Hoy la exSasetru tiene 383 empleados y es posible que se sumen más, aunque el empresario prefirió ser cauto y no dar cifras. Tampoco quiso revelar el monto de la operación, ¿cuánto pagó por Dilexis? "Eso no te lo puedo decir".
Los que lo conocen aseguraron que le gusta el vino sanjuanino y que lo veremos seguido por la provincia. Las máximas autoridades de la Unión Industrial de San Juan lo comprometieron a participar de las futuras jornadas y él aceptó cordialmente el reto.
Para Ripani estar en San Juan es más que un negocio: "Es difícil dimensionar el orgullo que se siente el trabajar con gente así, de verdad". Los ojos le delataron la emoción.