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"Por la última de Leo": así se vivió el banderazo argentino en el corazón de Kansas

A horas del cruce frente a Suiza por los cuartos de final del Mundial 2026, miles de hinchas volvieron a copar el Mill Creek Park, el mismo escenario que ya había sido una fiesta antes del debut ante Argelia. Hubo asado, choripanes, bombos, banderas y un pedido que atravesó toda la tarde: seguir disfrutando del mejor del mundo, Messi.

Viernes, 10 de julio de 2026 a las 22:56

Kansas volvió a teñirse de celeste y blanco. Como había ocurrido en la previa del debut frente a Argelia, el Mill Creek Park se convirtió otra vez en territorio argentino. Desde temprano comenzaron a llegar familias, grupos de amigos y fanáticos que viajaron desde distintos puntos de Estados Unidos y también desde Argentina para darle el último empujón a la Scaloneta antes del duelo decisivo contra Suiza.

Entre parrillas encendidas, humo de asado, choripanes, mates que iban de mano en mano y camisetas albicelestes de todas las épocas, el tradicional banderazo fue creciendo hasta transformarse en una verdadera fiesta popular. Los bombos marcaron el ritmo durante toda la tarde, mientras cientos de banderas flameaban al viento en un parque que, por unas horas, pareció mudarse al corazón de la Argentina.

Pero si hubo algo que unió a todos fue el mismo sentimiento. "Por la última de Leo", repetían todos la popular canción, conscientes de que cada partido de Lionel Messi en un Mundial puede ser irrepetible. La ilusión de seguir viéndolo con la camiseta argentina fue el motor de una convocatoria cargada de emoción.

Es que esa canción se impuso por encima de todas. La de Palmito, convertida en el nuevo himno de esta Selección, sonó una y otra vez entre bombos y aplausos. La letra, que recuerda a lo ocurrido en el Mundial de 1994 con Diego Maradona y celebra a Lionel Messi, retumbó con fuerza y se escuchó en todo Kansas, acompañada por saltos, abrazos y celulares en alto.

No importó el calor, las horas de viaje ni el cansancio acumulado. Los hinchas volvieron a demostrar que, juegue donde juegue la Selección, siempre habrá un rincón del mundo dispuesto a convertirse en una pequeña Argentina.

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