La semifinal del Mundial 2026 entre Argentina e Inglaterra volverá a poner frente a frente a dos seleccionados atravesados por una de las rivalidades más fuertes de la historia del fútbol. La memoria colectiva inevitablemente viajará a los dos goles inmortales de Diego Maradona en el estadio Azteca. Sin embargo, aquella tarde del 22 de junio de 1986 también dejó otra historia, mucho menos conocida, que transcurrió lejos del césped: el enfrentamiento entre barrabravas argentinos y hooligans ingleses que terminó con una emboscada, una batalla callejera y el robo de banderas de las hinchadas británicas.
El periodista especializado en violencia en el fútbol Gustavo Grabia reconstruyó esa secuencia en una columna publicada en Infobae, donde repasó uno de los episodios más comentados del folclore de las barras argentinas y que, con el paso de los años, adquirió un tono casi legendario.
"Todos recordamos ese 22 de junio por los dos goles de Diego. El gol con la mano y el segundo gol, donde humilló a Inglaterra con una jugada que parece imposible de repetir. Pero también quedó marcado por un mito que tiene un basamento real: el enfrentamiento entre los hooligans y los barrabravas argentinos en las inmediaciones del Azteca y después dentro del estadio", recordó Grabia.
Para entender aquella historia hay que remontarse al contexto de la época. En los años 80 los grupos violentos que dominaban la escena mundial eran los hooligans ingleses, protagonistas de graves episodios en distintos países de Europa. "El terror del fútbol no eran los barras argentinos. El terror del fútbol por aquella época eran los hooligans ingleses", explicó Grabia.
Según reconstruyó, Inglaterra había establecido su base en Guadalajara durante la fase de grupos, mientras que Argentina había llegado a México acompañada por unos 28 integrantes de la barra de Boca, liderados por José Barrita, "El Abuelo". A ellos se sumaron pequeños grupos de Talleres de Córdoba, Racing, Chacarita y Unión de Santa Fe.
"Dicen: 'Estamos acá como la barra argentina'. Se veía el partido contra Inglaterra y pensaron que enfrentarse a los ingleses les iba a dar prestigio, porque pegarles o robarles una bandera no solo no iba a ser condenado en Argentina, sino que hasta podía ser celebrado, en un contexto muy particular por la Guerra de Malvinas y todo lo que todavía representaba ese enfrentamiento", relató.
Según Grabia, un grupo de argentinos exiliados en México durante la última dictadura y simpatizantes del Celtic escocés -histórico rival futbolístico y cultural de Inglaterra- aportaron información clave sobre el recorrido que realizarían los hooligans hasta el estadio Azteca. La estrategia fue simple. Un pequeño grupo de barras argentinos salió a provocar a los ingleses mientras el resto permanecía oculto alrededor de la Plaza del Ángel, sobre el Paseo de la Reforma.
Cuando los hooligans respondieron a la provocación y avanzaron para enfrentarlos, quedaron rodeados. "Los ingleses caen en la carnada. Entran al centro de la plaza y ahí salen todos los barras que estaban escondidos, junto a los escoceses y los exiliados. Se produce una pelea que dura unos 20 minutos y donde los argentinos logran quedarse con varias banderas inglesas. Esa es la historia que cuentan ellos y nunca fue desmentida", señaló el periodista.
La pelea no terminó en la calle. Siempre según la reconstrucción de Grabia, los incidentes continuaron dentro del estadio Azteca incluso antes del comienzo del partido, detrás del arco que defendía Nery Pumpido. Los hooligans intentaron recuperar algunas de las banderas que les habían quitado minutos antes y volvieron a enfrentarse con los argentinos. Entre los protagonistas apareció el entonces dirigente de Vélez, Raúl Gámez, además de integrantes de distintas barras.
Grabia recordó el testimonio de uno de ellos, conocido como "Pistola", a quien entrevistó para uno de sus libros sobre la historia de las barras en los Mundiales. "Él decía entre risas: 'Yo cobré bastante ese día, pero si la bandera terminó quedando de nuestro lado, significa que ganamos la batalla'". Los incidentes se repitieron durante el entretiempo y, una vez finalizado el partido, los ingleses realizaron un último intento por recuperar especialmente una bandera del West Ham, pero no lo consiguieron.
Semanas después, aquellas banderas aparecieron exhibidas en La Bombonera durante el primer partido de Boca tras el regreso del Mundial. "Después hicieron gala de un chauvinismo que en aquel momento se festejaba y que estaría bueno no volver a hacer", reflexionó Grabia. "Las prendieron fuego delante de toda la gente, que deliraba. Es una historia muy vieja, muy antigua, pero eso fue lo que ocurrió en el Mundial de 1986", culminó.