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domingo 22 de marzo de 2026

Histórico comercio

Las razones del cierre de La Rueca después de casi 40 años

Los empleados, entre la tristeza de perder el trabajo y la esperanza de cobrar indemnización, creen que hubo desmanejo de la empresa. Otros admiten que se hizo todo lo posible por sacar la firma adelante. Solo el alquiler del local significa $300.000 mensuales. Por Viviana Pastor.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Cuando La Rueca abrió sus puertas en 1979, era la tienda más moderna y paqueta de San Juan. No sólo tenía las mejores marcas de ropa, con los mismos modelos que se podían ver en las vidrieras de la calle Florida, sino también un salón de cosmética de vanguardia, primerísimas marcas y asesoramiento de expertas en belleza. Allí estaban los más exquisitos perfumes importados, muchos de los cuales solamente se conseguían en este comercio.

Esta semana se conoció la decisión de su cierre definitivo y la venta al 50 % de todas sus prendas para pagar los sueldos a los trabajadores. Hace 5 años había 52 empleados y ahora son 18. La empresa debe el alquiler del salón, que cuesta $300.000 por mes, y ya recibieron la orden de desalojo.

En el 2001 La Rueca tuvo su primera crisis, "entró en convocatoria y los empleados fuimos los que logramos salvar la tienda del cierre en esa época”, contaron. El año pasado cerró la sección perfumería y un año antes habían liquidado la mercería.

Pero ahora llegó el anuncio del cierre definitivo y esta semana los dueños, Jorge Marún e hijos, ordenaron a los empleados liquidar todo a mitad de precio para poder pagar sueldos.

Mario Morandi hace 25 años que trabaja en La Rueca y es el delegado gremial. Contó que esta crisis comenzó hace un par de años. "Nos dábamos cuenta que no ingresaban casi productos de temporada y nuestros sueldos empezaron a fraccionarlos, en un mes nos llegaron a pagar en 9 veces. Después nos pagaban con cheques que no se podían cambiar, así pagaban a los proveedores también. Ahí recurrimos al gremio que empezó a presionar para que se normalice el pago”, dijo Morandi.

El delegado cree que esta situación fue planificada por los dueños para llegar a la quiebra. "Lo veníamos diciendo pero la decisión estaba tomada, querían quebrar para no pagarle a nadie. Ahora, gracias al gremio, vamos a tratar de que nos paguen la indemnización, aunque sea algo porque todo seguro que no pagan”, señaló.

Otros empleados, en cambio, creen que la situación de cierre responde a la crisis general y a los altos costos a los que tiene que hacer frente el histórico local. "Acá todos estamos en blanco y eso es un costo alto, los sueldos son los fijados en paritarias, promedio entre $10.000 y $12.000 según la antigüedad. Además el alquiler del salón es de $300.000, si las ventas no acompañan es imposible mantener esos gastos fijos”, dijo un empleado que pidió reserva de nombre.

Todo a la caja

Las ventas de esta súper liquidación son sólo al contado, precisamente porque los empleados necesitan efectivo para poder cobrar. "Jorge Marún vino a hablar, aunque el hijo está a cargo de la presidencia. Nos dijo ‘pongan todo a mitad de precio, lo que se venda es para pagarles a ustedes’. Por eso queremos vender todo lo posible para pagar aunque sea dos sueldos completos. Con el esfuerzo de todo el personal estamos vendiendo mucho, queremos darle gracias a la gente”, dijo Morandi.

La plata que ingresa va a una caja fuerte y los mismos empleados son los que llevan el control de lo que ingresa cada día. Sin embargo tienen temor de que no les cumplan la promesa de destinar la mitad de esos fondos para ellos.

"Estamos controlando lo que ingresa para cuando llegue el momento saber cuánto entró. El dueño nos prometió la mitad pero todo esto es de palabra, no hay nada escrito. No queremos que nos digan que no entró lo que sí entró. Esta vez sí se llevan algo lo vamos a saber, pero no tenemos garantías de que cumplan”, dijo con la mirada roja de pena.

 

Una de las empleadas más antiguas

Graciela Morales ingresó a La Rueca en marzo de 1983, a la mercería del local que tenían por calle Rivadavia. Cuando ese local cerró la trasladaron al local de peatonal Tucumán. "Llevo 33 años trabajando, toda una vida acá. Es muy triste todo porque gracias a los empleados logramos salir adelante antes. Es triste que a esta altura de nuestra vida termine así esto”, dijo.

Graciela vivió la época de oro de La Rueca, desde principios del ‘80 al 2000, "excelente siempre a pesar que entró Falabella a San Juan seguimos adelante, aunque muchos nos querían ver con otro rumbo siempre seguimos adelante. Cerraron algunos sectores como blanco, perfumería, mercería y seguíamos con lo que quedaba. Muchos años dejamos acá y empeño que pusimos para seguir. Espero que podamos salir adelante pero es muy difícil con la edad nuestra que nos tomen en otro trabajo”, contó Graciela.

Dijo que con los dueños de la empresa siempre tuvieron buen trato y buena relación. "El doctor Jorge Marún y Alberto Tewell que eran socios, y después los hijos le dieron otro giro a la empresa. Los empleados necesitamos este trabajo porque tenemos familia a cargo y ver esto ahora derrumbarse es muy triste”, lamentó con voz quebrada.

El trato con las clientas de La Rueca es algo que se pierde totalmente en las grandes cadenas internacionales. Las empleadas llamaban por teléfono a sus clientas cuando llegaba el producto o la prenda que estaban esperando y el trato era cordial, de relaciones tejidas a través de los años.

"Ese trato es único, personal, logrado a través de los años y de mucha capacitación, es otro tipo de relación con la gente que no lo van a encontrar en otro lado”, aseguró Morales.

 


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