El lenguaje: acción y motor de transformación
¿Cuándo comienza el asado del domingo?
Para algunos, quizás con el encendido del fuego. Para otros, al servir el primer trozo y para algunos con la elección y compra de la carne.
En esta columna me centraré en demostrar que el inmenso disfrute que conlleva este encuentro del domingo empezó con aquella primera frase: "¿Y si este domingo nos comemos un asadito?"
Este camino nos ayudará a comprobar que el lenguaje es acción, y es a la vez motor de transformación.
Y por eso nuestra acción como coach, de acompañar en la transformación, puede estar centrada en saber escuchar, en saber conversar y de allí en más, todo lo que en el cliente se comienza a transformar como consecuencia de la palabra expresada, del lenguaje.
Dos concepciones de la vida humana hacen a la diferencia. La más antigua, pero aún presente, concibe al hombre como un ser inmutable. Ya traemos algo que no se puede cambiar. A eso que traemos podemos acomodarnos y pasarla lo mejor posible, si ese fuera nuestro objetivo.
Para la Ontología del Lenguaje, en que me formé como coach, la concepción es diametralmente opuesta. Las personas podemos diseñarnos, construirnos, podemos cambiar. No somos inmutables. Y más que eso, somos seres en permanente cambio.
La transformación es posible por la acción. Y el lenguaje, en el siglo pasado deja de ser una cosa pasiva, meramente descriptiva de cosas y con Martín Buber define que opera –es acción- en tres ejes: la conversación con los demás, la conversación conmigo mismo y la conversación con el misterio de la vida.
El coaching que se practica basándose en la Ontología del Lenguaje –conforme Rafael Echeverría- recoge la propuesta de la posibilidad de diseño, construcción y del cambio y transformación de la persona y el mundo. Uno mismo puede asumir el compromiso de cambiar y acudir a aprender. Y en una acción sobre el mundo puede concretarse con el emprender.
Considerando el lenguaje como acción: el lenguaje puede transformar.
Por eso la importancia de reconocer que cuando expreso a modo de invitación: ¿Qué tal si nos comemos este domingo un asadito? Ahí comienza la acción. En conversaciones definiremos los invitados, distribuiremos o no tareas, efectuaremos compras y en definitiva, disfrutaremos un hermoso asado dominical.
Reconocer que el asado de este domingo comenzó el lunes con “expresar en palabras la idea” me hace ya distinguir el inmenso poder transformador de la palabra y me explica un poco el camino que puedo llegar a recorrer cuidando y promoviendo el origen de mis acciones transformadoras: desde la misma y accesible palabra. El lenguaje en acción. Porque el hombre puede transformarse.