De todos los colores, pero qué felicidad. Desde motos que rugían al compás de los bombos hasta los desconocidos que se fundían en un abrazo interminable y empapados por las lágrimas. La inmensidad de la Catedral quedó chiquita ante tanta gente que saltaba y gritaba por una tercera. Entre el ruiderío, estaba el particular bombo de Analía, la sanmartiniana que vino tempranito junto a su familia para ver 'por cábala' el partido de la Selección en la casa de su tía de Santa Lucía.
"Fue cábala de compartir todos los partidos en la casa de mi tía. Le robé el jarrito y el tenedor para usar de bombo y festejar, pero vuelve porque es la cábala", afirmó la fanática sanjuanina.