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domingo 22 de marzo de 2026

Un maestro

Domingo Galleguillo, el eximio yuyero de Iglesia

Aprendió sobre las bondades de la naturaleza y los yuyos de la mano de su madre y hoy es una de las pocas personas que mantiene con vida los saberes y los comparte. La historia de Domingo Galleguillo.

No supera el metro setenta y sobre su rostro descansan las marcas de los años bajo el sol. De semblante seguro, en uno de sus hombros descansa una especie de morral cargado de aromas y salud. De tranco largo, así llegaba al Club Falucho, en Angualasto, Domingo Galleguillo. Oriundo de Rodeo, dedica su vida a la naturaleza, al campo y los yuyos.

Ubicado al final del paseo de vendedores en la Fiesta del Vino Patero, sentado en una silla tomando mate a sus pies descansaban las varias bolsas que contenían distintos yuyos. “Tengo Cachacoma, Muña, Quinchamalí”, y así fue repasando cada bolsita y señalando las bondades y ayuda que ofrecen las plantas para aliviar malestares y dolencias del cuerpo.

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Domingo lleva 30 años vendiendo y compartiendo las características de cada yuyos como su uso. “Acá en el departamento tengo entendido que somos tres, el señor Turco y una señora de Bella Vista, la señora Álvarez”, comenta.

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Los saberes se los trasmitió su madre. Así, él puede identificar cada especie por su aroma, color, textura y forma. También con solo decirle la dolencia o lo que se busca calmar, sabe cuál es la planta perfecta para la ocasión.

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“Todos los yuyos que tengo son de la cordillera, yo los busco, y me pueden encontrar en la plaza de Rodeo, ahí estoy y vendo las bolsitas a $500”, comenta mientras saca bailahuén de una de las bolsas y señala que si bien la gente a veces se lo agrega al mate, lo usan mal. “Es para el hígado, la gastritis. Usted termina de comer, se hace un té y santo remedio”, asegura.

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El oficio que acompaña a Domingo cada día lo lleva a recorrer distintos pueblos de la zona, no solo de Iglesia. Con su morral lleno de yuyos comparte sus saberes combinados con una charla amena e interesante, donde repasa anécdotas entre naturaleza y vivencias, sin medirse en resaltar cada una de las características de sus amadas platas y lo bien que hacen al organismo.

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