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La celotipia y el impactante crimen del exdocente de la UNSJ en Madrid, explicado por un psicólogo sanjuanino

El asesinato del ingeniero Facundo Rico Castro en Madrid reabrió el debate sobre las consecuencias extremas que pueden generar los celos patológicos. El psicólogo sanjuanino Raúl Ontiveros analizó el caso y explicó las características de la celotipia, un trastorno que puede derivar en conductas obsesivas y violentas. También advirtió sobre las señales de alarma en las relaciones y la importancia de buscar ayuda profesional.

Viernes, 24 de julio de 2026 a las 18:43

La conmoción por el crimen del ingeniero Facundo Rico Castro, asesinado de 13 puñaladas en Madrid por un hombre que creía, sin pruebas, que mantenía una relación con su esposa, puso en el centro de la escena a la celotipia, un trastorno caracterizado por los celos enfermizos y la distorsión de la realidad. Sobre este fenómeno se refirió este viernes el psicólogo sanjuanino Raúl Ontiveros durante el programa Estamos a Tiempo, de Tiempo Streaming.

Si bien aclaró que desconoce los detalles íntimos del caso ocurrido en España y evitó emitir un juicio sobre la situación particular, explicó cuáles son las características de la celotipia y cómo puede evolucionar hasta desencadenar hechos de extrema violencia.

Qué se sabe sobre el crimen y una obsesión sin pruebas

Facundo Rico Castro, ingeniero sanjuanino de 37 años radicado desde hacía más de una década en España, fue hallado muerto el martes de la semana pasada en su departamento del barrio Las Tablas, en Madrid. La Policía Nacional determinó que había recibido 13 puñaladas y que el atacante habría utilizado gas pimienta para reducirlo antes de cometer el crimen. La principal hipótesis sostiene que el autor fue un hombre de 65 años que desarrolló una obsesión al creer, sin evidencias, que Rico mantenía una relación con su esposa, a quien conocía únicamente porque ambos asistían al mismo gimnasio.

La investigación también estableció que el sospechoso quedó registrado por las cámaras de seguridad al ingresar al edificio el día del homicidio y que, tras el ataque, regresó a su vivienda en la provincia de Ávila. Sin embargo, menos de 24 horas después se quitó la vida, lo que impidió su detención y el avance de la causa judicial. De este modo, las autoridades españolas dieron por esclarecido el crimen desde el punto de vista investigativo, aunque quedaron sin respuesta varios interrogantes sobre las circunstancias que rodearon el ataque.

La diferencia entre la premeditación y la emoción violenta

Uno de los primeros aspectos que abordó el especialista fue la diferencia entre un ataque cometido bajo emoción violenta y uno que presenta elementos de planificación. Según explicó, cuando una persona organiza previamente la agresión o lleva consigo elementos destinados a facilitar el ataque, ya existe un componente de premeditación que excede el concepto de emoción violenta. No obstante, aclaró que la intensidad de un crimen, como puede reflejarse en una gran cantidad de heridas, también puede evidenciar un importante desborde emocional.

Más allá de esa discusión desde el punto de vista judicial, Ontiveros sostuvo que el eje del problema es la celotipia, un trastorno en el que los celos dejan de responder a hechos objetivos para convertirse en una construcción irracional de quien los padece.

Indicó que, en la mayoría de los casos, la persona actúa convencida de una infidelidad o una traición que en realidad no existe, guiándose por ideas que nacen de su propia imaginación y no por evidencias concretas.

Cuando los celos dejan de ser normales

El psicólogo señaló que sentir celos en determinadas circunstancias puede ser una reacción humana, pero que el problema aparece cuando la necesidad de controlar y poseer al otro se transforma en una obsesión. Explicó que, frente a una ruptura o al fin de un vínculo, una reacción saludable consiste en aceptar la situación, atravesar el dolor y continuar con la propia vida. En cambio, quien desarrolla un cuadro de celotipia no tolera esa pérdida y persiste en la idea de que la otra persona debe permanecer a su lado "a cualquier costo".

Esa alteración de la percepción, afirmó, puede derivar en conductas cada vez más invasivas e incluso peligrosas, ya que el individuo interpreta cualquier situación cotidiana como una confirmación de sus sospechas.

Para Ontiveros, este tipo de comportamientos suele estar profundamente relacionado con la inseguridad personal y con una necesidad patológica de controlar la vida de la pareja.

Relaciones tóxicas y señales de alerta

Durante la entrevista, el profesional también advirtió que muchas relaciones marcadas por la celotipia siguen un patrón repetitivo. Describió un ciclo que comienza con una escena de celos, continúa con pedidos de perdón y un período de aparente tranquilidad, para luego desembocar nuevamente en episodios de violencia psicológica o emocional.

En ese contexto, sostuvo que muchas personas permanecen en vínculos dañinos esperando un cambio que nunca llega, especialmente cuando quien ejerce el control no reconoce el problema ni busca tratamiento.

También alertó sobre algunas conductas que suelen naturalizarse, especialmente entre adolescentes y jóvenes, como exigir la ubicación permanente del teléfono celular, compartir contraseñas o controlar de manera constante los movimientos de la pareja.

Según explicó, esas prácticas suelen interpretarse equivocadamente como muestras de amor cuando, en realidad, reflejan altos niveles de inseguridad y necesidad de control.

Además, remarcó que una característica frecuente de las relaciones abusivas es el aislamiento progresivo de la víctima respecto de familiares y amistades, lo que reduce las posibilidades de recibir ayuda o advertencias desde el entorno cercano.

La terapia como herramienta para prevenir situaciones extremas

Ontiveros sostuvo que la celotipia puede tratarse siempre que la persona reconozca el problema y esté dispuesta a iniciar un proceso terapéutico. Explicó que el objetivo del tratamiento consiste en que quien experimenta esos celos irracionales aprenda a identificar sus pensamientos, asumir la responsabilidad sobre sus emociones y desarrollar herramientas para controlar esos impulsos sin trasladarlos a la pareja.

Al mismo tiempo, remarcó que las personas que permanecen en relaciones marcadas por el control, la persecución y la violencia psicológica también necesitan asistencia profesional para comprender por qué sostienen ese vínculo y adquirir recursos para salir de él.