Había cuatro zonas oficiales para ver el paso de la carrera, pero para quienes viven en el Gran San Juan y sus alrededores la más accesible fue, sin dudas, la ZE4, ubicada en Las Lajas, Albardón. El recorrido para llegar ya era parte de la aventura: ingresar por calle Sarmiento, avanzar varios kilómetros de tierra y seguir las indicaciones policiales hasta desembocar en medio de la nada, rodeados de cerros, huellas y yuyos secos. Los más madrugadores, esos que antes de las 9 de la mañana ya estaban instalados, consiguieron acomodarse prácticamente al borde del recorrido oficial. Los que llegaron más tarde tuvieron que resignarse a dejar los vehículos estacionados a unos dos kilómetros y caminar cargando reposeras, mochilas, conservadoras y hasta las bolsas del asado.
Entre asados, banderas y motores, así se vivió el Desafío Ruta 40 en lo profundo de Las Lajas
Una de la zonas de espectadores, ubicada en Albardón, se convirtió en uno de los puntos más convocantes de la primera etapa de la competencia mundial. Familias enteras, fanáticos fierreros y turistas llegaron hasta el medio del campo para vivir de cerca el paso de las máquinas más poderosas del rally raid.
Y justamente el asado fue otro protagonista de la jornada. Entre los yuyos y el polvo comenzaron a aparecer pequeños fueguitos improvisados que rápidamente transformaron el paisaje en una postal bien argentina. Parrillas cargadas de carne, chinchulines, chorizos y picadas acompañaban la espera de los fanáticos, que se acomodaban en ronda mientras el humo se mezclaba con el viento helado que bajaba desde el campo albardonero. Había grupos de amigos, familias enteras y también turistas de distintos rincones del mundo, todos unidos por la misma pasión por el rally raid y por la expectativa de ver pasar a las leyendas del rally a centímetros de distancia.
El clima patrio del 25 de Mayo también se hizo sentir fuerte en el medio del desierto sanjuanino. Las banderas argentinas flameaban por todos lados y el buen humor dominaba cada momento, incluso entre quienes habían pasado la noche allí soportando temperaturas bajísimas con tal de conseguir el mejor lugar. Algunos se instalaron directamente sobre los cerros, desde donde se obtenía la vista más completa y segura del recorrido. Desde arriba se veía la polvareda acercarse lentamente hasta que, de golpe, aparecían las motos o las camionetas acelerando a fondo en un espectáculo de primer nivel.
Cada vez que rugían los motores, el silencio del campo se rompía con gritos, aplausos y celulares levantados para registrar el momento. El paso de los competidores duraba apenas unos segundos, pero alcanzaba para desatar la locura de los fanáticos, que alentaban como locos. En lo profundo de Las Lajas, lejos de las tribunas y del cemento, el Desafío Ruta 40 volvió a demostrar que un sentimiento puro por el rally raid.