Por más que lo evitemos, el Día del Padre puede remover ausencias profundas. No todos lo celebran con una sonrisa. Y está bien. Si no tienes a tu papá presente —porque falleció, porque está lejos, porque fue un padre ausente o nunca lo conociste— este día puede doler. Pero también puede ser una oportunidad para mirarte con amor, cuidarte y resignificar.